La amenaza integrista: una quincena de imanes radicales propaga el salafismo en Catalunya

El salafismo, la corriente más radical del islam, se está extendiendo entre las comunidades de inmigrantes musulmanes, sobre todo marroquís, en Catalunya. Así lo han constatado las Fuerzas de Seguridad del Estado, que han detectado que en los últimos dos años han llegado una quincena de imanes marroquís extremistas que, de forma organizada, han ido haciéndose con el control de mezquitas en las provincias de Tarragona y Barcelona.

Según un mando policial especializado en islamistas, «los salafistas podrían tener una estrategia planificada de penetración en Catalunya para que esta corriente acabe siendo mayoritaria entre los inmigrantes». La policía investiga qué organización está detrás de esta penetración salafista y de dónde consiguen los nuevos imanes los cuantiosos recursos financieros de que disponen. La inmensa mayoría de los inmigrantes marroquís en Catalunya, por ser musulmanes sunís malakís, practican un islam mucho más tolerante y abierto que el salafista. «Los nuevos imanes», asegura la misma fuente, «radicalizan a los inmigrantes que ya están instalados en Catalunya y a los que llegan de nuevo, les convencen para que se encierren en su comunidad y en su religión, y demonizan cualquier forma de integración en la sociedad catalana».

GOTEO CONSTANTE

El fenómeno empezó hace dos años y se va desarrollando con rapidez. Hasta entonces, Catalunya estaba libre de los seguidores de esta corriente radical. Los salafistas que había en España eran argelinos y la mayoría de ellos estaban concentrados en Levante, sobre todo en Alicante. Poco a poco, han aterrizado en Catalunya marroquís con el objetivo de conquistar las mezquitas y oratorios existentes. Actualmente la policía calcula que «este goteo regular» ha hecho que en Catalunya haya ya entre 12 y 15 mezquitas salafistas con imanes «muy activos».

GANARSE A LA COMUNIDAD

Las fuerzas de seguridad han comprobado que el modo de operar de estos individuos es calcado en todos los casos. El primer paso de los recién llegados consiste en intentar ocupar el puesto del imán local, por regla general un inmigrante de la localidad con algún conocimiento de la religión musulmana. «Para conseguirlo, lo primero que hacen es desacreditar al imán ante el resto de inmigrantes», señala la fuente. «Se presentan en la mezquita y se dedican a dejar al imán en ridículo: le interrumpen en medio de un sermón, dicen que no tiene ni idea de lo que predica y rebaten sus prédicas con argumentos religiosos», añade el mando policial.

Estos recién llegados disponen además de importantes cantidades de dinero que usan para ganarse la confianza de la comunidad. «Los inmigrantes ven que el nuevo imán, nada más llegar, ya tiene alquilado un local para una nueva mezquita», explica el mando policial, quien puntualiza: «Y si no logran ocupar la mezquita, crean un oratorio nuevo e intentan atraerse a los inmigrantes».

NO A LA INTEGRACIÓN

«Una vez con la mezquita en su poder, los nuevos imanes empiezan a hacer proselitismo e inocular el salafismo entre los inmigrantes», afirma la fuente. Todos estos imanes presentan rasgos comunes. Llegan individualmente y actúan de forma aparentemente espontánea para que parezca que no pertenecen a ningún grupo organizado. Y su desahogo económico les permite quedarse fuera del sistema público, es decir, no se empadronan ni ellos ni sus familias, no llevan a sus hijos a la escuela y, si tienen problemas de salud, acuden a la sanidad privada. Es decir, rehúyen todo control.

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