«La democracia en el mundo islámico es difícil pero no imposible»

El prestigioso intelectual y experto considera que el siglo XX ha sido circular para el mundo musulmán, ya que terminó de la misma manera que empezó: con el control del colonialismo occidental

Pedro Martínez Montávez, nacido en Jódar (Jaén 1933), es el arabista español de mayor prestigio. Ex director del actual Instituto Cervantes en El Cairo, catedrático y decano, fue el primer rector elegido democráticamente (1978-1982) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid tras la dictadura franquista. Es autor de numerosos libros y artículos sobre el mundo árabe y su literatura, estudioso, traductor, y uno de los ensayistas más influyentes en el panorama contemporáneo. En la sociedad actual, donde la titulitis impera y en la que cualquiera parece que tiene el título de "experto" sólo por hacer un máster o un posgrado de estudios islámicos, en los medios de comunicación aparecen a diario juicios de "expertos" que menosprecian el mundo árabe, sin ni siquiera entender su lengua, ni leer su literatura. Pedro Martínez es una excepción. El ilustrado arabista vive retirado en su apartamento de Madrid donde se dedica a "pensar sobre el mundo árabe". Profesor de la vieja escuela, capaz de hablar desde la República de Atenas hasta las últimas elecciones en Irán, renuncia a usar el ordenador y las nuevas tecnologías. "Todo lo que escribo lo hago a mano, desde mi despacho". El profesor Montávez explica a este diario sus ideas sobre el islam y democracia desde el punto de vista de la sociedad árabe.

-En su artículo El Islam y la democracia plantea que para el mundo musulmán la democracia es un elemento "extraño" e "importado de Occidente" ¿No cree que la democracia es un valor universal, al igual que los derechos humanos, y que no es exclusivo de Occidente?

-No. El origen de la democracia proviene del Occidente. Resulta interesante entender el lenguaje árabe para profundizar en el término. En el idioma no hay una palabra árabe propia que signifique democracia, sino que cogen el término occidental y lo trasliteran directamente, dimuqrasiya. Este calco no aparece en otras palabras del vocabulario político tales como nacionalismo, qaumiya o uataniya, que sí presentan su equivalente propio.

-Para el islam ortodoxo la democracia es totalmente incompatible con su religión. Desde su punto de vista, la democracia no es un sistema justo ya que si un 60% vota por una opción y el 40% por otra, se margina a ese cuarenta, mientras que el sistema islámico tiene mecanismos para evitar esas injusticias ya que el Creador, el más sabio, es el que decide. ¿Está de acuerdo de que islam y democracia son términos antónimos?

-Si nos fijamos en el islam ortodoxo, estamos teniendo una visión muy unilateral. Los ortodoxos ven sólo la religión, y no son capaces de contemplar otras opciones. Mi formación de islamista me ha permitido saber que el islam tiene otras ramas, aparte de la religiosa, como la social, la científica, la artística, y esas opciones son creativas y están realizadas por personas, por individuos. En el islam hay un Dios único creador y conservador que ha creado el mundo (creación divina), pero también se completa la creación humana, tal como la ciencia o el arte. Reducir todo tipo de creación a la divina, como sentencia la ortodoxia islámica, me parece reduccionista. Mi opinión es que la democracia en el mundo islámico, y en concreto en el mundo árabe, es difícil pero no imposible.

-Usted ha dicho que la ortodoxia islámica es unilateral y reduccionista, ¿Cree usted que Occidente también es reduccionista?

-Por supuesto. Ejemplo de ello es que en los medios de comunicación se establece islam y Occidente como términos de oposición, en lugar de utilizar islam y cristiandad, u Occidente y Oriente. Empleamos una asimetría como equivalencia, lo que deforma el concepto, y con ello el pensamiento y la opinión pública. La gente ve al mundo árabe como una masa monolítica y estancada, cuando en realidad es multicultural. Algunos procesos presentan semejanza entre ellos y otros no. Por ejemplo es distinto el panorama en las monarquías del Golfo que en el Creciente fértil, no son procesos comparables aunque estén dentro del mundo islámico.

-Los analistas coinciden que en los momentos actuales el islam presenta un gran problema para adoptar la democracia. Prueba de ello es que Turquía, país candidato a entrar en la UE y Estado laico de población musulmana, ha tenido recientemente algunos problemas en cuanto al respeto de derechos humanos, censurando la libertad de expresión en algunos medios de comunicación ¿A qué se debe este retroceso?

