La España que reza a Alá

En España hay más de 600.000 musulmanes, aunque algunos ciudadanos no les habían prestado atención hasta el 11-M. La implicación de varios ‘súbditos de Alá’ en los atentados ha hecho que gran parte de la sociedad española abra los ojos ante la importante presencia del Islam en España.

Desde la Comisión de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia se calcula que existen entre 200 y 400 lugares de oración en nuestro país, pero no todo son las tradicionales grandes mezquitas. Además de vistosos edificios como los de la M-30 en Madrid, Ceuta, Melilla o Marbella, existen multitud de espacios en los que los musulmanes se juntan para relacionarse, estudiar y rezar (practicar el Salat).

Pequeños oratorios que suplen las carencias de la comunidad
Esos lugares en los que se reúnen son clave en el desarrollo de la cultura islámica, al margen de los centros o mezquitas «oficiales». Desde allí también se da cobertura a los inmigrantes recién llegados y se satisfacen las necesidades de educación coránica y de lengua árabe que no están cubiertas por la enseñanza pública, según dicen los propios musulmanes (pese al Acuerdos de cooperación del Estado español, con la comisión islámica de España que existe desde 1992 y que garantizan el derecho a recibir las enseñanzas de religiones minoritarias).

Los locales que funcionan como mezquitas no tienen que tener nada especial, la única exigencia es que para orar hay que ponerse en dirección a La Meca. La mayoría son sitios pequeños, muchos de ellos locales comerciales (como en Getafe) e incluso naves industriales (como en Fuenlabrada). Todos ellos tienen en común el alfombrado de sus suelos y, en el mejor de los casos, las típicas estanterías para dejar los zapatos y la figura de «el portero», la persona que se encarga de abrir y cerrar el oratorio.

Una ‘umma’ muy dispar
Aunque la idea de comunidad (‘umma’) es muy importante en el Islam -es la fraternidad musulmana, es considerar a todos como iguales en derechos y dignidad-, la realidad es que en España la comunidad es muy dispar. Existen diversas tendencias de interpretaciones religiosas opuestas.

El subdirector de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia, Joaquín Mantecon, asegura que se distinguen claramente dos niveles de organizaciones: las oficiales y las no oficiales. El diálogo y las interconexiones entre ellas son escasas.

Aparte de las asociaciones registradas y de un modo paralelo, existe en España un gran número de musulmanes que vive el Islam de otra manera. Es lo que los analistas llaman ‘Islam de base’, a través del que muchos de los inmigrantes que llegan a España entran en contacto con compatriotas y crean con ellos sus únicos lazos sociales.

‘Nadie lo puede controlar’
Ante la falta de enseñanza islámica los padres buscan en los pequeños oratorios lugares donde sus hijos estudien el Corán y el árabe. Sus imames son poco conocidos para el resto de la comunidad. Lo que allí se aprende no está nada controlado», explica el antropólogo Jordi Moreras, que ha analizado la presencia de musulmanes en España.

Como el Gobierno español no financia estos centros, varios expertos arabistas consultados creen que hay países que, interesados en imponer su modo de ver el Islam, se aprovechan de esta situación para introducirse en España. «Ni el Estado, ni las grandes asociaciones de musulmanes pueden hacer nada». Según Jordi Moreras, «la situación se le escapa incluso a los imanes de las grandes mezquitas».

Para los partidarios del Islam moderado, la ausencia de ayuda oficial fomenta el crecimiento de los grupos más fundamentalistas y abre las puertas a la entrada de grupos integristas.

El Islam oficial: presiones y desencuentros
El Islam «oficial», el más conocido por el Estado, el registrado, se tiene constancia gracias a que en julio de 1967 se aprueba en España la primera ley de libertad religiosa.

A pesar de que todavía se reconoce la confesionalidad católica del Estado, se abre entonces el camino para el desarrollo institucional de otras confesiones. Jordi Moreras explica en su libro «Musulmanes en Barcelona. Espacios y dinámicas comunitarias» (Barcelona. 1999), que entre 1968 y 1971 se crean las primeras asociaciones musulmanas en Ceuta y Melilla y la presencia de estudiantes, empresarios y diplomáticos de origen árabe y musulmán comienza a ser importante.

En 1971 nace en Madrid la ‘Asociación Musulmana de España’, de la mano del médico nacionalizado español Riay Tatary Bakry. Esta asociación edificó la primera mezquita moderna en España, la de Abu Bark -nombre del primer sucesor del profeta Mahoma-, en el barrio madrileño de Estrecho. La obra fue posible gracias a la ayuda económica externa -de procedencia saudí, principalmente, cuna de una de las tendencias rigoristas del Islam, el wahabismo-.

Con la transición política surgen las primeras tensiones. La ‘Comunidad Musulmana de España’ -creada por el converso español A. Machardorm Comins en 1979-, se configura como oposición a la autoridad hasta entonces ejercida por Tatary para hacerse con la representación del Islam en España. Hay un choque de orientación en el que están implicados los intereses de los países árabes y musulmanes, en especial, Arabia Saudí (financia también la mezquita de Marbella que se finaliza en 1981) y Marruecos.

El reconocimiento oficial, en julio de 1989, del arraigo del Islam en España desata la carrera para obtener la representación de la comunidad. En ese mismo año se crea la ‘Federación de Entidades Religiosas Islámicas’ (FEERI), con quince asociaciones federadas. Ante esta tentativa de unificación, la ‘Asociación Musulmana de España’ -escindida de la anterior- cuestiona su autoridad, aparecen nuevas asociaciones -incluso en lugares donde la presencia musulmana es escasa- y en 1990 nace la ‘Unión de Comunidades Islámicas’ (UCIDE), con 17 asociaciones, que toma la posición de fuerza.

En busca de un interlocutor
Este panorama hacía difícil al Gobierno encontrar un interlocutor válido. La Administración, consciente del enfrentamiento entre FEERI y UCIDE, exigía la unificación como premisa para firmar cualquier acuerdo. En abril de 1992 se crea la ‘Comisión Islámica de España’ (CIE) «como mero instrumento para los acuerdos», señala Moreras.

El Acuerdo de Cooperación del Estado Español con la CIE, de noviembre de 1992, es el más extenso de Europa, pero según los expertos, su cumplimiento es más que deficitario. Los musulmanes denuncian que no está garantizado el derecho a recibir enseñanza religiosa islámica en colegios públicos y privados -siempre que no entre en contradicción con el carácter propio del centro-.

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