La festividad en honor a Sant Ciriac en Dalt Vila (Ibiza), cita para representantes políticos y religiosos

Mientras la banda sigue con su repertorio, se va formando un pasillo a la entrada de la catedral con los obreros de las diferentes parroquias de la isla, que se han librado de cargar con sus pendones. Ya los guardaban en el interior del templo desde la misa del domingo en honor a Santa Maria de les Neus, la otra patrona de las Pitiüses.

Al igual que el domingo, hay más autoridades que vecinos y también una agrupación folclórica, aunque en esta ocasión se encuentran siete parejas de otras tantas colles de toda la isla y no sólo de la de Vila. De entre los hombres ataviados de pagès, hay uno que destaca porque no porta tambor y flaüta ni castanyoles. Tampoco es miembro de ninguna colla. Es Antonio Viñarás, el jefe de protocolo del Consell de Ibiza, la institución anfitriona de la diada de Sant Ciriac.

«Ya me había vestido de pagès cuando era jefe protocolo de Sant Josep y celebramos el año en honor a Vicent Serra Orvay», recuerda. Era 2009 y un grupo de actores interpretó el encuentro, cien años antes, de los canónigos Serra Orvay, Isidor Macabich y Mossèn Alcover para estudiar las palabras de la pagesia en Sant Josep, ya que consideraban que el catalán de Vila estaba muy corrompido.

Otro grupo mucho más nutrido de canónigos se encuentra en la plaza de la Catedral junto al obispo, Vicente Juan Segura, esperando a que finalice la actuación de la Banda Simfònica en el rincón que ocupan entre el campanario y la antigua sede de la Universitat.

Muchos turistas aprovechan para fotografiarse frente al grupo de religiosos, políticos y representantes de los cuerpos de seguridad del Estado, hasta que las campanas anuncian que es hora de misa. La numerosa comitiva oficial cruza el pasillo, entre los obreros y los pendones de las parroquias, y, una vez dentro, las autoridades civiles ocupan los primeros bancos de la catedral, sobre los que se han repartido botellines de agua y unos abanicos con el logo del Consell.

La mayoría de los presentes también se refresca con los mismos abanicos, ya que se repartían a la entrada, salvo Pilar Costa. La consellera de presidencia recurre a uno con los colores de la bandera arco iris del orgullo gay.

El calor en el interior del templo es tan sofocante que incluso uno de los canónigos de la catedral y párroco solidario de Santa Creu, Enric Torres, sufre una bajada de tensión y se desploma en un lateral del altar. Las personas que esperan en el exterior se sorprenden al ver llegar una pareja de médicos de Urgencias, pero, afortunadamente, el sacerdote está consciente y sólo ha sufrido heridas leves en la cara, por lo que es trasladado por los sanitarios para las curas.

En el altar, la misa llega a su fin y el obispo pronuncia unas palabras para anunciar que el canónigo se encuentra en buen estado y agradece la labor del equipo médico. «Cuando la gente realiza el trabajo que le toca, todo saldrá bien y todos somos felices haciendo el bien», sentencia. Empieza a entonar el ‘Te Deum’ junto a los 28 cantantes de la Coral Amics de sa Música, dirigidos por Nélida Boned y acompañados al órgano por Bartomeu Tur y Xico Ribas. El coro finaliza el oficio con ‘Set segles fa’, el himno a Santa Maria de les Neus, y la catedral se vacía para acompañar la procesión hasta la capilla de Sant Ciriac.

El alcalde y el obispo

Tras la tradicional parada en el santuario en honor al patrón, por donde cuenta la leyenda que entraron las tropas catalanas el 8 de agosto de 1235, toda la comitiva reemprende la marcha. La siguiente etapa es el monumento a Guillem de Montgrí, el arzobispo de Tarragona que conquistó la isla en nombre de Jaume I, pero antes hay un momento que requiere la atención de todos los reporteros gráficos: el paso de la procesión delante de la sede del Ayuntamiento, en Can Botino, donde espera la plana mayor del equipo de gobierno, que no ha asistido a la misa. El obispo pasa mirando al frente e ignorando al alcalde, Rafa Ruiz, a quien sí saludan con el gesto otros religiosos.

En la Plaça d’Espanya ondean seis estelades y una ikurriña entre las 30 personas que luego participarán en la ofrenda floral alternativa de Esquerra Republicana de Catalunya. Dos exaltados increpan a la comitiva, sobre todo a los miembros del PP, que se ríen al escucharlos. Antes de la llegada masiva de la procesión, un policía local paró a uno de los independentistas que llegaba a la plaza con una estelada e intentó requisarla, aduciendo que era ilegal. El alcalde intervino y recordó al policía que a él tampoco le «gusta esa bandera», pero que no infringe ninguna ley.

Después, Ruiz y el presidente del Consell, Vicent Torres, procedieron a colocar una corona de flores en la estatua de Guillem de Montgrí, mientras que los representantes de la Federació de colles de ball pagès hacían sonar ‘Sa Calera’. La comitiva reemprendió la marcha en dirección al claustro del Ayuntamiento, mientras uno de los dos exaltados vociferaba a los religiosos « i d’on ha sortit tant de mossènyer?». Una treintena de personas prosiguió en la plaza para seguir el acto reivindicativo de ERC, en el que se recordó a los políticos presos catalanes y se instó a luchar por la independencia «democrática y pacíficamente».

Ya en el claustro, Vicent Torres pronunció el discurso oficial mientras los asistentes recurrían a los abanicos. El obispo y Rafa Ruiz, que también se abanicó con los colores del arco iris del orgullo gay, sí que se saludaron en este acto, que contó con la presencia, por primera vez, del representante del Consejo Islámico Mediterráneo, Salahuddin Costa, que agradeció la invitación. «Es una señal de madurez y de que, entre todos, debemos mirar el bien común», valoró Costa.

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