La concepción de La Línea

«Lo que me pregunto es cuándo disfrutaremos de una España en la que pueda haber muchíiiisimos católicos -o numerosísimos creyentes o increyentes en lo que sea- sin que eso signifique que tengan ningún tipo de privilegio».

Desde el 1 de diciembre de 2013, La Línea es más “de la Concepción” que nunca, al ser nombrada ese día “alcaldesa perpetua” de la ciudad la Inmaculada. La iniciativa la ha llevado adelante la alcaldesa socialista no perpetua (confiamos) Gemma Araujo, y propiciará que la Purísima tenga allí quien le escriba: los linenses, para que atienda sus cuitas económicas y fronterizas.

            No en vano tal Virgen, que ya era patrona, adquiere ahora serias competencias municipales, como deja claro el bando de la alcaldesa terrenal: el Ayuntamiento —con la sola oposición de IU— le hará entrega de la medalla y la insignia con el escudo de la ciudad, grabadas con la fecha del día de su distinción, y del bastón de mando del municipio, que será colocado en el frontal del paso sostenido por un querubín (que bien podría ser concejal perpetuo). Para entender esto conviene hacer un poco de historia.

A raíz del milagro bélico proespañol de Empel (en lo que hoy es Holanda), el 7 y 8 de diciembre de 1585, la Inmaculada Concepción se convirtió en patrona de los tercios españoles, y en consecuencia, de sus quintos, pues el patronazgo se extendió a la Infantería Española… y, desde 1760 y con ese cariz guerrero, a toda España, que para eso los españoles somos como infantes. Por ese mismo cariz bélico aparece su nombre añadido al de La Línea desde 1870. Aquel milagro, por cierto, consistió en que el agua del río Mosa se heló en el duro invierno del norte de Europa un mes antes de lo esperado —suceso inexplicable donde los haya— permitiendo el paso a nuestras tropas; no fue tan espectacular como lo de Moisés y el Mar Rojo, pero es que no eran tiempos de alardes. Ya el emperador Juliano se quejó de sus problemas con el congelamiento del Mosa y otros ríos, más al sur de Empel, pues eso facilitaba el paso de los bárbaros; Juliano, con su incultura religiosa, echaría las culpas a alguno de sus dioses paganos, pero ¿no sería que ya la Virgen estaba actuando, en este caso contra el apóstata?

            El currículum militar de la Virgen no acaba ahí, pues, como saben, Ella son muchísimas (no sólo tres, como Otro que yo me sé), y bastantes tienen un alto rango castrense: ni una sargenta, casi siempre capitanas generalas, y hasta una “generalísima” hay (la Virgen de los Desamparados, patrona de la Comunidad Valenciana). Las alcaldesas perpetuas de Sevilla y de Jaén son de las que unen la categoría militar acostumbrada (capitana generala) a la civil. La querencia por ese rango en nuestro ejército ya la exhibe otra señera Virgen patria, según escuchamos en la célebre jota:

La Virgen del Pilar dice

que no quiere ser francesa,

que quiere ser capitana

de la tropa aragonesa.

Y en estos versos teatrales de san [Sabina dixit] José María Pemán:

¡La Virgen capitana!

¡La Virgen andariega:

que desde la mañana

no para ni sosiega!

Pero la Inmaculada / no es ni coronela (perdón por continuar las inspiradas rimas pemanianas en modo asonante), contra lo que antes pude dar a entender —sin querer— al decir que tendrá quien le escriba desde La Línea. Sin embargo, el milagro que hizo en Empel puede ilusionar a más de un linense a la hora de buscar una solución al conflicto de Gibraltar: ¿y si le helara la sangre a Fabian Picardo, y a los que no dejan vivir a los pescadores, y tal vez a alguna autoridad española…?

Pero cuidado, que los llanitos tienen como patrona católica a su propia Virgen, Nª Sª de Europa, que no se queda atrás haciendo milagros. No es cuestión de alentar una batalla a lo Merlín-Morgana o Dumbledore-Voldemort, pues, además, las diócesis gibraltareña y linense se llevan de maravilla; la reciente no asistencia española a una oración convocada por la británica parece debida a algún malentendido (no he podido confirmar si es que alguien denunció que “estar ahí juntos rezando gibraltareños y españoles” es una oración demasiado copulativa).

Así pues, mejor buscar la vía pacífica que aquí propongo: si en Gibraltar nombraran alcaldesa perpetua a su patrona, otro gallo nos cantaría (u otro macaco nos chillaría): todos los problemas con la colonia inglesa serían asunto tan virginal que dejarían de oírse los acostumbrados lamentos, a uno u otro lado, de “ya están otra vez jodiéndonos” o “dándonos por culo” con la verja, las tasas o los bloques de hormigón.

