«La escuela Laica. Hacia una Educación Crítica e Inclusiva». Ponencia de César Tejedor en el I Congreso Internacionales de Educación Crítica e Inclusiva

RESUMEN

Uno de los principales problemas de la sociedad española es la inestabilidad legislativa en torno al problema de la educación. La escuela ha sido en las últimas décadas un campo de batalla político, cuando debería ser un talismán blindado frente a los vaivenes de la sociedad civil y sus intereses partidistas. Esta inestabilidad ha derivado en una escuela acrítica, totalmente anacrónica y en buena medida excluyente. El síntoma más evidente es el sistema dual de escuela pública y privada (y concertada).

En este trabajo pretendemos explicar por qué es necesaria una escuela pública y laica ajena a los intereses eventuales de la sociedad civil, para garantizar una sociedad crítica y verdaderamente inclusiva en el futuro, asentada sobre unos valores democráticos universales basados en la libertad de conciencia y en la igualdad de todos/as los/as ciudadanos/as, independientemente de nuestros intereses propios y nuestras opciones espirituales. Frente a la guerra de los dioses que está recuperando la versión multiconfesional de la escuela, la laicidad es la única teoría política del Estado y sus instituciones que puede hacer viable una convivencia estable y crítica, regida por lo que todos compartimos, sin necesidad de renunciar a las particularidades que nos distinguen.

1. INTRODUCCIÓN / MARCO TEÓRICO

El laicismo es la teoría política que proporciona las bases para comprender la manera de vivir nuestras diferencias sin perder de vista la preeminencia de lo que nos une. La laicidad del Estado y de sus instituciones -entre ellas, la Escuela- tiene por objetivo liberar al conjunto de la esfera pública de toda influencia ejercida en nombre de una religión o de una ideología particular. Preserva el espacio público de todo credo impuesto, así como de toda fragmentación comunitarista o pluriconfesional. Pero también pretende blindarlo ante las exigencias de una sociedad neoliberal que atribuye a la educación una finalidad exclusivamente pragmática, de carácter economicista.

La Escuela laica pretende ser un marco de referencia ideal para proponer alternativas efectivas y viables a estos peligros para la educación crítica e inclusiva del futuro: el multiconfesionalismo y el neoliberalismo. Gastón Bachelard planteaba en La formation de l’esprit scientifique el anhelo de una “sociedad hecha para la escuela, y no una escuela hecha para la sociedad”. La misma perspectiva adopta Catherine Kintzler en Tolerancia y laicidad, cuando plantea la necesidad de una escuela “anti-social”. En estas dos premisas ciertamente paradójicas está condensado el ideal de la escuela laica, que no puede sino ser pública y gratuita. No se trata solo de emancipar la escuela de toda presión procedente de la sociedad civil, ya sea religiosa, económica o política, sino también de proveer a la educación a través de la institución escolar regida públicamente de la finalidad de cultivar en cada niño/a todas las potencialidades que lo enriquecen, no para que todas se desarrollen de una manera igualitaria, sino para que la educación lo provea de las oportunidades de promover aquellas que le permitan desarrollarse mejor como ciudadano y como trabajador, pero también como ser humano. Estas tres facetas que cada persona lleva en sí misma son los tres objetivos irrenunciables de la escuela laica, frente a una concepción de la escuela neoliberal (una “escuela para la sociedad”, como diría Bachelard), que prioriza y privilegia la faceta laboral sobre las otras dos, basada en una idea de la escuela como propedéutica para el mercado laboral y las exigencias sociales del momento.

La filosofía de la laicidad como principio político de una democracia eminentemente republicana es el marco teórico en que intentaremos desarrollar la necesidad de institucionalizar una educación crítica efectiva a través de una escuela laica emancipada de los vaivenes y las presiones de la sociedad civil.

2. OBJETIVOS / HIPÓTESIS

Pretendemos demostrar en este trabajo por qué la escuela laica, desde un punto de vista jurídico-institucional, y la educación laica humanista, desde un punto de vista filosófico, son las únicas vías posibles para una educación crítica y verdaderamente inclusiva para el futuro, que tenga en cuenta, como diría Kant, no solo a las personas reales, sino a las personas posibles.

