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“La Cruz del Valle de los Caídos es la bendición de Dios sobre España”

La gacetilla de Rouco da pábulo a la propaganda mentirosa del abad de El Escorial

Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, ha vuelto a cobijar al polémico abad del Valle de los Caídos, el padre Anselmo Álvarez. No es de extrañar, sin embargo, que Rouco preste su gacetilla, Alfa y Omega, para que el sacerdote defienda ideas como que la cruz del monumento es “la bendición de Dios sobre España” y el mayor “símbolo de reconciliación” nacional: el mismo jerarca de la CEE ya expuso el ideario que ahora repite este cura el pasado 14 de septiembre en una misa celebrada en la abadía benedictina del Valle. El padre Anselmo, sin embargo, no necesita que Rouco le apunte un argumentario para destacar. Sus mentiras en la televisión sueca donde aseguró “que la exaltación de Franco en la Basílica no ha tenido lugar jamás” o su participación en charlas auspiciadas por instituciones nostalgico-franquistas como la del General Yagüe le dan entidad propia.

Alfa y Omega, la gacetilla del arzobispado de Madrid dirigido por Rouco, cede sus dos páginas centrales al artículo del polémico abad, ilustrado, por cierto, con 7 fotografías –alguna de ellas tamaño gigante-, con este marco excepcional. El texto del padre Anselmo no desmerece: con demagogia curil, el abad cuenta su feliz versión de los hechos, es decir, que todo es amor bajo el Valle aunque ahora los malos de la izquierda quieran abrir fosas en lugar de “sepultar discordias”.

“Lugar de culto”
“El Valle de los Caídos es un lugar concebido para la oración y la reconciliación. Así lo declaran expresamente tanto sus documentos fundacionales, como la simbología religiosa que preside la totalidad del monumento y, recientemente, el precepto legal de la Ley de la Memoria Histórica (art. 16) que define el Valle de los Caídos como lugar de culto”, asegura el abad retando a la Historia  –con mayúsculas- y a la evidencia del propio recinto, que ostenta el lema franquista de “Caídos por Dios y por España”.

“Mensaje de reconciliación”
Para el religioso, que continúa versionando la ciencia histórica, el recinto reitera un “mensaje de reconciliación” impreso ya en sus textos fundacionales, que recogen “hechos básicos relacionados, ya desde 1957, con el espíritu y obra de conciliación entre los españoles”. “La basílica será lugar de acogida para todos los caídos, por encima de banderas, ideologías o creencias religiosas” añade el abad, para quien las bóvedas del recinto no tienen otro fin que “cobijar en un abrazo único a los adversarios de ayer” e “impulsar la solidaridad y el bienestar común, condición de la armonía colectiva”.

La Cruz, bendición sobre España
Pero “hay algo más en el Valle que emite un mensaje permanente a favor de la reconciliación y que abre camino hacia ella”: es la cruz, “el símbolo por excelencia de este lugar” que le convierte en un punto “de encuentro de todo lo que está dividido o enfrentado” cual “imagen de la humanidad reencontrada consigo misma”. “Esta es la fuerza y el camino que se afirma desde el Valle” y “la máxima contribución” que el sitio “presta a la causa de la Reconciliación”. En definitiva, la insignia católica “es la bendición de Dios sobre España, y el grito que parte de ella quiere traspasar la sordera y los muros que impiden una comunión más plena entre nosotros”.

Rouco, ¿el apuntador?
En estas circunstancias, al padre Anselmo no puede ni siquiera halagársele la originalidad. Sus palabras ya las dijo Rocuo el pasado 14 de septiembre tal cual: El Valle de los Caídos, señaló en una misa que ofició junto a él en su abadía, es un “símbolo de reconciliación”, como lo es la cruz. El presidente de los obispos, no obstante, superó –por esta vez- al cura: La Guerra Civil, dijo, fue un castigo porque “el hombre había pecado mucho, sobre todo contra Dios”, igual que la negación de lo Divino fue el motivo de otros enfrentamientos bélicos como la Primera Guerra Mundial.

Méritos propios
Con todo y aunque esta vez haya sido superado por Rouco -que por algo es la máxima autoridad religiosa de España- el abad acumula méritos propios. Basta con verle en un documental de la televisión sueca dando “fe de que la exaltación a Franco en la Basílica no ha tenido lugar jamás” –a pesar de las evidencias – y enfadándose con el reportero que cuestionaba sus premisas o escucharle justificar su asistencia a una charla de la fundación nostálgica del franquismo del General Yagüe para comprobarlo. “Sólo diré que la Abadía del Valle de los Caídos es un monasterio igual que otros de los muchos que existen en España. Nosotros nos dedicamos únicamente a orar”, indicó a este diario el pasado 30 de octubre en vísperas de aquel evento.  Su faz afloró por completo, sin embargo, de la mano de Pedro J. Ramírez y su diario, al que concedió una entrevista en la que aseguró que “Franco unió los símbolos de lo fundamental de España: cruz, templo y basílica”. Y es que, por algo el religioso se autodefine como “un español de espíritu” que lamenta que en nuestro país se haya “roto lo básico: el respeto a la Ley de Dios”.

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