La Conferencia Episcopal ve una España sumida en «exasperado pansexualismo»

El «campo moral» -en especial, lo relacionado con el sexo- es el gran desafío de la Iglesia católica en España, según la Conferencia Episcopal.

"Es una dificultad que procede de un ámbito cultural que se declara postcristiano y se propone vivir como si Dios no existiera", sostiene la Instrucción Pastoral presentada ayer con el título Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II. Los obispos buscan contestar a la pregunta de su fundador: "Y vosotros, quién decís que soy yo?", después de 40 años de práctica religiosa sazonada de discrepancias.

"No son pocos los que, amparándose en un concilio que no existió, ni en la letra ni en el espíritu, han sembrado la agitación y la zozobra en el corazón de muchos fieles", dicen los prelados. Buscan "una sola voz" para fijar la recta doctrina, frente a la buena prensa -abundante, sobre todo- que tienen "los grupos cuya nota común es el disenso" y hacer creer que existe "una confrontación irreconciliable entre jerarquía y pueblo".

La "motivación fundamental" del documento, encomendado en 2003 a la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, es "ofrecer una palabra de orientación y discernimiento ante determinados planteamientos doctrinales que perturban la vida eclesial y la fe de los sencillos". También busca identificar "las causas principales de la secularización interna de la Iglesia, cuestión principal a la que ha de hacer frente hoy en España".

"Marcados por el pecado"

"La presente condición histórica de la persona humana está marcada por el pecado. Debido al pecado original, todos los hombres nacen privados de la santidad y de la justicia originales", opinan los obispos en línea con san Agustín. Pero está la gracia.Por ella, "el pecado no es la palabra definitiva sobre la condición humana; con ella, "el hombre puede correr por el camino de los mandatos del señor".

Según los obispos, la "consecuencia inmediata" de esa cristiana dignidad de la persona humana "es la dignidad intangible de la sexualidad". "En un contexto marcado por un exasperado pansexualismo, el auténtico significado de la sexualidad humana queda muchas veces desfigurado, controvertido y contestado, cuando no pervertido". Añaden: "A la luz de estos principios sobre la sexualidad se entiende el motivo por el que la Iglesia también considera pecados gravemente contrarios a la castidad… la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales. La enseñanza cristiana no permite banalizar estas cuestiones ni considerar las relaciones sexuales un mero juego de placer. La banalización de la sexualidad conlleva la banalización de la persona".

Muchas de las 200 citas de esta Instrucción pastoral aluden a documentos doctrinales que en el reciente pasado sirvieron para condenar a los teólogos Roger Haight, Jacques Dupuis, Marciano Vidal y Juan José Tamayo, entre otros.

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