La denuncia socialista por el empleo de la religión en la lucha contra la gripe en 1918

Los socialistas españoles denunciaron en las páginas de El Socialista la solución de tipo religioso que algunos Ayuntamientos plantearon para intentar combatir la famosa epidemia de gripe de 1918.

El periódico obrero señalaba que no era admisible que las Corporaciones municipales, encargadas de las cuestiones sanitarias, demostraran más confianza en la acción de milagros de las imágenes que en el trabajo científico dedicado a la lucha contra la enfermedad.

Al parecer, en el mes de octubre de 1918, en ciudades, como Pamplona, Valladolid y Ferrol, no se había pensado remedio mejor para combatir la gripe que sacar vírgenes y santos locales, que servían, siempre según el periódico, tanto para traer la lluvia a los campos cuando se necesitaba, como para “ahuyentar la peste que la higiene debía evitar”.

En Ferrol se iba a sacar a la Virgen de los Dolores en solemne rogativa por sus calles. En la capital castellana una comisión municipal había visitado al arzobispo para que fuera sacada la patrona de la ciudad en procesión de rogativas para implorar que cesase la epidemia.

En realidad, la denuncia socialista no iba contra la Iglesia en sí, sino contra los poderes locales que no trabajaban por la higiene urbana, especialmente de los barrios obreros, ni construían alcantarillado ni saneaban las viviendas, además de no fomentar la construcción de vivienda social (“casas baratas e higiénicas”), así como, tampoco combatían a los acaparadores para evitar que hicieran negocio con el hambre general que se estaba padeciendo, y que era un caldo de cultivo para el desarrollo de la enfermedad. Pero eso no importaba a muchas autoridades municipales. El contenido de la denuncia era muy duro porque se insistía en las terribles condiciones de vida de la clase trabajadora en las ciudades, aludiendo también a otras de las grandes lacras endémicas, la tuberculosis. Si los socialistas fueran creyentes pedirían a Dios no que la emprendiese con las imágenes (“esculturas representativas de un fanatismo bien arraigado”) sino con quienes autorizaban esas “mojigangas”.

Por otro lado, con este tipo de soluciones las autoridades fomentaban aún más la “leyenda negra” de una España que era un “país de pandereta” donde se suspiraba por el pan, la Inquisición y los toros.

Hemos consultado el número 3365 de El Socialista.

Eduardo Montagut. Historiador

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