La ciencia como una luz en la oscuridad de nuestra sociedad

La crítica, el análisis objetivo, la no creencia en autoridades sino en razones comprobadas siempre han molestado a los estamentos de poder humanos,  y no importa si estos eran políticos, religiosos, económicos, o las tres cosas a la vez, que suele ser también bastante habitual. Estos estamentos de poder utilizan con frecuencia el argumento de autoridad, en cambio, la ciencia, lo que debía ser la ciencia, lo aborrece, pues es el primer paso hacia el engaño, hacia justificar algo no porque los hechos lo digan, sino porque una consideración de jerarquía social lo impone. Es cierto que muchos científicos recurren a veces a este argumento, aunque lo disfracen de otra forma, pero también es cierto que cuando se recurre a él no se está haciendo realmente ciencia, sino otras cosas bien diferentes; más relacionadas con los intereses personales y con los condicionamientos sociales que con lo que de cara a fuera se pretende. Por ello, se debe tener bien presente y clara la diferencia entre científicos y ciencia, los primeros humanos y, por tanto, sometidos a las venalidades y banalidades de la naturaleza humana, y la segunda, aunque de creación humana, con un método que evita estas falsificaciones. Como indicaba el brillante pensador y astrónomo Carl Sagan:

Una de las razones del éxito de la ciencia es que tiene un mecanismo incorporado que corrige los errores en su propio seno. Quizá algunos consideren esta caracterización demasiado amplia, pero, para mí, cada vez que ejercemos la autocrítica, cada vez que comprobamos nuestras ideas a la luz del mundo exterior, estamos haciendo ciencia. 1

Carl Sagan tiene razón, si bien la ciencia como tal sigue el método científico, si por algo se caracteriza es por esa crítica y autocrítica, por comprobar lo que creemos y vemos. Y a esta, a la ciencia, la podemos encontrar en los lugares y en la gente menos pensada.

El pequeño grupo de cazadores sigue el rastro de huellas de cascos y otras pistas. Se detienen un momento junto a un bosque de árboles. En cuclillas, examinan la prueba más atentamente…Rápidamente deciden qué animales son los responsables, cuántos son, qué edad y que sexo tienen, si hay alguno herido, con qué rapidez viajan, cuánto tiempo hace que pasaron, si los siguen otros cazadores, si el grupo puede alcanzar a los animales y, si es así, cuánto tardarán. 1

Esta es una escena de caza protagonizada por el pueblo Kung San en el desierto del Kalahari y describe el profundo conocimiento y análisis que hacen del medio natural estos cazadores. Analizando detalles como:

Las huellas de un animal  que se mueve de prisa muestran una simetría más alargada. Un animal ligeramente cojo protege la pata afligida, le pone menos peso y deja una huella más suave. Un animal más pesado deja un hueco más ancho y profundo. Las funciones de correlación están en la cabeza de los cazadores. 1

Y estas cabezas, las de estos cazadores del Kalahari, son verdaderamente brillantes.

En el curso del día, las huellas se erosionan un poco. Los muros de la depresión tienden a derrumbarse. La arena levantada por el viento se acumula en el suelo del hueco. Quizá caigan dentro trozos de hojas, ramitas o hierba. Cuanto más espera uno, mayor es la erosión.
Este método es esencialmente idéntico al que usan los astrónomos astrofísicos para analizar los cráteres dejados por el impacto de planetoides…1

Qué cantidad de conocimientos hay por todo el mundo, por todos los lugares y culturas, y qué poco valorados. La ciencia, y no por casualidad, es poco amiga de ese egocentrismo arrogante que no quiere aprender de otros, que no quiere un rico intercambio de culturas.
La ciencia, seamos conscientes de ello o no, nos rodea e impregna. No podemos vivir sin ella, la necesitamos para sobrevivir, y muy especialmente para entender el mundo donde vivimos. Es cierto también que esta se puede usar no para el bien, no para enriquecer nuestro conocimiento y compartirlo con los demás, con los de nuestra cultura y con los de otras culturas, sino para hacer el mal. Pensada para dañar a otros, para engañarles, robarles, explotarles o incluso quitarles la vida. El ser humano, tristemente, ha empleado las mayor parte de las veces sus avances, sus conocimientos, para dañar a otros congéneres, más que para buscar la concordia y el acuerdo. Los enormes y destructores ejércitos, con sus letales armas, son un claro ejemplo de ello. No buscan la paz, aunque hablen constantemente de ella, sino la imposición, el sometimiento y principal y fundamentalmente la violencia como modo de lograrlo. Es triste también, que pese a todos los abusos cometidos por el poder económico y político del momento sobre innumerables personas, países y culturas a lo largo del mundo, los mismos científicos, con el grado de poder que tienen dado su prestigio, estén silenciosos, miren hacia otro lado, como si aquello no fuese con ellos y fuese realmente algo en lo que no deben inmiscuirse, eso cuando no están directamente apoyándolo.
Sin embargo, y a pesar de todo este lado negativo que puede provocar la misma ciencia pensada con un sentido nada positivo, es el mismo pensamiento crítico, la misma ciencia, la que nos ayudará a desenmascarar estas ocultas y nada bien intencionadas actuaciones.
 La crítica basada en evidencias y hechos de nuestros estamentos y jerarquías sociales: políticas, religiosas y económicas, es el camino a seguir para reconducir a nuestra sociedad hacia unos hábitos de respeto, de concordia y de tolerancia, que son los que traerán su bienestar, y los que finalmente garantizarán su supervivencia.
Carl Sagan hacía una crítica muy profunda y sincera de su propia sociedad, de la sociedad estadounidense:

