La corrupción destruye la democracia

La Iglesia han combatido la libertad de conciencia, ha condenado por sus ideas o formas de vida privada a los díscolos de su doctrina, y públicamente los han declarado pecadores. El clericalismo nunca ha aceptado los principios democráticos.

El 10 de octubre de 1978, España se dota de una nueva Constitución, aprobada por todos los diputados del Congreso y con el consentimiento del pueblo que se expresó por referéndum. España, tras haber dejado atrás un largo periodo de dictadura, entraba en el grupo de las naciones democráticas de Europa. Esa democracia está hoy en peligro.

Siendo aún joven nuestra democracia, y de forma insidiosa, aparecieron algunos casos de corrupción, en los que estaban implicados ciertos políticos, y en los que se percibieron sombras del Opus Dei. Se pensó, que eran residuos de las costumbres de la dictadura, pero que afianzándose la democracia estos vicios irían desapareciendo.

Lo cierto es, que de una forma u otra, la incubación de la corrupción se hace en la clase política, en ella nace y en ella se desarrolla. Cuando existe una voluntad política clara para impedir que la corrupción se propague, los casos suelen ser raros, pero cuando el sistema político la ignora o la admite, la corrupción seguirá su curso y se irá extendiendo por todo el territorio. Es lo que hoy constatamos: su generalización geográfica y su extensión a casi todos los partidos. Si no cabe duda que la gran mayoría de los casos la encontramos en franja política de las derechas, la franja política de las izquierdas no se libra.

Algo tuvo que hacerse de forma precipitada en el tiempo de la Transición para que hoy nos encontremos en un sistema de corrupción que se puede decir generalizado. Corrupción que se manifiesta por sus múltiples facetas: “financiación ilegal de partidos, tráfico de influencias, sobornos, fraudes, prevaricación, nepotismo, entre otras prácticas.” “Durante estos últimos años, partidos, políticos, jueces, banqueros, constructores y empresarios, se han visto implicados en tramas de corrupción.” Y entre lo más destacado en las fuerzas políticas, los caso Gürtel y Bárcenas en el PP, el episodio de los ERES en Andalucía para el PSOE, y los casos Pallerlos, ITV y Palau para CiU. Y todo ello gracias a la posición de poder de los políticos. –Informe 2013. Fundacion Alternativas.

La democracia la dirigen hacia su aniquilamiento, gracias a un sistema de funcionamiento político que permite a los altos cargos de gobierno e Instituciones, influenciar la justicia, desviar investigaciones, garantizar la inmunidad  de personas y preservar los intereses de partido.

El principio de la democracia es que el poder está en el pueblo. La misma Constitución española lo confirma en el artículo 1.

1.1.- “España constituye un estado social democrático, que propugna como valores superiores  de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

1.2.- “La soberanía nacional reside en el pueblo, del que emanan los poderes del Estado”.

Sociedad civil, fue como así llamaron a todos los ciudadanos para distinguirlos de la clase eclesiástica. De esto hace más de dos siglos. Hoy, la clase civil es aquella que no pertenece a la clase política, pues esta última tiene algo de diferente y aparte del pueblo.

Si el texto constitucional es claro y evidente, que el poder reside en el pueblo, la forma de ejercer el gobierno demuestra todo lo contrario. Los poderes del Estado emanan de la soberanía del pueblo, es pues, el gobierno el que tiene que rendir cuentasa la sociedad civil. El poder al gobierno le ha sido delegado. Es el pueblo, el legítimo a ejercer el control sobre el gobierno.

El nivel de corrupción ha llegado a tal extremo, que toca de forma evidente al partido en el gobierno y al mismo Presidente. Este no puede eximirse a sí mismo de sus obligaciones de dar información y explicaciones pertinentes sobre la corrupción en su partido y de su rol en este asunto al pueblo. A nivel internacional, España es considerada más corrupta que antes.  En su informa anual, Tranparency Internacional, España retrocede del puesto 30 al 40 por el grado de corrupción existente. Mientras que Grecia, en los dos últimos años ha pasado del puesto 94 al 80.

“Estos dos últimos años, España y Grecia que han debido afrontar la crisis del Euro, siendo la corrupción una de sus principales causas. Este año, por la primera vez, Grecia es la que hace mejor. El gobierno se ataca a esta calamidad nacional y desde el gobierno se han comprometido a denunciar a personalidades de premier plano y han puesto en marcha medidas concretas contra la corrupción. En España es lo contrario que se produce, los escándalos continúan a conocerse, implicando altos responsables y al  mismo gobierno que hace ignorarlos, pues los  implicados son altos responsables del partido conservador en el poder.” Sr. Finni Heinrich, investigador de Transparency Internacional.

