La amenaza islamista, en casa

La amenaza islamista está cada vez más presente en Kenia. El terrorismo de Al Shabaab, una amalgama de grupos radicales que se dedican a cometer atentados y secuestros en el nombre de Alá, acecha en cualquier esquina de cualquier poblado o ciudad. Sus ciudadanos se sienten cada día más en peligro y las medidas de seguridad son constantes en las grandes ciudades como Nairobi, la capital.

Para luchar contra el terrorismo, el Gobierno de este país africano está llevando a cabo una operación militar dentro del territorio de su vecina Somalia, el templo de los islamistas. Pero el enemigo no se gesta al norte de su frontera, sino en el seno de su propia sociedad.

Hace dos semanas fue condenado a cadena perpetua un joven llamado Elgiva Bwire Oliacha por pertenecer a Al Shabaab y ser el autor intelectual de dos atentados en la capital. Los orígenes del terrorista no pueden ser más inquietantes. Procedente de la región colindante con Uganda y criado en una familia estrictamente católica, Bwire se convirtió al Islam más radical en las mezquitas kenianas de Mombasa y Nairobi.

Justos por pecadores

La comunidad musulmana, en la que destacan los numerosos miembros inmigrantes de etnia somalí, apoya en su mayoría la operación militar y las medidas de seguridad planteadas por el Gobierno, pero afirman sentirse víctimas de la psicosis colectiva que azota el país ante los atentados de los radicales.

Elgiva Bwire Oliacha, miembro de Al Shabaab, condenado por cometer atentados. | Reuters

Juma Ngao, presidente de la Consejo Nacional de kenianos musulmanes, afirma que la lucha contra el terror no debería servir de excusa a la policía para hostigar a los mahometanos, según ha explicado al diario local 'The Standard'.

Addow Mohamed, un residente del barrio de Eastleigh de Nairobi (donde se concentra la población somalí) y trabajador de la principal mezquita de la ciudad, ha declarado a ELMUNDO.es que la que fuera una comunidad próspera hoy se ve gravemente afectada por la reciente "desconfianza de los cristianos hacia los musulmanes".

"Si eres de Somalia, creen que eres un pirata o un terrorista, aunque hayas nacido en Kenia", ha explicado Mohamed, que lamenta que -cuando salen a la calle- sus hermanas tienen que sufrir insultos y desplantes por sus atuendos. Incluso mantiene que a las personas con rasgos típicos del país vecino no se les permite usar algunos transportes públicos. Eso sí, según él son los demás viajeros quienes los echan y no los conductores.

Por otro lado, este keniano de origen somalí reconoce que entre su comunidad se esconden algunos terroristas. "Ése es el problema. No puedes saber quién pertenece a Al Shabaab y quién no. Pero las fuerzas de seguridad deberían investigar para enterarse y no detener a la gente sin ningún criterio detenerlos y, a veces, hasta maltratarlos", cuenta.

Un problema que empezó hace tiempo

Hace unos meses, la ONU publicó un informe que defendía que algunas redes musulmanas de Kenia se dedicaban a financiar a los terroristas. El propio Juma Ngao sostiene que este documento debe tenerse muy en cuenta. Al fin y al cabo, es un problema que viene de largo. "Los reclutamientos [en Kenia] empezaron en 2005", afirma el líder musulmán. "Se hace en mezquitas de todo el país: Mombasa, Kwale, Lamu, Nairobi y muchos más. Una serie de imanes a los que les han lavado el cerebro hacen lo mismo con los muchachos. Incluso captan a jóvenes no musulmanes a los que pueden controlar fácilmente porque no entienden el Islam", añade.

Las organizaciones islámicas afirman estar luchando contra esta nueva lacra, pero se quejan de que no tienen dinero y, por tanto, poco pueden hacer. De hecho, algunos representantes, como Ngao, reclaman financiación del Gobierno para poder "conducir la educación cívica".

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