Preveo cómo será la América [Estados Unidos] de la época de mis hijos o nietos: Estados Unidos será un economía de servicio e información [en realidad de desinformación y entretenimiento]; casi todas las industrias manufactureras clave se habrán desplazado a otros países; los temibles poderes tecnológicos estarán en manos de unos pocos y nadie que represente el interés público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes;  la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad. 1

Tenía razón, la gente, y no solo de Estados Unidos, ha perdido esa capacidad de cuestionar con conocimiento las decisiones políticas o económicas que se toman en sus sociedades. Y la ha perdido porque  está muy poco formada e informada, y no solo por el sistema educativo en escuelas, institutos e incluso en universidades, sino principalmente porque los medios de comunicación y la publicidad comercial que están omnipresentes y que aparecen en cualquier lugar y hábito de nuestras vida han contribuido a ello. Estos medios de comunicación y esta publicidad comercial tienen unos mismos dueños, unos mismos patronos, que lo que han hecho no ha sido formar o informar, sino hacer una sociedad de personas consumistas, sin voluntad propia, sin conocimientos, sin información. Es la tragedia que vivimos hoy en día en la propia Europa y también en Estados Unidos, personas que no controlan nada en absoluto de su propia sociedad, que no tienen influencia en las decisiones fundamentales que se toman en ella, sean estas políticas, económicas, religiosas, culturales e incluso científicas.

La caída en la estupidez de Norteamérica se hace evidente principalmente en la lenta decadencia del contenido de los medios de comunicación, de enorme influencia, las cuñas de sonido de treinta segundos (ahora reducidas a diez o menos), la programación de nivel ínfimo, las crédulas presentaciones de pseudociencia y superstición, pero sobre todo en una especie de celebración de la ignorancia. 1

Es realmente humillante y vergonzoso como hoy en día se celebra la ignorancia, especialmente la ignorancia política, pues como bien hablaba Bertolt Brecht el peor de los analfabetos es el analfabeto político. Recordémosle:

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales

 No olvidemos que históricamente, tanto la ignorancia como la superstición han sido utilizadas para la explotación de las personas, y este tiempo presente en absoluto es una excepción.

Ante este paisaje desolado y desolador de nuestras sociedades actuales no cabe la desesperanza, la dejadez, la pereza intelectual, esto no es propio de personas que merezcan un futuro mejor. Tenemos infinidad de medios, organicémonos con personas que estén por la labor, aprovechemos la enorme cantidad de conocimientos que tenemos hoy, utilicemos un medio como la red de internet para aprender, para formar e informar, para comunicar nuestras inquietudes, para establecer alianzas de paz y progreso alrededor del mundo. No demos más poder a las ya muy poderosas corporaciones económicas: evitemos comprar sus productos, compremos en mercados locales, en empresas o asociaciones alternativas; no sigamos la cadena de engaño y desinformación de sus medios de comunicación, que son todo el espectro de grandes canales audiovisuales e impresos, seamos divulgadores de los hechos, creemos canales de comunicación propios, comuniquémonos con el resto del mundo con esa poderosa red, salgamos de nuestro aislamiento.  Utilicemos la tecnología de forma creativa, para ser autosuficientes, para no depender de los intereses egoístas de los monopolios de las enormes compañías económicas. 
Todas estas cosas que menciono y otras muchas más no son difíciles de lograr, son en realidad perfectamente posibles y enriquecedoras. No todo el mundo es perezoso o falso, el mundo está lleno de gente con talento y con ganas de mejorarlo. Muchas veces pensamos que estamos solos en esto, cuando en realidad desconocemos que no estamos tan solos, que esa supuesta soledad está muy compartida, que muchas otras personas piensan y sienten como nosotros.
No dejemos que la oscuridad invada un mundo que puede estar lleno de luz, y la ciencia, no se nos olvide, es un poderoso y valioso aliado para evitarlo.

Notas:
(1) Carl Sagan. El mundo y sus demonios. Planeta. 2000. Título original The Demond-Haunted World. 1995.
Esta obra de Carl Sagan es muy recomendable, animo a ir a una biblioteca y entrar en ella, o a que forme parte de nuestra propia e íntima biblioteca.

Luz vela

Enciende una luz y no maldigas a la oscuridad (proverbio)

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