-Cuando se habla de islam y democracia no se tiene en cuenta los procesos. Resulta interesante contextualizar el tiempo para entender lo que está pasando. Los hechos no surgen porque sí, tienen un origen y una continuidad en el tiempo. Y me resulta curioso que la cuestión de la democracia en el mundo islámico se plantee en las dos últimas décadas, cuando están proliferando los movimientos neoislamistas. La confrontación y recesión del mundo árabe no es algo que haya surgido de la nada hace dos decenios, sino que viene gestándose desde mediados del siglo XIX. Muestra de ello, lo tenemos en países como Egipto. Durante la época de entreguerras tuvo un proceso paradigmático, puesto que el Egipto de esa época se podía decir que era un Gobierno formalmente democrático y con un régimen parlamentario. Con esto quiero decir que Oriente sí conoció la democracia en el siglo pasado, y las dos caras de Occidente: el Occidente civilizador y culto y el Occidente depredador.

-¿Pero no piensa que el colonialismo del Occidente depredador ya quedó completamente superado en el siglo XX?

-Cuando hablo del Occidente depredador no me refiero sólo al colonialismo del siglo decimonónico, sino a la época neocolonial en la que las dos potencias colonialistas por excelencia, Francia y Gran Bretaña, cedieron su puesto a un nuevo actor: EEUU. De hecho, Israel es un hecho colonial. Si se observa un mapa del mundo árabe desde Marruecos, hasta Iraq, la única, y enfatizo la palabra única, ruptura de continuidad que se produce es el Estado de Israel.

-¿Podría ejemplificar algún hecho revelador de ese Occidente depredador y neocolonialista?

-Pues mire, el último ejemplo lo tiene en la ocupación de Iraq. El Iraq de antes de la guerra era una sociedad plural, tranquila y heterógenea, mientras que el Iraq de hoy es una sociedad fragmentada y uno de los países musulmanes con mayor índice de criminalidad.

-Las dificultades que la democracia atraviesa en el mundo musulmán, ¿son culpa del Occidente neocolonialista?

-Bueno es un factor clave, pero también hay que poner acento en las incapacidades propias del mundo árabe para realizar estrategias comunes. El mundo árabe es un conjunto singular de principios de convergencia y de divergencia, tal y como planteo en mi libro Retos del Islam. Mundo árabe y cambio de siglo. El siglo XX para el mundo árabe ha sido circular, ya que ha terminado igual que empezó: con el colonialismo occidental.

-¿Piensa que con Obama se ha acabado el neoimperialismo estadounidense?

-No. No está acabando. Obama tiene buena voluntad, pero no creo que haga milagros. Desconfío del Obama milagrero y pacifista que nos quieren vender. Sí pienso que Obama se ha dado cuenta de los graves errores de incomprensión de la Administración neocolonialista, en especial de la Administración Bush, y que no se podían seguir manteniendo. El obabismo muestra una nueva visión para el mundo musulmán. Un ejemplo lo tenemos en su intento de dar una solución al problema palestino-árabe/israelí. Pero este proceso seguirá anclado bastante tiempo si no se producen reformas estructurales por parte de los Estados Unidos de América, la única potencia que los puede hacer.

-¿Piensa que los palestinos están perdidos?

-Yo no me atrevería a decir perdidos, pero sí extraviados. Su problema es que no encuentran a nadie que les guíe. Ni la ONU, ni EEUU, ni Rusia, ni la UE, ni ninguno de los Estados árabes. El último episodio fue la fragmentación palestina: Gaza y Cisjordania y la pérdida del movimiento de liberación palestino. Estamos ante el mayor dilema del siglo y hay que introducir tiempo para saber qué pasará con el pueblo palestino. Pero ese tiempo debe ser activo y no pasivo como ha sido hasta ahora, de lo contrario el conflicto empeorará.

-¿Se puede hablar de que existe un futuro para un islam democrático?

-Creo que el futuro va a ir a peor. O se introducen mejoras reales o no habrá futuro. Una de las claves es el conflicto árabe-israelí, y se debe solucionar mediante procedimientos políticos activos, y no mediante reformas ficticias, caducas e introduciendo una espera pasiva que no conduce a nada. Si no se lleva a cabo una reforma activa y realista, con una voluntad real por parte de Estados Unidos, el proceso está condenado al fracaso.

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