La efebofilia del Vaticano

La Santa Sede y el Papa Francisco han llegado esta vez muy lejos para seguir protegiendo a los sacerdotes pederastas. Se han inventado, al margen de la Convención de los Derechos del Niño de la ONU su propia clasificación de actos sexuales entre adultos y niños. El Vaticano continúa ostentando su papel de encubridor de miles de depredadores sexuales con sotana. Papel que ha dejado claramente exhibido durante su comparecencia en Ginebra ante el Comité de Derechos del Niño de la ONU por su responsabilidad de los miles de casos de abuso sexual cometidos contra menores de edad en todo el mundo. El Papa Francisco perdió su oportunidad histórica de demostrar con hechos que aplicará una nueva política contra los sacerdotes pederastas y demostró que continuará en la senda de sus antecesores para mantener la misma estructura de protección, encubrimiento, complicidad y por consiguiente, desprecio a las víctimas. Monseñor Charles Scicluna, juez de la Congregación de la Doctrina para la Fe y quien codirigió la delegación de la Iglesia Católica pasará a la historia como el gran encubridor porque durante décadas estuvo enterado de los delitos sexuales del clero y no hizo nada. Ahora quedo en evidencia ante los 18 expertos que asistieron a esta cita, al señalar con el mayor descaro y cinismo que no tiene estadísticas ni mayor información sobre el número de casos de sacerdotes pederastas juzgados y condenados, porque según él “es la iglesia local la que da el seguimiento de los casos”. El otro gran embustero es Silvano Tomasi, representante de la Santa Sede ante la ONU, quien admitió que hay abusadores, pero insistió que corresponde a los Estados investigar y juzgar esos delitos: “Son ciudadanos de sus países y deben responder ante la jurisdicción de estos países”. Con la actitud de ambos, está claro que del discurso institucional del Papa Francisco a los hechos, hay una gran distancia. El pontífice condena las conductas de los sacerdotes pederastas, pero sigue sin hacer nada para demostrar que dichos sujetos deben ser puestos, por la misma Iglesia, a disposición de las autoridades para que sean juzgados, en lugar de cambiarlos de parroquia, estado o país para evadir la acción de la justicia y perpetuar la impunidad. Lo más vergonzoso de la comparecencia de Scicluna y Tomasi fue cuando se negaron a abrir los archivos secretos sobre los casos de curas pederastas y el camino de encubrimiento que siguieron, gracias a sus superiores que los trasladaron de parroquia en parroquia. Argumentaron que las investigaciones no se harán públicas por respeto a la privacidad de las víctimas. ¿Cinismo? Efectivamente, algo que quedo de manifiesto nuevamente cuando ambos intentaron explicar el comportamiento de los sacerdotes abusadores. La respuesta de Monseñor Scicluna sobre si 3,000 sacerdotes acusados son pedófilos, fue de antología: “No es correcto definirlo así. Podemos decir a “grosso modo” que en el 60 por ciento de esos casos se trata más que nada de actos de “efebofilia”, o sea debidos a la atracción sexual por adolescentes del mismo sexo, en otro 30 por ciento de relaciones heterosexuales y en el 10 por ciento de verdaderos y auténticos actos de pedofilia, esto es, determinados por la atracción sexual hacia niños impúberes. Los casos de sacerdotes acusados de verdadera y auténtica pedofilia son, entonces, unos trescientos en nueve años. Son siempre demasiados casos, es indudable, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se pretende hacer creer”. Es decir, que para el Vaticano el 60 por ciento de los curas abusadores no son pederastas sino “efebófilos”. Simplemente son unos pobres adultos atraídos hacia adolescentes. Y otro 30 por ciento son solo relaciones heterosexuales. Según Scicluna solo el 10 por ciento de los más de 100 mil casos de curas pederastas en el mundo son “auténticos”. La otra estrategia legal de la Santa Sede, es demostrar que ellos sólo tienen jurisdicción sobre los 30 niños de Ciudad del Vaticano y no sobre las 100 mil víctimas de curas pederastas que hay en el mundo. Evidentemente la soberanía territorial del Estado es una cosa, pero otra muy distinta su área de influencia que se extiende a todo el globo terrestre y a mil millones de católicos en el mundo. Algo que el Vaticano no quiere reconocer con argumentos leguleyos. Si el Papa Francisco cree que con estas respuestas nos va a demostrar que con él han cambiado las cosas, está muy equivocado. Resulta esperpéntica la respuesta y es una burla para las víctimas. Además demuestra que todo lo que ha dicho sobre la condena hacia los curas abusadores no es más que retórica porque se queda en el lugar de las palabras y faltan las acciones. Después de la histórica cita, ha quedado claro que los crímenes sexuales del Vaticano son crímenes de Estado, así lo dejaron ver los expertos en derechos humanos que asistieron a la sesión de más de cinco horas. Tomasi solo reconoció  que para 2012 se habían documentado 612 casos de abuso sexual de sacerdotes, “465 eran más serios” y “418 fueron abusos de menores”. Al final, los expertos salieron de la reunión con la sensación de que el Vaticano no ha variado ni un ápice su política de encubrimiento y protección a los curas pederastas, por más discursos bonitos del Papa Francisco. Les quedo claro que la Santa Sede no está aportando evidencias a la policía para detener y enjuiciar a los depredadores sexuales con sotana, ni está sancionando a los encubridores de los curas abusadores. La pederastia clerical es un crimen de lesa humanidad. Los responsables gozan de libertad y protección institucional. La impunidad genera el aumento de los casos e impide a los niños tener una vida plena y feliz. A partir de ahora, empezaremos a hablar del Papa Francisco como el nuevo encubridor de los curas pederastas.

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