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Juanjo Picó, presidente de Europa Laica: “Las inmatriculaciones de la Iglesia son un problema de Estado al que ningún Gobierno, de ningún color, ha querido dar respuesta”

La creencia, la fe, debe existir, debe estar en el espacio público y debe respetarse con celo escrupuloso. Pero no debe tocar un euro público ni decidir una política.

Si hoy indigna que la Iglesia tenga más terrenos que parroquias es gracias a la labor de asociaciones como la Plataforma en Defensa del Patrimonio Navarro o Europa Laica, iniciativa nacida en 2001 para reivindicar la laicidad del Estado y la separación de la Iglesia de todas las decisiones públicas. Hace unos pocos días esta asociación echó a andar en Navarra y su presidente, Juanjo Picó, visitó Pamplona para participar en la puesta en marcha del grupo regional. Ingeniero de Telecomunicaciones jubilado, Picó, de 70 años, explica con minuciosidad y ánimo didáctico los rasgos de un movimiento complejo, inspirado por la máxima republicana de la separación entre el Estado y la Iglesia. Se toma su tiempo para explicar la hilera de derechos económicos y fiscales que asisten a la Iglesia en virtud de sus acuerdos con el Estado, y anima a tomar conciencia sobre una realidad que tiene que cambiar por respeto a la democracia, amenazada por la “simbiosis del extremismo religioso y la extrema derecha”. La creencia, la fe, debe existir, debe estar en el espacio público y debe respetarse con celo escrupuloso. Pero no debe tocar un euro público ni decidir una política.

Visita Navarra, tierra de caciques conservadores y de asociaciones pioneras en la denuncia de los abusos de la Iglesia.

–Esta es tanto la cuna del Opus Dei como la de un activismo social muy potente, muy concienciado, de mezcla de tipo político y tipo social.

Habla de la Plataforma de Defensa del Patrimonio navarro.

–Ha sido la pionera en este tema, y Europa Laica aprendió mucho de ella. Participamos juntos en la coordinadora Recuperando, y estamos en la primera línea de la batalla para denunciar la inmatriculación de bienes por parte de la Iglesia que ha dado por buena hasta el Gobierno de coalición de España en esas negociaciones de mesa camilla con la jerarquía eclesiástica. Este es un problema de Estado al que no se le está dando una respuesta de Estado.

¿Cómo ha recibido el informe del Gobierno de Navarra sobre las inmatriculaciones de la Iglesia?

–El 80% del patrimonio histórico y cultural de España está en manos de la Iglesia, y es un expolio permitido por las leyes de los Gobiernos de turno. En realidad, la jerarquía católica solo se aprovecha de eso, y por eso desde 1946 hasta 2015 ha inmatriculado 100.000 bienes, que se dice pronto.

¿Cómo se llega a esta situación?

–No es un problema de la Iglesia. Son leyes y acuerdos perfectamente legales. Pero las leyes las hace el Parlamento, así que es un problema de las fuerzas políticas. Los privilegios económicos y las exenciones fiscales son leyes que han permitido gobiernos de todos los colores.

¿De dónde viene este poder actual de la Iglesia?

–El franquismo tuvo que devolver favores a la Iglesia católica por los apoyos durante la guerra y la dictadura. Durante la Transición hubo dos cosas que fueron intocables y que pactaron los franquistas que venían y las fuerzas de oposición que llegaban: la monarquía y la Iglesia. Hay otros elementos, la judicatura, las Fuerzas Armadas, pero estas capearon de forma diferente el temporal.

Hasta el PSOE asumió esto.

–Sí. Y los partidos políticos tienen en su interior lobbys católicos. La religión, su culto, sus feligreses, deben estar en las iglesias, en las mezquitas, en las sinagogas, en las familias… pero la laicidad del Estado es un tema de democracia. Tiene que haber una sociedad plural en la que no puede haber ideologías mandatando leyes y comportamientos.

¿La Iglesia está fuera del debate?

–Totalmente. Las nuevas generaciones, lo dice el CIS, están más desapegadas. Es un poder fáctico y es inmensamente rica. No solo por las empresas, las editoriales, fundaciones, universidades, aparte del patrimonio. Está metida en todas las esferas de poder, mucho más allá del Opus Dei.

Se suele decir: si no hay Estado, el espacio lo copan entidades privadas bien cohesionadas que proporcionarán aquello que el Estado no da.

–En políticas de demérito de lo público, esos huecos que quedan en lo público lo captura lo privado, la proliferación de concertadas y de privadas es un peligro porque aparte de ser una segregación social, de cara a futuro se crean estructuras de formas de pensar muy adoctrinadas.

