La discusión de radicales y peronistas por la enseñanza católica en las aulas

RELIGI?N EN LAS ESCUELAS . El debate legislativo del año 1946 en la provincia

En 1946 la sociedad entrerriana asistió a uno de los debates más calientes que registró la Legislatura: la instrumentación de la enseñanza religiosa en las escuelas. La población se partió detrás de las posiciones contraria y favorable que hallaban en los legisladores radicales y peronistas a sus respectivos representantes. Hubo virulentos intercambios de palabras en la sesión. Se impuso la posición peronista, que es decir la eclesiástica, inaugurando así un período de revisionismo de los postulados de la generación que legó una Constitución universalista.

Con las intervenciones de mediado de la década de 1940 y la posterior ascensión del peronismo al poder en Entre Ríos, la Iglesia recuperó su intromisión en las aulas de las escuelas públicas.
Atrás quedaron las posiciones de los constituyentes que propiciaron la educación laica, gratuita obligatoria. Atrás también el espíritu de la Ley 1420 de Educación.
En 1946, los legisladores del peronismo presentaron un proyecto para convertir en ley un decreto del dictador Carlos María Zavalla. La empresa política encendió un acalorado debate.
El gobierno que instrumentó la enseñanza religiosa en las escuelas se autodesignaba como “revolución”, al tiempo que convertía en ley el decreto del gobierno de facto que llevaba a las aulas estatales contenidos dictados por la Iglesia Católica sobre su fe.
En el debate legislativo, tenso y arduo, el diputado radical Rodolfo Parente hizo una extensa exposición sobre la inconstitucionalidad del decreto en que se sustentaba el proyecto de ley pretendido por el peronismo. Y fue desde ese sector donde se contestó al cuestionamiento radical, al decir el diputado Damián Márquez Pereira que “el gobierno de facto que dictó el Decreto 2018, lo hizo dentro de la acordada de la Suprema Corte de Justicia”.
“De manera que este decreto ley –continuó el legislador peronista– está encuadrado perfectamente dentro de esa acordada, tanto en el orden nacional como en el provincial porque, repito, su contenido y su finalidad eran una de las finalidades de la revolución: la implantación de la enseñanza religiosa en las escuelas”.

DURA ACUSACIÓN. El diputado Granillo Posse atacó a la bancada opositora con munición gruesa y se permitió afirmar que seguían los pasos de Hitler por pretender que la educación estatal sea laica. Para semejante afirmación se basó en un artículo publicado en el diario paranaense “La Acción”, que, habiéndose fundado en 1912, era un órgano de difusión de la Iglesia hasta que lo adquirió la empresa editora de EL DIARIO en la década de 1980.
Decía el artículo de aquella época de La Acción en un título que “hay diputados nazis en la Legislatura de Entre Ríos”. La afirmación generó un revuelo enorme y la argumentación, un catarata de críticas. Es que la publicación hacía eje en que el dictador de Alemania había abolido la educación católica y protestante en las escuelas, aunque admitía que era con el objetivo de no obstaculizar los propósitos totalitarios concretados desde el aparato estatal.
“Si llega a haber algún diputado entrerriano que en materia educacional haga en Entre Ríos lo que Hitler hizo en Alemania, a él y sólo a él corresponde se le impute lo que libremente quiso ser: nazi”, se despachó Granillo Posse.
El debate fue virulento y en el intento por lograr el cometido, el oficialismo por momento esgrimía argumentaciones contradictorias.
Para graficar la tensión del debate y el calibre de los cuestionamientos que se cruzaban vale recordar el pasaje aquel en el que el diputado peronista César Mochi sostuvo que a la oposición lo movían objetivos venenosos.
“Sólo la doctrina de Jesucristo, señor presidente –enfatizó en determinado momento el legislador oficialista– con sus preceptos, mandamientos y consejos, es capaz de dar a la niñez y a la juventud las razones de su existencia y explicarle el por qué de sus intocables derechos humanos, así como sus obligaciones. Los opositores al decreto sobre implantación de la enseñanza religiosa en las escuelas –continuó–, nutridos con el veneno del liberalismo del siglo pasado, debieran tener…”
Y fue en ese momento que el diputado Carlos Perette estalló desde su banca. “¿Me permite? Me parece que es una afirmación grave la que está haciendo el señor diputado al decir que nosotros estamos padeciendo de un veneno. Creo que el señor diputado, cuando lee su discurso…”, deslizó, antes de ser cortado por el orador que estaba exponiendo, como crítica secundaria debido a que no pueden los legisladores fundamentar leyendo.
Y en cuanto a las contradicciones que saltaban en los fundamentos oficialistas, hay que decir que surgían cada vez que se realizaba una valoración sobre el accionar de una generación que dejó como legado la Constitución Argentina. Por un lado el gobernador Maya fustigaba la “enseñanza imbuida por las doctrinas del materialismo ateo que obtuvieran algún auge en la segunda mitad del siglo pasado y que hoy –decía el mandatario–, felizmente, han sido ampliamente superadas y desechadas por las mentes de los hombres y de los pueblos que marchan al compás de los tiempos”. En tanto, esa generación que el gobernador desautorizaba con su juicio era citada por el mismo oficialismo allí donde convenía recordar que en el Preámbulo de la Constitución Argentina invocaba a Dios.
“Dentro del orden legal de nuestro país no puede haber nada contra o fuera de la Constitución Nacional. Y ella invoca en su Preámbulo a ‘Dios, fuente de toda razón y justicia’. Pregunto: ¿No vale de nada esta expresa imploración al Dios de los Evangelios? ¿Se puede condenar, por medio de la escuela pública laica, a que nuestros niños desconozcan a Dios que protegía a los autores de nuestra ley de leyes?”, se preguntaba el diputado peronista Zoilo García.
Sin embargo, su compañero de bancada, Pereira Márquez, le contestaba a esa generación anterior, la generación del normalismo que consideró que las cuestiones de fe debían reservarse para los templos y dejar que en las aulas reine el conocimiento, la razón en lugar del dogma. “Me merece todo el respeto la historia y sus tradiciones. Me merecen profundo respeto los hombres que escribieron las páginas más hermosas de nuestra historia. Pero preguntaría a los hombres de hoy: ¿Podemos nosotros seguir repitiendo todo lo que creyeron y todo lo que hicieron nuestros antepasados?, dijo en el recinto Pereira Márquez.

