La clase de Religión, en cuarentena ‘pública’. Directores se quejan por romper grupos burbuja, y profesores de religión la defienden

La actual situación de escolarización con la pandemia de la covid-19 añade un problema más a la existencia de clases de religión en los centros escolares. Lógicamente los profesores, obispados, católicos,… defienden el mantenimiento de sus clases de doctrina religiosa, rechazando los problemas, no solo organizativos, sino de vulneración de la aconfesionalidad y de la libertad de conciencia, que genera la presencia en las escuelas de esta asignatura confesional, además de la discriminación entre el alumnado. Algo que lamentablemente tampoco los sucesivos Gobiernos terminan de entender.


Comienza el año escolar en toda España. Nueva normalidad, pero viejos debates. Un curso más, la asignatura de Religión en el disparadero. Directores de centros públicos de todo el país protestan por la “complicación” organizativa de la materia, puesto que es la única que obliga en Infantil y Primaria a dividir alumnos con su asignatura espejo: Valores; es decir, los ya implantados grupos burbuja o estables que pretenden reducir al máximo el contacto para evitar contagios.

Razón para que, una vez más, algunos equipos directivos planteen sus dudas sobre el encaje de una asignatura confesional en las aulas, pese a que el 52% de los alumnos de la pública eligen la materia. Entre tanto, pese a la buena voluntad de algunos directores, los profesores de Religión consideran que, con o sin intención, se está menospreciando la asignatura.

“Hay una confusión sobre las instrucciones que se han dado: no se pueden mezclar grupos burbuja o estables, pero en ningún momento se ha dicho que el grupo no se pueda dividir siempre que se respeten las medidas de distancia, indica a Vida Nueva Susana Vilar, presidenta de AMRC (Asociación de Maestros de Religión de Cataluña), el sindicato mayoritario en dicha comunidad.

“En tercero de Primaria, 17 niños vienen a mi clase y los otros se quedan en el aula haciendo Valores con su tutor. ¿Cuál es el problema?”, se pregunta la también profesora, que lleva 29 años dando clase. “Es verdad que en algunas escuelas, si la ratio de la suma de dos grupos no pasaba de 25 niños se cogían juntos”, pero existen soluciones: “He propuesto, por ejemplo, en lugar de hora y media a cada grupo, dar 45 minutos a cada uno”.

Vilar considera que “hay mala intención por parte de algunos equipos directivos. Si verdaderamente somos un problema, podríamos aceptar que este curso no se imparta la asignatura, pero tampoco otras especialidades. Y la Generalitat ha enviado unas directrices claras: la asignatura se impartirá como cualquier otra especialidad”. Ella misma conoce del caso de profesores de Religión a los que se les dice que no pueden ir por todas las clases por seguridad, pero luego les encargan que den refuerzo de Matemáticas o Lengua en todos los cursos.

“¿Qué tenemos que entender de esto?”, se pregunta. Ella solo pide que “no se aprovechen de esta situación para eliminar la materia”, porque los profesores de Religión están dando facilidades. “En mi aula, de 9 a 10 está primero de Primaria y de 10 a 11 otro grupo. Entre medio se desinfecta”, reconoce. “¿La Religión rompe los grupos burbuja? Eso es un ataque”, afirma.

De Barcelona a Madrid, Inmaculada Florido, la delegada de Enseñanza de la Archidiócesis madrileña, también saca la cara por la asignatura. “Con la normativa que ha salido en Madrid, los grupos burbujas no son indispensables. Es decir, si hay necesidad, se pueden romper siempre que se garantice la distancia. Por ejemplo, si nos topamos con un grupo con 5 alumnos y otro con 4, pueden juntarse los dos grupos en un aula”.

“Llevamos tiempo peleando con el tema de la organización, porque unos directores deciden de una forma y otros de otra, ya que tienen autonomía para organizar la docencia. Pero están buscando soluciones y confiamos en ello”, agrega. Florido mantiene que ve “buena voluntad e intenciones, pero se está menospreciando a la asignatura aunque no sea de forma consciente”. Por eso, desde la delegación diocesana se reclaman instrucciones claras por parte de la Consejería a los directores.

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