La Educación para la Ciudadanía

En consecuencia, me sorprende sobremanera que en los textos que he leído de la nueva asignatura (generalmente más que correctos, con alguna excepción escandalosamente doctrinaria en su orientación política) haya espacio, por ejemplo, para la educación vial o la lucha contra la violencia de género, aspectos importantes sin duda, pero no se aborde la dimensión religiosa

Catalunya ha recibido más 600.000 emigrantes en lo que llevamos de década. Esto ha supuesto que en el curso actual haya 133.000 alumnos extranjeros, frente a los poco más de 20.000 del cambio de milenio. La inmensa mayoría son emigrantes de extracción social media-baja o baja. No hay estructura educativa que no se resienta ante este aluvión de nuevos y diferentes escolares, y, si bien, suponen una innegable riqueza y un excelente aprendizaje para que los escolares se adapten a la globalidad y multiculturalidad presentes en la sociedad, su integración representa un reto de primer orden para todos los agentes que intervienen en la enseñanza: Administración, alumnos, sus padres y, en primer lugar, los profesores.

EN EL ESTUDIO sobre la convivencia en los centros escolares de Catalunya, en el que tuve el placer de trabajar con excelentes profesionales de Interior y Educació de la Generalitat, y el honor de presentarlo en el Parlament el último 20 de junio, se puede constatar la buena integración de los emigrantes en la sociedad a través del sistema escolar catalán, a condición de que no lo abandonen. De hecho, los escolares emigrantes refieren mayores problemas que los autóctonos en sus relaciones con sus compañeros durante la enseñanza primaria, al par que se sienten, al final del bachillerato, incluso más integrados que los autóctonos en el sistema escolar. (Vean http://www.gencat.net/interior/departament/publicacions/estudis/informeECESC2005-2006, página 125 del informe, en catalán y en castellano).
Muchos problemas con los jóvenes emigrantes radican, en gran medida, en que no conseguimos mantenerlos, en buenas condiciones, no diré solamente en el circuito escolar normalizado, sino tampoco en el que llamaré "de apoyo y diferenciado", para los chavales que, presentando mayores problemas de adaptación, entorpecen seriamente la marcha normal del aula escolar. Estos chicos exigen, a mi juicio, una solución fuera de ese aula escolar, lo que no quiere decir que deban deambular por las calles, como sucede demasiado frecuentemente. También fuera de Catalunya.
Así, el Gobierno holandés, con serios problemas con los emigrantes musulmanes, presentó este verano programas de formación para mantener a los jóvenes dentro del sistema educativo. Pero, también este verano, en una conferencia pronunciada en la universidad Rey Juan Carlos, el imán Monair Mahmoud Ali el Messery, afirmó que muchos menores inmigrantes no acompañados que residen en España pueden ser una "bomba lista para explotar en cualquier sitio" para, a continuación, sostener la importancia de la labor que están ejerciendo, desde la mezquita que dirige en Madrid, orientando a esos jóvenes "en el terreno de las ideas".
En este punto quiero enlazar con la novedad de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Hay que estar ciego, o querer serlo, para no darse cuenta de que, en el mundo globalizado, la dimensión religiosa es un factor clave para no pocas personas. Hay, además, estudios universitarios solventes en España que muestran que, para no pocos emigrantes (no solo musulmanes), su iglesia (en el doble sentido de confesión religiosa y templo) es factor clave en su identidad personal, que puede ser, incluso, en la forma de presentarla, nefasta para su integración en la sociedad de acogida.
En consecuencia, me sorprende sobremanera que en los textos que he leído de la nueva asignatura (generalmente más que correctos, con alguna excepción escandalosamente doctrinaria en su orientación política) haya espacio, por ejemplo, para la educación vial o la lucha contra la violencia de género, aspectos importantes sin duda, pero no se aborde la dimensión religiosa. Obviamente, no me refiero a la catequesis en la escuela –eso es cosa de las confesiones religiosas y de las familias creyentes–; tampoco a la relación entre la fe y la cultura, que puede ser la razón de ser de una clase de la religión que sea, sino a la presentación rigurosa y en nada doctrinaria del papel de las religiones en la estructuración de las sociedades y en su papel identitario en no pocas personas a lo largo y ancho del mundo.

TAMBIÉN EN Catalunya. El reciente estudio, dirigido por Joan Estruch, Las otras religiones: minorías religiosas en Cataluña, muestra que, junto a 2.419 centros cató- licos, las religiones minoritarias, en gran medida por el fenómeno migratorio, han creado 722 lugares de culto, siendo los evangélicos o protestantes los más numerosos (341), seguidos por los Testigos de Jehová y las comunidades islámicas (139).
Si la religión no forma parte de la formación del escolar, los escolares no secularizados, particularmente los emigrantes, se irán a las escuelas coránicas, evangélicas, etcétera. Los franceses ya se han dado cuenta. Regis Debray redacta, por encargo del Gobierno francés, un Informe sobre L'enseignement du fait religieux dans l'école laïque (texto completo en www.education.gouv.fr/rapport/debray/) que es presentado en el diario de izquierdas Liberation con esta entradilla: "La institución republicana y laica debe apropiarse del estudio del hecho religioso como la llave de una enseñanza abierta a la complejidad y a la tolerancia".
Complejidad, tolerancia, lo que se esperaba de la Educación para la Ciudadanía, añado.

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