JMJ: A los pies del señor de los zapatos rojos

«¡Esta es la juventud del papa!»
(El grito más repetido por la multitud en la reciente “JMJ”)
 
«Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas,
pero por dentro son lobos rapaces.»

(Jesús de Nazaret)
 

Sábado pasado, en el metro. Me acomodo en mi asiento y enseguida se topan mis ojos con unos adolescentes mochileros. Exhalan alegría, la típica de los jóvenes cuando viajan juntos. ¿O hay algo más…? Sus sonrisas parecen irradiar una ilusión extra, una íntima emoción. Seguramente asociada al evento histórico que están viviendo.

Los hay de nacionalidades diversas, han venido para reunirse en torno a alguien muy especial para ellos. Al punto que no tienen empacho en considerarse su juventud. La de un venerable anciano con cara de malo pero que habla de paz, espiritualidad y hasta de Cristo. Que condena el aborto, la eutanasia y el materialismo.

¿El materialismo? Muy próximos a mí se encuentran tres “peregrinos”. Examino su atuendo. En la mochila leo “Fundación Botín”. En el sombrero, “Endesa”. En la camiseta, “El Corte Inglés”. Luego veo a unas monjas con sus hábitos y el mismo sombrero, la misma inscripción.

Los grandes poderes económicos, cofinanciando la fiesta y el fasto. Rendidos al visitante pero sin olvidarse de poner el cazo. Las mencionadas leyendas me recuerdan algo que había leído días atrás. Hace más de dos años fue constituida la Fundación Madrid Vivo. Las citadas empresas, junto a otras no menos relevantes y benéficas (Banco Santander, Acciona, Telefónica, Iberia, Cope, Banco Popular…), forman parte de la misma. Su presidente honorífico es el arzobispo Rouco Varela, el mismo político que preside la Conferencia Episcopal. Un tinglado muy poco aconfesional en el que no podía faltar el apoyo de la monarquía. Y cuyo fin declarado es servir de «puente entre la sociedad civil y la Iglesia de Madrid para ayudar a ésta en aquellas actividades que permitan revitalizar los valores universales en el seno de la sociedad actual».

¿Incluido el afán de lucro?

Los líderes políticos no han sido menos obsequiosos. De más está recordar la inmensa alfombra roja en que han convertido el centro de Madrid y Cuatro Vientos, así como los medios de comunicación públicos, para recibir y agasajar al visitante. Gastos millonarios a cuenta del contribuyente, “compensados” con ingresos para los Vivos de Madrid y otros comerciantes menores. Reverencias medievales al hombrecillo de los zapatos rojos, entre las que vale la pena destacar el ángulo recto del príncipe, que por algo roza los dos metros y está ahí para ése y otros protocolos (más o menos constitucionales).

«Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su excesiva lujuria» (Apocalipsis 18: 3).

 

* * *

Ya se marchó el poderoso cizañero. Ya terminaron las pompas de la “Jornada Mundial de la Juventud” (curioso nombre, en singular, para un “evento” que duró seis días, o siete si contamos el apéndice kiko). Pero quedan las huellas de su “pacífico” paso. La santurronería triunfalista al servicio de un programa político. El aroma reavivado de “las dos Españas”. El amargo recuerdo de los necios (pseudo)laicistas que respondieron a las provocaciones –cuando no las cometieron ellos mismos– en lugar de limitarse a denunciar el nuevo golpe a la Constitución. Un hito más que sienta un nuevo precedente. El estado de derecho, adelgazando en beneficio del abusón –un ente más que un hombre– que no cabe en sí de gozo ni de grosura.

Porque ya el abuso es la norma, el signo de nuestro tiempo. En Libia, donde la OTAN gana un nuevo territorio para la dictadura imperial. En España, donde la carta magna y nuestros derechos son puro papel mojado por la babeante voracidad papista y el no menos babeante servilismo de nuestros políticos. Y en todas partes, donde la violencia –más o menos patente– del Poder hace estragos sin apenas resistencia real.

Mundo enloquecido éste… ¿Qué porvenir espera a los niños, a los jóvenes de hoy?

Me vienen de nuevo a la cabeza los adolescentes del metro. Seguramente, las mayores víctimas del “evento”. Convertidas, lavado de cerebro mediante, en fans del señor de los zapatos rojos. Apenas otra cosa que simpatía me suscitan. ¡Despertad!, me pide el alma decirles. No os dejéis engañar por nadie. No entreguéis ni un milímetro de vuestras conciencias a un simple mortal, llámese como se llame.

Y si, en vuestra sed espiritual, realmente anheláis servir a alguien, recordad al “hijo del hombre” que no tenía «donde recostar la cabeza». Pobre, justo, manso hasta la muerte. Hasta que, por su firmeza en el amor activo, lo asesinaron los sacerdotes y los magnates (la “Fundación Jerusalén Vivo”) de entonces.

 

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