La familia del Papa

El Papa vendrá a España en noviembre. Viene –según Rouco Varela- para defender “el modelo de familia cristiana” Un modelo reivindicado contra los ataques del gobierno de Zapatero. En sus declaraciones al periódico El Mundo, el Cardenal de Madrid asegura que Benedicto XVI tiene la intención de echar una mano a la Iglesia católica “en su lucha contra la descristianización favorecida e impuesta por el Gobierno socialista y sus leyes, que atentan sobre todo contra la familia tradicional y contra la cultura de la vida".

Hace un tiempo escribí un artículo titulado Cristo no es parlamentario. En él decía literalmente: “Llegó la democracia. Las primeras elecciones. Cristo no se presentó y ni siquiera figuró entre los diputados de designación real. La Constitución proclamó la llegada de un estado aconfesional. ¿Se retiró Dios de la política? Dios tal vez sí. Pero la Iglesia nunca renunció al poderío conseguido por su aportación a la cruzada de liberación”. La Jerarquía nunca estuvo dispuesta a abdicar de la prepotencia y el dominio que sobre las conciencias ejerció durante la dictadura. Y después de treinta y cinco años de la separación Iglesia-Estado proclamada por la Constitución, permanece empeñada en obligar al Parlamento español a legislar de acuerdo a sus criterios y a su doctrina. No admite la laicicidad como el valor que una sociedad tiene de enfrentarse a su quehacer histórico sin el apoyo en un dios-legislativo-ante-todo, ante todo tabla-de-ley, sin el barandal de un episcopado-depositario-absoluto-de-la-verdad. 

La Jerarquía católica es enemiga acérrima de toda evolución. Nada puede cambiar y todo debe seguir siendo “como Dios quiere”. Es enervante este orgullo de conciencia depositaria de la verdad absoluta con el consiguiente desprecio de la soberanía del hombre sobre su propio destino. Si por ella fuera seguiríamos pensando que el sol gira alrededor de la tierra. Afincada en la filosofía esencialista, condena la existencia como dimensión en el tiempo, como devenir y apertura a la esperanza ejercida en libertad, tal y como la concibe la filosofía actual.

La familia también ha evolucionado. Su finalidad última no es la procreación, sino el ámbito del amor como horizonte fecundo de la existencia. “Te quiero y te querré siempre hasta que la muerte nos una definitivamente en el amor absoluto”. Con esta visión de construcción humana y humanizante comprometimos el futuro mi compañera y yo. Y así tiene sentido la unidad hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre. 

La laicicidad no es consecuencia de la descristianización ni viceversa. No son dimensiones excluyentes. Por tanto no es el gobierno socialista el que la favorece o impone. Los gobiernos legislan de acuerdo a mayorías parlamentarias, en cuanto responsables de las decisiones de la ciudadanía. Es el Parlamento el que presenta al Rey en nombre del pueblo las leyes que debe firmar. No es la Iglesia la que otorga esta gracia al Monarca. El poder no viene de Dios ni de la Jerarquía siempre amenazante. Nadie atenta contra la familia tradicional y contra la cultura de la vida. Nadie tiene que acudir a la desobediencia civil y a nadie se le obliga a “cometer un crimen” como mantiene cínicamente el Obispo Gea. La Iglesia debe acostumbrarse a respetar la libertad de los ciudadanos y debería pedir perdón por lo que no respetó y sí impuso durante cuarenta años.

Cristo y el Papa no son parlamentarios.

Rafael Fernando Navarro es filósofo

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