La blasfemia: entre el pecado y el delito

Irlanda acaba de eliminar este delito en su Constitución. En otros países de la UE conlleva penas de multa o de cárcel

Con la decisión de Irlanda el pasado domingo de eliminar el delito de blasfemia de su Constitución, se abre el debate en torno a una práctica que conlleva penas de multa e incluso de cárcel en otros países europeos. “La ley italiana, por ejemplo, es muy problemática”, explica Jocelyn G. Kestenbaum, profesora y autora de un estudio sobre las leyes de blasfemia en el mundo. Advierte a su vez de que la nueva ola de nacionalismos y populismos puede reforzar una ley que oprime minorías y silencia opiniones críticas.

La blasfemia es la palabra o expresión injuriosa contra alguien o algo sagrado, dice el diccionario. Un término que en Irlanda dejó de tener efecto punitivo el pasado fin de semana tras un referéndum que avaló dejar atrás castigos de hasta 25.000 euros de multa por blasfemar. En Europa, algunos países siguen manteniendo políticas que tratan la blasfemia como delito, y lo ha convertido en un debate debido a que diversos grupos piensan que es un obstáculo dentro de la libertad de expresión.

En su artículo 40.6.1 la Carta Magna prohibía la declaración “abusiva o injuriosa en relación con los elementos sagrados de una religión que pudiera indignar a los propios fieles”. La condena, una multa de hasta 25.000 euros, dejó de sentenciarse desde el año 1855, cuando el último imputado por blasfemia tuvo que someterse por quemar una biblia, aunque finalmente acabó absuelto. También tuvo repercusión las palabras de Stephen Fry, un famoso humorista, que tildó a Dios de “mezquino”, o “maníaco”, pero la propia investigación fue cerrada por la propia policía. El ataque a los símbolos religiosos está recogido en diferentes leyes de varios países Estados miembros, a pesar de que diferentes asociaciones o instituciones, como el Consejo de Europa, han pedido que sean eliminadas. Varios países mantienen una ley que puede conllevar desde una multa hasta penas de cárcel.

LA BLASFEMIA EN LA UNIÓN EUROPEA

La situación en la Unión Europea en cuanto a las diferentes leyes que restringen la injuria contra la religión o las personas tiene aún vida en varios países. Para los opositores pueden resultar en “intolerancias y consecuencias devastadoras para la sociedad”, según un estudio de la Comisión de Libertad religiosa del Estados Unidos, que apunta especialmente a la libertad de expresión como la mayor perjudicada, a pesar de que la mayoría de los Veintiocho no suele llevar a los tribunales este delito, puesto que o no existe o es leve. Dentro de los datos que muestra esta investigación, Italia, Grecia, Alemania, Polonia, España, Austria, Dinamarca, Chipre y Finlandia, son los países europeos que todavía recogen el delito de blasfemia.

Italia es una de las peores paradas en el estudio, puesto que aparece como una de las siete primeras en el índice en cuanto a castigos más duros por el delito de la blasfemia. En el ránking, solo se sitúa por detrás de Irán, Pakistán, Yemen, Somalia, Egipto y Qatar. La ley italiana, amparada por el Código Penal, conlleva penas de dos a tres años de prisión o 310.000 euros de multa, por casos, por ejemplo, como el de insultar a Dios. “La ley italiana es muy problemática”, explica Jocelyn Getgen Kestenbaum, autora del estudio y profesora de la Escuela de Derecho Cardozo desde su despacho en Nueva York. “Los datos muestran la falta en libertad de expresión, libertad de credo y la vaguedad de la ley, que no es demasiado específica por lo que puede hacer dudar sobre lo que es o no permisible”, afirma.

En Grecia, “cualquiera que exprese públicamente o maliciosamente blasfemia contra la Iglesia Ortodoxa de Grecia u otra religión será castigado”, afirma. Alemania, por su parte, a través de su normativa de 1998 impone multas y prisión de hasta tres años si “disturba la paz social”. Estos casos comprenden condenas de prisión que hoy en día siguen contempladas en la legislación. Otros países, como es el caso de Irlanda o España, aparecen en el documento como los más laxos en estos términos. España, que en su Constitución arguye la laicidad del Estado, derogó la ley sobre la blasfemia de la época franquista, pero evolucionó para convertirse en el artículo 525 del Código Penal, que promueve penas de hasta 8 meses de multa para quienes “ofendan los sentimientos de los miembros de una confesión”. En los últimos acontecimientos, se ha podido ver la repercusión de las palabras del actor Willy Toledo, que se encuentra imputado por un presunto delito contra los sentimientos religiosos por “cagarse en Dios” y por su no comparecencia en el juzgado.

El resto de los países como Finlandia, Polonia o Dinamarca también tienen como premisa la cárcel o multas elevadas. Unos casos que en otros países del entorno europeo, con Irlanda como último caso, no contemplan. Algunas organizaciones consideran que estas leyes provocan una limitación de la libertad de expresión.

Uno de los problemas de la persecución de la blasfemia es que suele darse debido a la religión imperante en los tiempos pasados de un país. Por ejemplo, un país con una cultura cristiana perseguía los actos que desprestigiaban a esta religión.

La mayoría de los países crearon estas leyes para proteger la organización social y a la Iglesia, pero actualmente, lo más común es que el hecho de blasfemar no se denuncie ni se llegue hasta los tribunales. “La implementación es algo diferente. Los países pueden decidir no imponerla”, apunta la profesora. Pone como ejemplo el caso italiano, que actualmente tiene causas abiertas en los juzgados, mientras que en países como Irlanda, no aplicaban estas normas desde hace más de un siglo. La UE, a pesar de esta situación, tiene en desuso este tipo de leyes y raramente se pueden volver a dar. Preguntada por el futuro de este tipo de leyes en el mundo, Jocelyn piensa que todo depende de la sociedad y de los gobernantes. “Aunque los países no las estén llevando a cabo ahora, pueden volver a imponer estas leyes”, especifica. En su opinión, pueden volver a darse en “países con una ola nacionalista o populista”, puesto que los nuevos gobiernos pueden “girar las políticas” para retomar unas leyes que “al estar en los libros, tienen el potencial de volver a ser usadas”. La pregunta que puede surgir es: ¿qué es discriminación? “Es difícil saber qué ofende a Dios o a las religiones, solo es una ofensa a través de los ojos de a quién molesta”, argumenta la profesora.

Irlanda ha decidido dar el paso de abolir la palabra “blasfemia” de su Constitución para que no pueda ser usada en contra de las personas. Aún queda un camino por delante para muchos Estados europeos y mundiales, que siguen viendo en este acto una ofensa que puede conllevar penas de multa o incluso cárcel.

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