«La confesión islámica es un rehén del terrorismo, y los musulmanes son dobles víctimas»

«El Corán dice: «Quien mate al prójimo no verá el paraíso»; y en él no existe la palabra «yihad», guerra santa»

Islamismo y terrorismo son incompatibles y su relación nace «de la creación de los servicios secretos extranjeros», al igual que Bin Laden, «que es un producto de Estados Unidos», que necesitaba, como la industria armamentística, tener un nuevo enemigo tras la caída de la Unión Soviética. Lo afirma el responsable del Centro Cultural Islámico de Madrid, Saif E.I. Ben Abdennour (Marruecos en 1973), doctor en Filología Hispánica y Traductología de la Universidad Complutense de Madrid.

– A la religión musulmana se le acusa de ir desacompasada con los tiempos que corren.
– Esa idea nace del desconocimiento que gran parte de la sociedad occidental tiene de la religión musulmana, que siempre relaciona lo que acontece en algunos países de esa creencia con la religión en sí. Sin embargo, el islam ha demostrado que puede llevar la vanguardia del saber, como hizo en una época en la que no se inspiraba en la religión para llegar a la cima del conocimiento. Por tanto, la interpretación actual no tiene un fundamento racional: Hay países como Malasia, con esta religión, que están entre los más desarrollados de Asia. El retraso está relacionado con la situación política y económica de esos países, con el colonialismo que todavía están pagando.

– ¿No cree que la división entre el poder político y la religión sería fundamental para impulsar el desarrollo?
– Es querer aplicar un ingrediente que ha funcionado en Europa porque su historia es diferente a la de los países musulmanes. Hasta hace 40 años sufría guerras fraticidas entre regiones, gobiernos, políticos y países y la receta que encontró fue esa, pero tratamos con sociedades humanas y no podemos aplicar unas recetas ideadas para una región y unas circunstancias históricas a otras diferentes. Es un deber del islam inspirarse en las experiencias exitosas de otros países y culturas; buscar lo bueno y aplicarlo, pero ya ha demostrado que religión y política pueden ir de la mano.

– Pero la base de la democracia es justamente esa división y el laicismo.
– El islam es democrático. Si hablamos de la división de poderes, también opta por ella y vemos en su historia que el poder religioso estaba incluso enfrentado al político. Está por la independencia del legislativo.

– Entonces muchos gobernantes de países árabes no aplican así la ley islámica.
– Esos países lo que tienen son problemas estructurales, económicos, un subdesarrollo que han arrastrado durante estos últimos siglos. No es una cuestión relacionada puramente con la religión, que en sí alienta a la persona a trabajar, a perfeccionarse y superarse.

– ¿Hay un uso perverso de la religión musulmana por parte de la clase política?
– Por supuesto, las religiones del mundo han sido usadas en muchas etapas de la historia y mal interpretadas o aprovechadas a favor de un sector social y en contra de otro. Y por eso el mejor antídoto contra esas prácticas es conocer bien la religión para que no se utilice mal.

– ¿El desconocimiento de sus creencias es la base del miedo de Occidente al Islam?
– Se alimenta la fobia contra los árabes, se dice que son una amenaza, pero realmente no es así. En Europa viven 15 millones, en el mundo somos 1.400 millones de musulmanes, entonces si fuera como nos pintan, ¡apaga y vámonos!

– ¿Por qué cree que existe ese interés en fomentar esa percepción sobre ustedes?
– Porque tampoco hacemos bien nuestro trabajo o porque las instituciones, los gobiernos islámicos, no dan mucha importancia a esta imagen desvirtuada. Se dan pequeños pasos, pero no hay un esfuerzo continuado. Por otro lado, interesa a algunos gobiernos y sectores de las sociedades, en EE UU, en Francia, en Inglaterra sobre todo, mantener esta relación tensa y aprovechan los medios de comunicación para ello. Los medios están más interesados por el titular que por la noticia, en algunos prima la máxima de «no dejes que la realidad estropee una buena noticia».

– ¿Por qué ahora y no antes?
– A raíz de la caída del muro de Berlín, de la Unión Soviética y la amenaza roja, han buscado otro enemigo porque no pueden vivir sin ellos. El mundo islámico no está buscando enemigos. También a la industria armamentística le interesa mantener una tensión en la sociedad.

– Bueno, Bin Laden también ha alentado el terrorismo fundamentalista y esta situación de prevención frente a lo árabe.
– Sí, pero ¿quién es Bin Laden?, es una creación de los servicios secretos norteamericanos y esto podemos comprobarlo, hay libros que lo cuentan. Los talibanes son una creación de los servicios secretos y nadie lo pone en duda. Los soviéticos estaban en Afganistán y se ha dicho «vamos a poner una bomba en el patio trasero de los soviéticos».

– Y los países árabes no han intentado contrarrestar.
– Hombre, las primeras víctimas de ese terrorismo son los países musulmanes, ¿qué pasa en Afganistán, en Pakistán, en Irán, en Irak, Egipto, en Líbano? Es un escenario dramático desgraciadamente. Y son doblemente víctimas porque lo sufren en sus propias carnes y además se les considera verdugos; y no se puede ser ambas cosas.

– Si hubiera esa división real entre religión y poder político, no existiría ese terrorismo islamista.
– Es que ese terrorismo no es fruto de esa vinculación. Es una creación de los servicios secretos extranjeros; está detrás el problema palestino, que alienta a estos cabecillas del terrorismo, que son muy pocos en los países islámicos. Está la situación económica y política, muchos viven bajo el poder único, una represión, y es un caldo de cultivo del terrorismo. La religión no tiene nada que ver, es un rehén del terrorismo, de los políticos y de muchos sectores.

– Pero se mata en nombre de Dios.
– El Corán dice «si das la vida a un alma, es como si se la hubieras dado a toda la humanidad»; «la persona que mata al prójimo no verá el paraíso».. . La palabra guerra santa no existe en el islam, reto a cualquiera a que busque en sus fuentes. «Yihad» significa esfuerzo para superarse y mejorar, no guerra santa.

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