Una idea similar ya parece muy extendida por toda España, y en particular en Andalucía, donde cada vez son más los municipios con su alcaldesa perpetua particular, y ya hay más que durante el nacionalcatolicismo; a menudo, ay, debido al milagroso fervor religioso/populista de los cargos de izquierdas, como en La Línea. De las capitales andaluzas, sólo Granada y Málaga carecen ya de alcaldesa perpetua (aunque la patrona de Granada sí que es capitana generala). Para la propia Inmaculada no es novedad un cargo como el linense. Hay que señalar, por cierto, que en el asunto de los regidores celestiales la paridad entre sexos brilla por su ausencia: hay pocos alcaldes perpetuos, y eso que no se trata sólo de santos y Cristos. Para que no se diga, en sitios como Puente Genil tienen a perpetuidad mandatarios celestiales de los dos sexos, en este caso un Cristo y la Inmaculada (esa duplicidad sí es muy común entre los patronos). Entre los perpetuos tenemos en varios lugares a Franco; ahí sigue ejerciendo, por ejemplo, en Huelva (junto a Nª Sª de la Cinta), donde el PP se niega a cesarlo, como sí se hizo en el caso de Algeciras hace un par de años por iniciativa del PSOE e IU. Pero no se preocupen, que no se han quedado desasistidos los algecireños, pues a la misma Junta de Gobierno se le olvidó revocar del cargo más-que-vitalicio a Nª Sª de La Palma.

            Siguiendo con nuestro asunto de hoy, resulta que Nª Sª de Europa es patrona no sólo de Gibraltar, sino de los católicos de Europa, como el avispado lector se habrá barruntado. Y digo yo, ¿por qué no nombrarla Presidenta Perpetua de la Comisión Europea? Y, claro, habría que animar en el mismo sentido al resto de continentes, que para eso tienen a Nª Sª de América, la Virgen de África, la Virgen de Oriente y Nª Sª de la Cruz del Sur. No sólo viviríamos en un mundo feliz, sino que como además las Vírgenes “llenas son de gracia”, nos podríamos reír sin necesidad de escuchar a ciertos presidentes, cierta secretaria general o cierto rey.

Viendo los beneficios que podría traer la concepción confesional de La Línea y de tantos otros municipios, puede uno llegar a entender la actitud antidemocrática de los alcaldes y alcaldesas terrenales que defienden tal concepción con nombramientos, patronazgos, medallas, bastones, fajines, procesiones, misas y romerías de carácter institucional. Ahora bien, si no pueden garantizarnos esa comunicación intervirginal y los milagros correspondientes, la justificación se esfuma. No quedan excusas para no ir por la vía democrática y de respeto neutral a la libertad de los ciudadanos para que sigan sus propias convicciones, religiosas o no. El nombramiento a perpetuidad linense, como el resto, se revela entonces como una mascarada, un esperpento propio de una España de torrentes, videntes y clementes (del Palmar). ¿Les faltó a esos alcaldes terrenales una clase de Educación para la ciudadanía en la que se les explicara la aconfesionalidad del Estado? La devoción mariana desmedida es más comprensible en el caso de los ediles del PP, pero, en el de Gemma Araujo y otros alcaldes y concejales de izquierdas (no todos, por fortuna), ¿no se dan cuenta de que esta exaltación de la virginidad femenina hasta el absurdo no es inocente?, ¿es que desconocen que un Estado democrático ha de ser laico?, ¿es que comulgan más con la Iglesia que con los derechos de los ciudadanos? A los socialistas ¿es que no les ha llegado la resolución laicista de la reciente conferencia política del PSOE?

La Línea “de la Concepción” revela una concepción de La Línea confesional, con un toque militarista y antifemenino. Tan confesional como rancio y poco democrático es el patronazgo católico no sólo de la mencionada Infantería, sino de todas las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que además siguen con sus capellanes pagados por todos, su impúdica asistencia a procesiones y actos litúrgicos… ¿Cuándo acabará esta confusión entre la cruz y la espada, cuándo se le quitara el cascabel confesional al gato militar y policial?

Asimismo confesional y poco democrático es que, de los nueve días festivos de carácter estatal para 2014, seis sean religiosos, y que la gran mayoría de municipios españoles estén bajo patronazgo católico. Repare cada lector en los patronos y patronas celestiales que deben ampararlo a cuenta de la Administración pública: uno o dos municipales, dos estatales, tal vez uno autonómico, y probablemente otro por su empleo u oficio (consulte a su farmacéutico y verá cómo la Inmaculada no sólo tiene tareas estatales, municipales y castrenses: ¡también universitarias!). Miro al cielo y me pregunto si la santa capa protectora, que es tupida, no estará contribuyendo al efecto invernadero. De ser creyente católico yo me ahorraría los seguros, aunque también, visto lo visto, sospecharía que hay una huelga general allá arriba que dura siglos, hasta diría que es perpetua cual virgen alcaldesa. Pero como ciudadano racional lo que realmente veo cubriendo España, y calentando hasta las leyes educativas, es una capa de beata superstición soportada por instancias públicas: ¿hasta cuándo nos pondrá chorreando a todos el agua bendita de los curas y obispos?

En definitiva, lo que me pregunto es cuándo disfrutaremos de una España en la que pueda haber muchíiiisimos católicos —o numerosísimos creyentes o increyentes en lo que sea— sin que eso signifique que tengan ningún tipo de privilegio, o menoscabo, por parte del Estado. Es decir, cuándo llegará el día en que podamos repetir las esperanzadas palabras que, con este sentido, Azaña pronunció en 1931: “España ha dejado de ser católica”.

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