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La alargada sombra del ‘guardián del laicismo’

La tradición golpista del ejército turco tiene una alargada sombra. Los militares se han visto tradicionalmente a sí mismos como “guardiantes de la democracia” en Turquía, garantes del estado laico y de los principios establecidos por Mustafa Kemal Atatürk, el padre del Estado turco moderno. Desde la fundación de la república turca, en 1920, el ejército ha intervenido siempre que ha deseado un cambio efectivo de rumbo en la política. A lo largo del siglo XX, Turquía ha vivido cuatro asonadas militares. La primera, en 1960, los militares derrocaron al primer ministro Adnan Menderes. Él y todo su Gobierno fueron juzgados. Un año después, Menderes fue ahorcado, junto a su ministro de Exteriores y su titular de finanzas. En 1971, los uniformados volvieron a las andadas para deshacerse del primer ministro conservador Suleiman Demirel. Había ganado en 1965 las elecciones, convirtiéndose en el primer jefe del Ejecutivo democráticamente elegido de la historia del país. Cuando llegó su hora, los militares no lo liquidaron. Incluso ascendió a la Presidencia, entre 1993 y 2000.

En 1980, después de meses de violencia entre izquierdistas y derechistas que pusieron al país al borde de la guerra civil, la institución castrense intervino para tomar el poder. Esa vez, EEUU apoyó a los militares turcos en un intento de buscar la estabilidad en una región que ya había tenido bastante con el advenimiento de la República Islámica en Irán, en 1979, y con la guerra que los soviéticos estaban librando en Afganistán. Washington estaba en plena crisis de los rehenes y vio con buenos ojos que Kenan Evren, el líder del golpe, se convirtiera en nuevo presidente y reescribiera la Constitución preservando a los uniformados la última palabra en política.

En 1997, los cuarteles impusieron su orden ante la coalición de gobierno liderada por el islamista Necmetin Erbakan, por el temor a que éste trastocara la naturaleza laica del Estado creado por Atatürk y lo transformara en una república teocrática. El ejecutivo fue entregado a los seculares.

Cuando el actual presidente, Recep Tayyip Erdogan, llegó al poder como primer ministro, en 2002, antes de que comenzara su deriva autoritaria, muchos analistas pensaron que sería el líder que domaría al ejército. Desde que Erdogan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) tomaron las riendas del país, su estrategia ha sido depurar a los generales y debilitar las antaño omnipotentes fuerzas armadas turcas. Para cumplir los estándares de la Unión Europea, Ankara tomó medidas para poner los cuarteles bajo el dominio civil. Bajo la égida del nuevo sultanato establecido por Erdogan, la cúpula del ejército dejó de ser garante del poder secular y laico.

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