DESDE LA PRENSA. Si el diario La Acción, era el órgano que expresaba la posición eclesiástica, EL DIARIO asumía la postura laica, inequívoca como cuando una década antes había expresado posición a favor de los Aliados en la Gran Guerra, del republicanismo en España.
Es que las batallas políticas se libraban también a través de los diarios, tribunas doctrinarias antes de convertirse en medios de comunicación que privilegiaron la noticia de por sobre las posiciones políticas sectoriales.
EL DIARIO publicó el 8 de julio de 1945 –cuando ya se comenzaba a perfilar el debate legislativo provincial sobre la educación religiosa en las escuelas estatales– una edición especial dedicada a los 61 años de la Ley 1420, que estableció que la educación ha de ser universal, común, mixta, gratuita, obligatoria y neutra. El título general de la edición era “La sabia ley”.
Zoilo García citó el escrito de esta Hoja, cuando sostuvo que “en dicho artículo se dice: ‘En estos instantes –1884– quedó bien establecido, como no podía ser menos, que el laicismo no es, ni mucho menos, ateísmo. Laico viene del griego Laikos, seglar, de laos, pueblo. Vale decir de la clase de pueblo, no ordenado, no eclesiástico”.
Pero también allí los legisladores peronistas creían hallar argumentos para reclamar el dictado de religión en las escuelas. “Eso decía EL DIARIO, de Paraná, hace un año y medio. Bien. De acuerdo a este concepto, aún cuando se dicte religión en clase, siempre que no lo hagan sacerdotes, siempre que la enseñen civiles laicos, la escuela entrerriana será siempre escuela laica, y seguirá cumpliendo la Constitución provincial”.
Desde la oposición se contestó que no debía hacerle decir al artículo lo que no dice, y se recordaba que también la Constitución de Entre Ríos, como la archialudida Ley 1420, ordenaba que “la enseñanza en las escuelas del Estado será gratuita, laica y obligatoria”.
“Hay un diario que, estoy firmemente convencido que es órgano de un partido político, en estos momentos minoritarios, el partido radical. Me refiero a EL DIARIO, de Paraná que, en la edición del 8 de julio de 1945, con el título de ‘La sabia ley’ determinaba qué es la escuela laica”, dijo también el diputado Pereira Márquez, para luego fijar la posición del oficialismo: “Y yo me pregunto, como todos mis compañeros del sector: ¿por qué no se puede enseñar religión como una asignatura en las escuelas así como se enseña aritmética, geografía o historia?”.
No faltó una referencia desde el espacio radical a que el decreto que se buscaba refrendar como ley había germinado durante una intervención que persiguió y despidió a docentes judíos, tal como se contó en la edición del domingo pasado de esta página.
“¿Me permite una interrupción? El gobierno de cierta intervención de Entre Ríos expulsó a ciento y pico de maestros porque no eran sus apellidos arios…”, lanzó el diputado radical Ángel Grella.
Finalmente, el decreto de Zavalla fue convertido en ley, y en las aulas estatales hubo por largo tiempo dictado de Religión. La aprobación fue festejada por el cura párroco de la Catedral de Paraná, Andrés Tibiletti, en un tedeum celebrado “en acción de gracias por la sanción de la Ley de Enseñanza Religiosa en las escuelas de Entre Ríos”, el domingo 29 de diciembre de 1946.

El decreto-ley

Con la firma de Carlos María Zavalla, el interventor que despidió a todos los docentes judíos de las escuelas, se emitió en 1944 el decreto-ley que introducía la religión en las escuelas. Y aunque dejaba en libertad a los alumnos que no profesaban la religión católica a no concurrir a las clases de Religión, desde los sectores opositores se sostenía que constituía una agresión al espíritu de la educación laica que perseguía la adquisición de saberes. “En todas las escuelas fiscales dependientes del H. Consejo General de Educación se impartirá la enseñanza de la Religión Católica Apostólica Romana, como materia ordinaria de los planes de estudios, quedando excluidos de la misma en conformidad con la libertad de cultos, aquellos alumnos cuyos padres no lo consientan, por pertenecer a otra religión”, decía en su artículo primero el texto que quedó convertido en ley en 1946.

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