La España aconfesional

Contra todo criterio democrático, el privilegio ya lleva más de dos siglos y medio en vigor y cada año, bajo todos los gobiernos, aparece en el BOE un indulto por obra y gracia de la pragmática de Carlos III

El privilegio viene del siglo XVIII y explica bien en qué consiste ese Estado «no confesional» del que habla la Constitución. En 1759, una epidemia de peste en Málaga obligó a suspender las procesiones de Semana Santa. Saltándose el veto y los muros de la cárcel, un grupo de presos se amotinó para desfilar con una imagen de Cristo a sus hombros por las calles de la ciudad para después regresar a prisión. Tras la procesión, dice la leyenda, la epidemia se esfumó. Y ante el «milagro», Carlos III otorgó una dispensa para la Cofradía de Nuestro Padre Jesús el Rico de Málaga: que cada Semana Santa indultarían un preso que desfilaría con ellos en procesión.

Contra todo criterio democrático, el privilegio ya lleva más de dos siglos y medio en vigor y cada año, bajo todos los gobiernos, aparece en el BOE un indulto por obra y gracia de la pragmática deCarlos III y esta cofradía malagueña. No es la única organización católica con el poder del perdón. Este año, el Gobierno ha aprobado 21 indultos por Semana Santa a petición de la Hermandad de Jesús Cautivo de Oviedo, de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de La Victoria en su Pena y Dolor de Baza, de la Real Hermandad de Jesús Atado a la Columna de Teruel, de la Fervorosa y Trinitaria Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado de Sevilla… Todas ellas, como se ve, organizaciones de larga tradición judicial.

Y en Navidad

La Semana Santa no es tampoco la única ocasión en la que se mezclan estos dos privilegios anacrónicos: los indultos y la intervención de la Iglesia en el Estado. La otra fecha del año con más indultos suele ser la Navidad y, en el año 2000, el expresidente José María Aznar batió todos los récords con la excusa de que el 2000 era año Jacobeo. El entonces ministro de Justicia, Ángel Acebes, firmó 1.442 indultos en un solo día, el 1 de diciembre del 2000, argumentando que eran «gestos de clemencia con los penados con motivo del Año Jubilar». Por comparar, en el 2013 el Reino Unido solo aprobó un indulto y fue a un importante científico que se suicidó hace 60 años tras sufrir una condena injusta: el matemático Alan Turing.

La posibilidad de que el actual Gobierno reforme los indultos -en otros países la medida no se usa con tanta alegría y es necesario al menos argumentar el perdón- es tan remota como que se atreva a abordar esa imprescindible separación entre la Iglesia y el Estado, aún pendiente. ¿Qué se puede esperar de un Ejecutivo que condecora con la máxima medalla policial a la virgen María Santísima del Amor? La respuesta es fácil: una reforma del aborto como la de Alberto Ruiz-Gallardón.

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