La fe, el buen gobierno y la vergüenza

            En nuestra tierra del Santo Reino y,  por ampliación, en la España de María Santísima

,que diría el castizo, pasan los siglos sin que los modos democráticos, como los consensuados a partir del último tercio del siglo XX, tengan mayor incidencia. Ocurre  que desde cualquier municipio hasta el Ministerio del Interior,  fían las tareas que les han encomendado la ciudadanía a la protección “espiritual” de vírgenes o santos.

            La cosa no deja de tener su guasa como lo han hecho ver periódicos internacionales de gran tirada en sus portadas. Aparte de la mofa que se podría extender, de manera menos gratificante, a la proyección internacional del patrimonio de Úbeda y Baeza, así como a la seriedad de la marca España y su progreso económico.  Ello, sin olvidar el mayor sesgo de  tales fervores en quienes tienen encomendado el prudente uso del monopolio de la fuerza pública. Citemos algunos casos.

            El señor Robles, no tuvo en Úbeda la necesidad de nombrar a la patrona Alcadesa Perpetua, pues ya lo era desde los años cuarenta, para ofrecerle su vara de alcalde. En la vecina Baeza, el señor Rodríguez va entregando la medalla de la ciudad a los distintos cristos y vírgenes que procesionan en semana santa. En la capital el señor Fdez. de Moya une  al ofrecimiento de vara, la concesión de título con la ampliación de imágenes y símbolos religiosos por la ciudad. En Linares, para no ser menos, D. Juan Fernández se dirige también a la patrona para que eche una mano ante la profunda crisis de la ciudad. Podríamos seguir con otras localidades, pero subamos de nivel. El señor Lillo,  responsable provincial de policía y guardia civil, preside y defiende las misas patronales de  ambos cuerpos en Úbeda y Baeza. Se me comenta que no tiene el mismo celo a la hora de celebrar al “Ángel Custodio” como al garantizar la integridad física como como la presunta inocencia  de un Ángel estudiante.

            Estamos en tiempo de grave crisis y es preciso que no se añada mayor desprestigio de servicios policiales y de quienes los dirigen. Además, de los excesos que vienen produciéndose en manifestaciones y en control de fronteras, surgen las amenazas de la ley mordaza y otras que vienen a restringir los derechos ciudadanos. O directamente meter el miedo en el cuerpo social.  Pese a ello, se viene provocando la reacción ciudadana interior y de autoridades la Unión Europea censurando actuaciones ilegales. Además se van conociendo hechos como el trato de favor  de Interior con asociaciones como Hazteoir grupo provida a su vez vinculado con el violento“Yunque”. A la par se da la imputación del señor Cotino, anterior director de la Policía, por corrupción y relacionado con la gestión del Metro de Valencia en que murieron  decenas de usuarios.

            Resulta curioso que, tanto el señor Cotino,  como don Jorge Fdez. y parte de su actual equipo, coincidan en su vinculación al Opus Dei. Ello les ha llevado a mezclar sus propias creencias con el respeto ejemplar que  deben a la ley.  Por el contrario han propiciado la devolución ilegal de inmigrantes en caliente en la frontera de Marruecos. Tampoco han tenido empacho en usar de manera trapacera los servicios jurídicos del estado  para justificar, con precedentes franquistas, los  imposible méritos policiales de la virgen.

            Sería deseable que estas autoridades guardasen entera su fe en la propia casa y en su conciencia. Así, les será más fácil y razonable colaborar al buen gobierno y nos ahorrarían de sufrir algún miedo, escarnio,  y vergüenza ajenos.

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