La Bebé Alcaldesa de El Ejido

El 27 de febrero, el Pleno del Ayuntamiento de El Ejido aprobó, con los votos del PP y el rechazo de toda la oposición, el nombramiento de la “Divina Infantita” como Alcaldesa Honoraria del municipio. Se une así este municipio a la fiebre neonacionalcatólica por la que la madre de Jesús, con distintos alias o advocaciones, se está haciendo con el poder municipal, a perpetuidad, de muchísimos pueblos y ciudades españolas (como el de las capitales andaluzas, salvo Málaga y Granada, aunque, en el caso de la última, al menos es Capitana Generala).

A la vez que los alcaldes, otros cargos —ministros, príncipes y rey incluidos—, se unen a las genuflexivas peticiones y honores a poderosos seres del más allá. Esta fiebre confesional nunca ha remitido del todo tras la muerte del dictador. La llegada de los socialistas al poder —a distintos niveles—, elevó, sorprendentemente, la temperatura piadosa del país. Tal vez para que no se les tachara de comecuras, y, sobre todo, para ganarse el voto de los creyentes católicos y de los devotos —a menudo de creencias poco católicas— de Vírgenes y santos locales, los socialistas, y a veces los IUnistas, se apresuraron con entusiasmo de neoconversos a promover romerías, ofrendas y procesiones que hoy ya se consideran “tradicionales”. En mi propia tierra, Granada, así ocurrió con la ofrenda floral a la Virgen de las Angustias.

            Por eso, no está mal recordarle al PSOE de El Ejido que apoyó con sus votos, en 1993, que la Divina Infantita fuese la patrona municipal. Aunque hay que celebrar que ahora cambie su actitud, pero ¿lo suficiente para retirar aquel patronazgo? También hay que señalar que sólo hace unos meses que una alcaldesa socialista (de vulgar carne y hueso), la de La Línea, entregó el bastón de mando a la Virgen de Europa como alcaldesa perpetua.

            Nuestro deber de ciudadanos es considerar con seriedad las acciones de nuestras autoridades. Tengamos en cuenta que personas tan sensatas como los militares tienen, como patronos, a seres ultramundanos: Vírgenes y santos. Por eso, yo no dejo de animar a los ciudadanos regidos por tan divinas autoridades a que aprovechen la ocasión y pasen por registro todo tipo de solicitudes y demandas justas, pues las Vírgenes, en particular, no podrán dejar de la mano de su Hijo a los pueblos y ciudades de los que son regidoras.

            Pero, en aras de la misma seriedad, con la Divina Infantita, también conocida como la Virgen (o Inmaculada) Niña e incluso la Virgen Bebé (así, como bebé, se apareció por primera vez a una monja mexicana en 1840), me asaltan dudas que seguramente me sabría resolver cualquier alcaldesa o coronel: ¿sabrá leer esas demandas? (la Virgen Bebé, digo, no la alcaldesa o el coronel).Y, aun si así fuera y pudiera balbuceárselas a su Hijo (que es quien, no olvidemos, obra finalmente los milagros, junto a las otras dos Personas), ¿es lícito cargar con una responsabilidad así a alguien de tan tierna edad?, ¿no será un caso de abuso de menores, de explotación infantil? Si se me responde que, en realidad, la Virgen tiene más de 2.000 años, ¿no caemos en otro extremo reprobable, el del abuso de (muy) ancianos? Y, al margen de estas dificultades, ¿gestionará debidamente la Divina Infantita las demandas de las ciudadanas que exijan en El Ejido, pongamos por caso, su derecho al aborto?

Ejido Divina Infantita

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