El caso Bárcenas, al que se hace alusión, del que sabemos que el epicentro de la corrupción se sitúa en el mismo edificio central del partido, en el que el Sr Rajoy y el Sr. Bárcenas tenían su despacho de trabajo. El Sr Rajoy sintiéndose involucrado en la trama de corrupción de su partido, aprovechándose de su cargo de jefe de gobierno y de una mayoría de diputados en el Congreso, franja el asunto imponiendo el silencio.

Lo más sorprendente de este episodio político, ha sido sin duda sus declaraciones: me he equivocado depositando mi confianza en el Sr. Bárcenas. El Sr. Rajoy, que durante al menos ocho años ha sido el responsable del partido y viviendo en el centro del entramado,  no se ha apercibido de nada, ni siquiera de los sobres con dinero negro que recibían sus colaborados más allegados, y él, el jefe,  ni un euro.

Al pueblo soberano le han desarmado de todos los derechos que la Constitución le ha garantizado. De nada sirven las manifestaciones, ni el descontento generalizado de la ciudadanía. El poder del Gobierno, impone sus métodos, su ideología y encubre, con su mayoría el entramado más evidente de la corrupción política.

En la historia de los pueblos, ante los grandes peligros, los hombres se organizaban para ofrecer resistencia. La corrupción política y un gobierno autoritario amenaza la democracia. La sociedad civil es en estas circunstancias la única que puede ofrecer solución a la amenaza. Los partidos y los políticos se han desprestigiado ellos mismos, los intereses partidistas han estado por encima de los intereses del pueblo. La valoración de la ciudadanía hacia la política nunca ha descendido tan bajo. De la corrupción de forma general ningún partido se ha librado. Y, aunque no son todos iguales, todos son considerados los mismos. Y, aquellos políticos que no estaban implicados en alguna trama corrupta, han preferido callarse que denunciar a los corruptos.

En cuantos gobiernos de Comunidades y en ayuntamientos, en particular regentadas por las derechas, se ha gobernado a favor de los intereses de unos, en el despilfarro y los gastos innecesarios, que son hoy el origen de las deudas  a las que tienen que amortizarlas el pueblo.

Si en democracia, el poder nacional reside en el pueblo, es a la sociedad civil a la que incumbe, por legitimidad y derecho, reestablecer la democracia perdida. La clase política, conforme a la Constitución tendrá que someterse a la voluntad y decisiones  del pueblo pues de él emanan todos los poderes.

La democracia no podrá restablecerse sin justicia, es decir extirpando todas las tramas de corrupción, la corrupción, juzgando y condenando a todos los personajes corruptos, sin excepción por rango social ni político. Regenerando todo el tejido institucional, para que todos los ciudadanos sean iguales, para que se respeten los valores democráticos y para que se impongan, en primer lugar una ética a la clase política y al gobierno.

“La democracia es el arte de hacer creer al pueblo que gobierna por votación.” Thomas Jefferson.- Es lo que ya conocemos. Los elegidos, no son los que nombran los ciudadanos, sino los designan en sus listas los partidos. Es la forma de utilizar el voto de los ciudadanos para legitimar el poder de muchos candidatos que nunca serían votados. Las consecuencias de esta forma de votación la conocemos en sus resultados. Los nombrados por los partidos no son los más aptos al cargo. De ahí que luego aparezcan los corruptos, los que abusan del poder y los que hacen del tráfico de influencias un negocio provechoso para él. 

Todos los candidatos a las elecciones tienen que ser conocidos de los votantes, sus cualidades personales y si pertenecen a un grupo de intereses privados o religiosos. La transparencia es una garantía indispensable para que no sean defraudados más tarde por su elección.

La democracia no necesita ser redefinida, sino a aplicar sus fundamentos: la libertad de conciencia y la igualdad de derechos para todos los ciudadanos. En democracia, se puede ser judío, cristiano, musulmán o libre pensador, sin que esta particularidad personal interfiera en la cohesión social. Lo que no tienen lugar en democracia son el fanatismo y la intolerancia. Para preparar la ciudadanía a desarrollar los fundamentos de la coherencia social, es necesario, que desde los primeros años de formación escolar, reciba la educación a la ciudadanía, que le enseñe a vivir en armonía con esos que son diferentes a él. 

Desde tiempos remotos de nuestra historia, y por tradición, los prelados de la Iglesia han combatido la libertad de conciencia de los ciudadanos, han condenado por sus ideas o formas de vida privada a los díscolos de su doctrina, y públicamente los han declarado pecadores. El clericalismo nunca ha aceptado los principios democráticos.

La vida sexual y reproductiva de la especia humana es su preferencia, no tanto por fundamentos del evangelio, sino por el poder terrenal y por su influencia como institución privilegiada en el gobierno. Sin embargo, la corrupción y sus estragos en la sociedad, disimulan ignorarlo o se esconden en un silencio comprehensivo, como si la corrupción  fuese ajena a las preocupaciones del Altísimo.

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