En Navarra forma parte del debate de actualidad permanente tanto la educación segregada como la financiación de la concertada.

–¿Cómo es posible que centros con ideario propio estén sufragados con dinero público? Si alguien quiere montar un centro y enseñar creacionismo, que se lo pague. Todo este marco que implica la injerencia de las ideologías de cualquier tipo es lo que combatimos.

Hay partidos que se dicen defensores de la pública, pero sus parlamentarios llevan a los hijos a la concertada.

–En su momento, los partidos de izquierdas venían de la clase trabajadora y defendían lo público. Pero se han transversalizado y resulta que entran intereses privados, se cuelan lobbys católicos. Hay personas dentro que tienen intereses económicos ahí. Por eso en Europa Laica somos muy críticos con algunos aspectos tocantes a la laicidad del gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos.

La Iglesia lleva haciendo política miles de años. ¿Tiene la sensación de que siempre tienen una respuesta para todo? Si se le afea el expolio, hablan de que recuperan patrimonio. Si se habla de las subvenciones a la concertada, hablan de que la concertada evita el colapso de la educación en España. ¿No son excusas?

–Pero es que eso se cae por su propio peso. Son más de 600 millones de euros al año lo que el erario público aporta al patrimonio de la Iglesia. La Iglesia después te cobra una entrada para ver ese patrimonio histórico, entradas que ni tributan ni declaran porque no tienen la obligación de hacerlo: la Iglesia solo paga IVA. Me parece bien que las joyas arquitectónicas tengan dinero público, claro, pero lo que no puede ser es que eso sea uso privativo de la Iglesia. Otra cosa es que a ese patrimonio se le de un uso litúrgico. Yo no le veo ningún problema. Pero la propiedad no puede ser de la Iglesia.

En Pamplona piden entrada para entrar a la Catedral, que se reforma con dinero público.

–Es que legalmente, en virtud de sus acuerdos, pueden no declarar nada de lo que ingresan por las entradas. Ni declarar ni tributar. ¡Es que forma parte de su acuerdo legal! Y con la concertada, que está pagada íntegramente por el Estado. Es un negocio para la Iglesia, solo hay que fijarse que en las zonas rurales no hay concertada. Y cuando quieren sacar más, cobran cuotas a los padres, porque es un negocio.

Y, mientras tanto, la Iglesia va de escándalo en escándalo.

–Sale el portavoz de la Conferencia Episcopal a pedir perdón por la pederastia, le preguntan si van a hacer algo contra los culpables y dicen que no. Un estudio independiente ha cifrado en 300.000 casos de pederastia en 80 años en la Iglesia católica francesa. En Portugal ha pasado algo similar. Enfocamos al Gobierno de turno porque es el que hace las leyes, pero también hay que enfocar donde hay pozos extraños en el propio funcionamiento de la jerarquía católica. Muchas asociaciones de cristianos de base son críticas con este tema. El séptimo encuentro de redes cristianas ha sacado un manifiesto que denuncia actitudes de la Iglesia que van en contra del propio mensaje evangélico.

¿Es peligrosa la vinculación entre la religión y la política actual?

–Es una ofensiva muy muy potente de los fundamentalismos religiosos y la extrema derecha, y en Latinoamérica es muy evidente. En Brasil la mitad del Parlamento está copado por la Iglesia evangelista, que está en el Parlamento. En Hungría, en Polonia, en Bolivia, hay una avalancha histórica y es necesario fortalecer la democracia. No confrontamos con las creencias religiosas, lo que hacemos es confrontar con los dogmas católicos y musulmanes que van contra los derechos humanos o los derechos de las mujeres.

¿Cambiará ese peso de la Iglesia con las nuevas generaciones?

–Soy pesimista en el sentido de que hay una contradicción: si las generaciones jóvenes pasan olímpicamente de la religión, terminarán diciendo, a mí la religión no me importa. Y si no les importa, pueden llegar a pensar que tampoco me importan las relaciones institucionales de la religión con el Estado. A veces cuesta encontrar a gente joven que esté concienciada sobre este tema. Es que este tema no va sobre creencias, sino de defensa de lo público, de democracia. Pero, por otra parte, soy optimista. Porque si ponemos la defensa de lo público en el centro del tablero, soy optimista. Si lo centramos en una cuestión de creencias, que son libres, el debate está perdido.

“La culpa no es de la Iglesia, porque al final ellos aprovechan un acuerdo legal. La culpa es del Parlamento”

“Hubo dos cosas intocables en la Transición por parte de los franquistas y la oposición: la Iglesia y la monarquía”

“En tiempos de demérito de lo público, esos huecos los aprovecha la Iglesia para crear sus estructuras”

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