Intentaremos mostrar la ineficacia de los argumentos sociológicos para determinar la necesidad de la escuela laica. El argumento de la confesionalidad social que ha utilizado la Iglesia para legitimar el blindaje de la educación confesional en todos los niveles educativos resulta falaz desde el momento en que es imposible determinar con fiabilidad el grado de adhesión social a una confesión u a otra. Pero igualmente es irrelevante para nuestra finalidad apelar a la progresiva secularización de la sociedad. La escuela laica no depende de las adhesiones ideológicas eventuales de todos los miembros de la sociedad en un momento dado. Precisamente por eso se trata de establecer las condiciones de posibilidad de una educación que promueva el sentido crítico frente al dogma o al discurso aséptico y acrítico de lo políticamente correcto. La educación laica no tiene en este sentido un carácter empírico, en tanto que no está basado en lo dado socialmente en una sociedad y un momento concreto; tampoco tiene un sentido trascendente en la medida en que no busca en unos dogmas concretos que estén más allá de este mundo el fundamento para la formación y los valores que trata de inculcar. Diríamos que la educación laica tiene, en cambio, un carácter trascendental, en el sentido kantiano del término, pues se trata de la condición que hace posible el advenimiento de la autonomía y del sentido crítico del alumno, y lo hace dueño en adelante de su futuro y de sus propias posibilidades de desarrollo.

Trataremos de demostrar que una escuela laica es la única capaz de formar a la vez al ser humano, al ciudadano y al trabajador. Formar al ser humano es proveerlo de los medios para desarrollar su personalidad con plenitud, es dotar al ciudadano de su referencia universal en el seno de la comunidad global, reconociendo su alteridad en un marco de referencia común. Instruir al futuro ciudadano es dotarlo de los medios críticos necesarios para que pueda desarrollar su propia autonomía de juicio. Formar al trabajador es ofrecerle una cultura universal que lo libere del determinismo social de la división del trabajo, es permitirle no quedar encerrado en la unidimensionalidad de un oficio.Abordaremos mediante el recurso metodológico de una reducción al absurdo la demostración de que solo una educación laica es realmente inclusiva y crítica, frente a la escuela entendida al modo dogmático o neoliberal, que solo en apariencia dice ser inclusiva, bajo el señuelo ideológico del “laissez faire, laisser passer”.

La apuesta por una educación laica no supone una renuncia al desarrollo de una de las vertientes de la personalidad humana, que es la espiritualidad en sus diversas formas. Desde el punto de vista de la laicidad es preciso distinguir entre espiritualidad y religión. La vida espiritual no se puede reducir a la religión, incluso si esta constituye una forma de espiritualidad importante para una persona. El laicismo no supone un ataque a la espiritualidad humana, ni tampoco una ideología particular opuesta al interés de las distintas religiones. El laicismo no es una ideología particular más, sino un principio democrático universal, compatible con las diversas formas de desarrollar la espiritualidad humana. De hecho, el laicismo es la condición que hace posible el desarrollo de las libertades individuales, y específicamente la autonomía de juicio y la libertad de conciencia, en condiciones de igualdad.

La neutralidad laica de la escuela requiere eliminar todo tipo de discriminación por razones ideológicas o de creencias. No es legítima ni la discriminación positiva ni negativa. Por eso una escuela que ofrezca la enseñanza de la religión o de las religiones en el seno del currículo es antilaica. Hace entrar la religión de los padres en el único ámbito donde el/la niño/a puede encontrar un espacio crítico que debería ser impermeable a los grupos de presión ideológica de la sociedad. Por eso, para el desarrollo de una educación crítica e inclusiva es igualmente ilegítima tanto la educación multiconfesional como una educación materialista y atea que niegue la importancia de la dimensión espiritual del ser humano.

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Leer el documento completo en PDF: La escuela laica. César Tejedor 2019

César Tejedor

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