Juego de tronos contra valores republicanos

Noelia Posse (PSOE), alcaldesa de Móstoles (Madrid) y responsable de laicidad en el PSOE Madrid, entregando bastón de mando a la Virgen

Cada vez más la política, en España, se parece a un juego de tronos donde los jefes de los partidos son sus protagonistas. Los partidos hace mucho tiempo que han dejado ser civiles o pertenecientes a la sociedad civil y se han constituido en partidos políticos clientelares, financiados por el Estado y, en algunos caos, por la corrupción.  Su medio ambiente es ellos mismos y cada vez menos la sociedad, su vida son las instituciones.

Recientemente, la actitud y declaraciones de la alcaldesa de Móstoles, Noelia Posse, ha dejado perplejos a los ciudadanos, no ya de Móstoles, sino de media España. Desde que asumió sus funciones, y con el apoyo de toda la corporación, se subió su salario y el de todos los concejales de forma desproporcionada para, a continuación, comenzar a contratar a familiares y amigos sin ningún rubor. Ante la presión social y el revuelo mediático generado, Noelia ha reconocido que” ha sido un error” pero afirmando que no ha hecho ninguna otra cosa que no hagan los demás: “¿pero no ha hecho lo mismo Manuela Carmena con su sobrino y otros familiares?”, preguntó envalentonada a la periodista Ana Romero en el programa El Objetivo de La Sexta.

Oyendo a Noelia uno está tentado de darle la razón; en efecto, muchísimos políticos y los partidos, como organizaciones, realizan prácticas clientelares y nepóticas. Además, existe un marco jurídico y legal que lo permite.  Como dice Noelia: “todo lo he hecho legalmente” La realidad es precisamente esa. En España el nepotismo y el clientelismo está legalizado y su práctica es sistémica.

En un reciente estudio de la OCDE “Panorama de las Administraciones Públicas 2017” se demuestra que la Administración española, a todos sus niveles, está invadida por el clientelismo. Pero esto no se va a arreglar tan fácilmente ya que los cuerpos profesionalizados de la administración también han sucumbido al clientelismo, hasta la tecnocracia está corrompida por el clientelismo.  Los nuevos partidos han reproducido, rapidísimamente, estas prácticas ya que detrás de las divisiones y rivalidades, en tal o cual región, de Podemos o de Ciudadanos, está la lucha por una parcela de poder clientelar que es disfrazada de discrepancias ideológicas.

Pero volviendo a la  todavía alcaldesa de  Móstoles, ésta, además, dentro del Partido Socialista de Madrid, ostenta  el pomposo título de responsable de laicidad y a pesar de este título lleva años , primero como concejal y ahora como alcaldesa, participando en todo tipo de procesiones y rituales católicos e imponiendo el bastón de mando a la Virgen de la localidad  algo que, por otro lado,  hacen la mayoría de los concejales y alcaldes del partido socialista, al igual que los del PP ,  acudiendo a todo tipo de procesiones y rituales católicos, despreciando a los ciudadanos y a la pretendida aconfesionalidad de las instituciones.

Pero al final todo va unido: la imposición de un simbolismo particular católico a toda la ciudadanía va asociado a la asunción de valores conservadores en el quehacer político. En España, desgraciadamente, no se ha asumido una tradición republicana y laica; en verdad lo que ha predominado es una tradición política monárquica y católica, incluso nuestro liberalismo, aunque tuvo algunas etapas de sano anticlericalismo, finalmente se convirtió en un liberalismo conservador, monárquico y católico. En la actualidad hasta los que pretenden levantar alternativas de gobierno progresistas se proclaman “moderados”; recientemente Pedro Sánchez declaró que quería un gobierno “progresista y moderado” (sic).

EL 15-M significó un aliento popular al cuestionar el modelo de representación existente en España y el discurso predominante sobre la supuesta modélica “transición española”, pero, ahora, se vuelve a cerrar filas sobre esa lectura estrecha de la transición. En el debate sobre la exhumación de Franco todo esto ha salido a la luz y las contradicciones que supone que fueran los más franquistas del final de la dictadura quienes, en cierta forma, pilotaran esa transición. Las cosas son como son y algunas instituciones claves del Estado tuvieron su origen en el mismo franquismo y particularmente la jefatura del Estado; la adopción de esta monarquía por la democracia no impide remarcar el origen fascista de la restauración borbónica en España y por tanto la reciente frase de Pedro Sánchez” que los valores Republicanos están representados en la monarquía parlamentaria de Felipe VI”, ha causado cierta perplejidad.

Algunos pensamos que es necesario crear un marco político y social que permita recuperar esos valores republicanos que eviten las prácticas clientelares y neo caciquiles en la política del siglo XXI. Pero ¿cómo un Estado puede aprehender valores republicanos y laicos si impone a los niños y jóvenes, apelando a la libertad de educación, una educación segregada y clasista que difunde valores contrarios a lo común, cuando no enteramente doctrinarios y confesionales católicos? En palabras del filósofo Emilio Lledó: “El permitir que el poder económico pueda determinar la calidad de la enseñanza o, lo que es más sarcástico, que el Estado subvencione con dinero público ciertos intereses ideológicos de un buen aparte de colegios más o menos elitistas parece, en principio, no solo una aberración pedagógica sino una clamorosa injusticia. Solo las sociedades que luchan por la igualdad son las que pueden producir más riqueza cultural, más bienes materiales. Los pueblos marcados por grandes diferencias entre sus clases sociales son los más amenazados (…) El principio esencial del sueño igualitario es la educación. Su más equitativo y generoso instrumento es la educación pública, con la pedagogía de la justicia y la solidaridad. El mal más terrible que puede instalarse en la consciencia democrática es, por el contario, el cultivo solapado e hipócrita de la diferencia y la desigualdad”.

La derecha española no solamente odia los valores republicanos de libertad de conciencia igualdad y fraternidad  sino que identifica y reivindica los valores conservadores, reaccionarios y católicos  como valores para toda la sociedad;  en España la derecha ha desdeñado la herencia republicana y laica y se entronca más con el carlismo católico y los partidos caciquiles del final de la restauración y por más que se proclamen liberales, odian el liberalismo  y hasta el momento, no hay, ni en la derecha ni en el centro, un partido político digno de  llevar la marca de liberal.

No se sabe cuándo, pero en algún momento habrá de ponerse de acuerdo para mover el tablero y cambiar la ley electoral, proceder a reformas o procesos de cambios constituyentes con la idea de asumir valores republicanos que son valores cívicos comunes y no clientelares. La democracia republicana y laica no cambia ni transforma el mundo, pero abre la vía para la representación genuina de los diversos intereses sociales presentes en la sociedad. Se necesita, de forma urgente, un impulso democrático, republicano y laico en nuestro país.

Antonio Gómez Movellán presidente Europa Laica

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