La cruel persecución de los cristianos en Iraq

Más de 15.000 creyentes han abandonado el país perseguidos por los radicales islámicos Durante el último año más de 100 familias cristianas han tenido que buscar refugio y otros 15.000 creyentes han abandonado Iraq perseguidos por las amenazas de los wahabíes, seguidores del Islam más radical relacionado con Osama Ben Laden. Carteles que exigen su muerte inmediata, acusados de infieles, aumentan cada día contra la comunidad cristiana. Desde la caída del régimen de Sadam Husein y con la llegada de los chiíes al poder no ha dejado de aterrar a quienes piensan que el Gobierno implantará la ley islámica y condicionará la práctica de su religión en este país.
 

Bagdad- Para los hermanos Hani y Khaled Toma la vida era cada día más difícil en Iraq. Cuando uno de sus primos fue asesinado, un CD con una serie de decapitaciones apareció en la puerta de su casa acusándolos de ser agentes estadounidenses. En su iglesia un cartel escrito en letras rojas les indicó que era el momento de escapar: «Allah u Akhbar o Dios es grande». Cuando se decidieron a abandonar la ciudad y mientras salían del garaje de su casa una docena de asaltantes llenó su vehículo de balas. El asesinato de los hermanos sumó dos más a lista de cristianos muertos en la posguerra iraquí.
   En el último año, al menos 100 familias de la ciudad de Mosul han buscado refugio en Ain Kawa, un pequeño suburbio cristiano en Erbil. Al menos 15.000 creyentes han abandonado el país desde agosto del año pasado cuando cinco iglesias fueran atacadas. Cientos más han huido a otras ciudades dentro de Iraq escapando de lo que la mayoría considera una persecución. En Ain Kawa, las fotos de Hani, de 33 años, y su hermano Khaled, de 31, cuelgan en las paredes de la casa de su madre. Hassina todavía no tiene consuelo por la muerte de sus dos hijos. Pero a pesar de su dolor prohibió al resto de su familia asistir al funeral por temor a que sean, también objetivo de un ataque.
   «Nos sentimos perseguidos», explicó Hassina a este periódico en una entrevista telefónica. «Si no es porque nos acusan de colaboradores es porque somos infieles. Espero que esta situación no me cueste el resto de mis hijos», explica angustiada. La familia Toma vivía en Al Saah, un barrio predominantemente cristiano en Mosul, donde en los últimos años se han instalado un gran número de musulmanes. «Hay muchos wahabíes que nos miran», refiriéndose a la versión puritana del islam relacionada con Osama Ben Laden. «Es más, he visto carteles en los que se lee que el asesinato de cristianos es requerido inmediatamente», explicó Hassina. En Iraq, la mayoría de los cristianos son étnicamente asirios o caldeos, es decir, pertenecen a una de las corrientes religiosas más antiguas del mundo. Los asirios son los habitantes originales de lo que hoy conocemos como Iraq. Según los evangelios, el apóstol Tomás convirtió a esta comunidad poco después de la resurrección de Cristo.
   Pero aquí las amenazas contra la comunidad cristiana aumentan con el paso de los días. Una carta que circula en varias ciudades dice «tapad a sus mujeres y convertíos al islam o se enfrentaran a las consecuencias». La carta luego entra en detalles sobre las horribles castigos que caerán sobre los infieles, que incluyen desde secuestros hasta el incendio de sus casas. Las cartas están firmadas por las Tropas Islámicas de Al Bader.
   Desde la caída de Sadam Husein, los cristianos aquí se han enfrentado a todo tipo de ataques. El régimen anterior protegía, de cierta manera, a esta pequeña comunidad de poco menos de un millón de creyentes. La llegada de los chiíes al poder aterra a la mayoría de cristiano que piensan que el Gobierno implantará la ley islámica y condicionará la práctica de su religión. Los ataques en Bagdad y al sur del país, de mayoría chií, no pasan desapercibidos y son muchos los casos de asesinatos de hombres de negocios que vendían mercancías prohibidas por la ley islámica, especialmente bebidas alcohólicas. Incluso aquí en la capital iraquí, el arzobispo Mar Adai de la Iglesia Asiria fue atacado en la calle por un grupo de delincuentes que intentaron robarle la cruz de oro que llevaba en el cuello.
   «Yo no sé qué va a pasar con nosotros. Tengo miedo por mi hijos y por mí. Incluso cuando voy a la iglesia no sé si nos van a atacar», explica Latifa Yayou, también conocida como Um Salam o la madre de Salam. Latifa vive sola con sus cinco hijos. Su marido murió durante la guerra entre Irán e Iraq y hoy vive con una hermana quien la ayuda a cuidar a su familia. «Yo no quiero que mi hija se cubra la cabeza. Y me da miedo que los chiíes quieran que éste sea un país islámico. Estoy orgullosa de ser caldea y de mis creencias», cuenta angustiada en Bagdad. «Pero de aquí en adelante, a los cristianos sólo nos queda un futuro negro».

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