La comunidad musulmana balear dispone ya de un lugar de enterramiento propio

El Ajuntament les ha cedido un terreno dentro de Son Valentí con capacidad para albergar 39 fosas

Tras más de diez años de espera, la Liga Musulmana de Balears ha conseguido su objetivo de contar con un espacio de enterramiento propio en el cementerio de Son Valentí de Palma, con espacio para 39 personas, donde poder darles sepultura según sus creencias y a las que se podrá acceder en régimen de alquiler durante cinco años.

La comunidad musulmana, que está formada en Balears por 30.000 personas, se mostró ayer satisfecha por este espacio de enterramiento cedido por el Ajuntament de Palma, aunque esperan poder ampliarlo en un futuro.

Opciones
Francisco Jiménez, presidente de la Liga Musulmana de las Islas, aseguró ayer que han sido diez años de espera para poder lograr un lugar «donde enterrar a los nuestros siguiendo el rito musulmán» pero, recordó, que es «sólo un principio». Ahora intentarán llegar a acuerdos con los ajustamiento que cuenten con comunidades musulmanas para solicitar que les cedan en los cementerios municipales lugares para sus enterramientos.

«Esperamos que, muy pronto, los musulmanes de las Islas contemos con nuestro propio cementerio», recalcó Jiménez.
En este sentido, el portavoz de la Liga Musulmana, Noredinne Belmeddah, recordó que hasta ahora, cuando fallecía alguna persona de religión musulmana en Balears había varias opciones. Por un lado, se podían pagar los costes de traslado a su país de origen, que suponían para las familias un coste de 5.000 euros.

Otra opción era trasladar los restos a Málaga, donde sí existe un cementerio musulmán pero, dada la elevada demanda, el Ayuntamiento ya ha prohibido el enterramiento de personas que no tuvieran residencia en dicha ciudad.

El presidente de la Liga Musulmana explicó que el enterramiento musulmán comienza con la limpieza del cuerpo del fallecido con agua tibia y, posteriormente, es envuelto en un sudario.

La fosa debe ser excavada con dirección a la Meca y manualmente, sin utilizar ninguna máquina; después se colocan unas placas de hormigón para aislar el cuerpo del contacto directo con la tierra. A continuación, un grupo de musulmanes debe rezar al difunto antes de que sea introducido en la fosa, y cubierto con tierra para, finalmente, llevar a cabo la oración conocida como «id».

Por el momento, este rito no se podrá celebrar completo ya que las ordenanzas municipales no permiten enterrar a los muertos sin ataúd, aunque los musulmanes tienen la promesa de la Dirección General de Relaciones Institucionales del Govern, de que se modificará la norma este mismo año.

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