Jorge Bergoglio, la dictadura y los desaparecidos

El actual Papa tuvo una relación estrecha con los genocidas, que va desde avalar el secuestro de curas jesuitas hasta decir “no sé nada” cuando declaró como testigo en la megacausa ESMA en 2010.

El 13 de marzo de 2013 en Argentina se produjo un revuelo sin precedentes. Mientras en el Vaticano Jorge Mario Bergoglio era nombrado Papa, en su país natal se desataba un debate entre quienes siempre estuvieron a su lado y quienes luchaban contra el oscurantismo, la ideología reaccionaria y la complicidad con el genocidio de la jerarquía de la Iglesia católica.

Para muchos, como Cristina Fernández de Kirchner, el debate duró poco y nada. Al tiempo que la expresidente preparaba su viaje al Vaticano para arrodillarse ante “su santidad”, gran parte de sus voceros y aliados comenzaban una carrera frenética por hacer girar 180 grados sus opiniones previas y por borrar, en la medida de lo posible, hasta los tuits acusatorios de derechista, antipopular y misógino contra el arzobispo.

Hasta Página 12 dejó en soledad a Horacio Verbitsky y su investigación histórica sobre los crímenes de la Iglesia católica argentina, algunos de los cuáles tuvieron a Bergoglio y su generación de prelados como protagonistas. Incluso el diario al que algunos consideran “zurdo” dejó de publicar notas de periodistas que investigaban el encubrimiento de la Iglesia de Francisco a curas acusados de abuso sexual.

Secreto de confesión

Pero una ironía del tiempo obligaría a Bergoglio, antes de sacarse la lotería e irse a vivir a miles de kilómetros de Argentina, a sentarse en un juicio a responder preguntas por su relación con la dictadura cívico-militar-eclasiástica.

Fue el lunes 8 de noviembre de 2010, cuando el Tribunal Oral Federal 5 lo hizo testimoniar a pedido de las querellas en el marco de la causa en la que se investigaban, entre otros hechos, los secuestros de los curas jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics por parte de una patota de la ESMA. Ese caso había dejado expuesto a Bergoglio por su complicidad con los represores.

Aquella fue la primera y única vez que Bergoglio declaró en un juicio sobre delitos de lesa humanidad, pese a haber sido mencionado en varias causas como cómplice de los genocidas. E incluso declaró, por su expreso pedido, en sus oficinas de la Curia porteña y no en Tribunales, como lo hubiera hecho cualquiera.

Entre quienes lo interrogaron aquella mañana estuvieron Myriam Bregman y Luis Bonomi, representantes letrados de la querella encabezada por Patricia Walsh, hija del escritor asesinado el 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh, cuyo caso se trataba en el mismo proceso judicial.

A mediados de los 70 Bergoglio era el superior de la Orden de los Jesuitas. Jalics y Yorio fueron secuestrados en un megaoperativo en la Villa 1.11.14 del Bajo Flores el 23 de mayo de 1976. Los catequistas que colaboraban con ellos habían sido secuestrados algunos días antes. Durante años ambos curas sostuvieron que Bergoglio los dejó prácticamente a merced de los represores, habiéndolos sacado de la Orden e incluso quitándoles las licencias para dar misa. Sumamente expuestos, fueron secuestrados y llevados a la ESMA, donde permanecieron desaparecidos por casi seis meses.

Interpelado en 2010 por las querellas de la megacausa ESMA, Bergoglio intentó despegarse de cualquier responsabilidad por los secuestros de los curas. Sin embargo, muy a su pesar, algunas cosas dejó expuestas. Por ejemplo, aseguró que dos o tres días después del secuestro de Jalics y Yorio él ya sabía que estaban en la ESMA y que un tiempo después de esos hechos se entrevistó personalmente con Videla y Massera. Incluso confesó que cuando Jalics y Yorio fuero liberados le contaron que quedaba gente secuestrada en la ESMA y él “no hizo nada”.

Como plantearon Myriam Bregman y Luiz Bonomi en su alegato final del juicio, aquella de Bergoglio fue “una de las testimoniales más difíciles” que tuvieron que afrontar como abogados. “Decenas de referencias hechas a medias que demostraban un gran conocimiento sobre hechos que aquí se investigan pero también una gran reticencia a brindar toda la información”, concluyeron.

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