La buena muerte

La primavera en Andalucía no es buena época para esto del laicismo. A poco que te equivocas de carretera o de canal de televisión, te arrean una romería con su santo, su cura y su muchachada más o menos ebria (por supuesto de devoción con hielo y cocacola) jaleando vivas a los santos patronos mientras la cohetería deja un aroma, snif, de pólvora en el cielo y la banda perpetra un pasodoble que mece la peana.

La consejera de Salud, que tiene esa buena pinta ella de andaluza hermosica y parece que lista, anunciaba el sábado la inminente regulación por parte de la Junta de Andalucía del derecho a una muerte digna. Un jodido asunto que pone de los nervios a la patronal católica, que sigue teniendo en exclusiva el negocio de repartir pasaportes a la eternidad, viáticos al limbo y condenaciones al puto infierno. No tengo claro si en el paquete de la extremaunción entra un descuento para una esquela en la COPE, un obituario a dos voces entre Rouco y Losantos.
Entre por la cosa de caerle bien a la consejera (nunca se sabe), y atizarle al clero, iba yo a regodearme con la vistosa modernidad de la milenaria Andalucía. Mientras otros bárbaros del norte están con la boina ilegal de los referéndum nosotros andamos en los cielos de Bergman o de Arthur Koestler poniéndole un suelo de ley a la exigencia ética de la muerte si dolor, antiguamente eutanasia. Apenas ayer estábamos corriendo terratenientes y ocupando fincas y ahora lo que nos preocupa es que la gente quiera morir agustito al compás de una copla de Lennon. O de Silvio. Esta sí que debe ser la tercera modernización.
Me pongo al tajo de recabar más datos y lo que me encuentro en los periódicos de ayer es una bandada (andan días iguales persiguiéndose) de exaltaciones lúdico religiosas. En La Luisiana han sacado al patrón en procesión para que España gane la Eurocopa. El alcalde, naturalmente de Izquierda Unida, se ha apresurado a declarar que "falta nos hace" y que si la cosa va bien puede convertirse en una tradición. Un periodista sevillano, con dos o tres litros de gomina a cuestas, tuvo el honor de pronunciar el trigésimo séptimo pregón de la exaltación mariana de la "Pura y Limpia" (sic). En Morón de la Frontera, también conocido por la base de los yanquis, el ayuntamiento ha decidido nombrar a María Auxiliadora alcaldesa de honor, lo que ha provocado una febril discusión entre historiadores y antropólogos, unos a favor y otros no del todo en contra. Aquí debo decir que si se hubiera tratado de otra virgen me habría mostrado obcecadamente hostil, pero después de once años en los salesianos ("dulce faro de la mar") debo mostrarme muy enfadado. En vez de alcaldesa honoraria, alcaldesa y punto.
En Andalucía lo del laicismo es mear contra el viento. Tengo la forme convicción de que los arcenes de la A-92 se hicieron para favorecer el despliegue de las hermandades hacia las marismas. También creo que los grandes emprendedores son aquellos que crean nuevas cofradías. Así que me encanta que Andalucía sea pionera en la regulación del derecho a morir, siempre y cuando al moribundo se le cante la reglamentaria salve rociera.

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