Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo: «Si la Iglesia se retira de la educación, el país se vendría abajo»

Habla pausado. Y claro, muy claro. «Yo, pelos, solo en la barba», advierte. Toda una declaración de intenciones para quien está a punto de cumplir diez años al frente de la Iglesia asturiana. Durante esta larga conversación, en su despacho del Arzobispado, aún adornado con un gran nacimiento, cuelga desde su reloj inteligente las insistentes llamadas y no se separa de su iPad, aunque no le hace falta consultar un solo dato. Jesús Sanz MontesArzobispo de Oviedo, doctor en Teología, responsable de la Comisión de Cultura de la Conferencia Episcopal Europea. Madrileño a punto de cumplir los 65, el mayor de ocho hermanos («entonces no había tanta televisión ni series de Netflix), franciscano decidido que a los 20 años cambió a su novia y su trabajo en banca por la vida consagrada.

(…)

–¿Cómo es su relación con el presidente del Principado?

–Teníamos buena relación antes y la hemos mantenido.

–Pero usted mismo ha dicho que Adrián Barbón es cristiano y político y que eso no es fácil.

–Cuando subí a su despacho le dije: ‘Que sepas que acabo de decir esto’. Y me dijo: ‘Pues es verdad’. Ser obispo y ser cristiano me es más fácil a mi (ríe). Una persona que tiene fe debería vivir cualquier aspecto de la vida desde la fe, sin que haya una contradicción. Porque la fe no es un gabán que te quitas entrando a un despacho o sentándote en un escaño. Pero estamos en una sociedad plural y a veces ese gabán tienes que conciliarlo con otros que no tienen fe.

–El presidente sí ha participado en actos de la Iglesia. Otros políticos, como la alcaldesa de Gijón, han decidido no hacerlo. ¿Qué le parece?

–Es totalmente legítimo. Lo que ocurre es que, al igual que un político acude a una cita deportiva porque sabe que detrás hay una ciudadanía que participa de ese evento, o en una cita musical, el elemento religioso no es un elemento menor, habida cuenta de lo que supone estadísticamente la vivencia de la fe y la incidencia del cristianismo. Si eres político de un pueblo que además de tener unos colores deportivos y musicales y una matriz cultural, también tiene una vivencia religiosa, tú, por respeto a ese pueblo, puedes participar en algunas citas representativas.

–La diferencia es que a nadie le molesta que un político vaya a un partido de fútbol. Pero sí que acuda a la Iglesia.

–Es la diferente vara de medir y la intolerancia de los que van con la bandera de la tolerancia por doquier. Porque si tu tolerancia es únicamente para que aplaudan, apoyen y se adhieran a lo que tú decides, esa tolerancia tiene trampa.

-¿Ha tenido oportunidad de encontrarse con la alcaldesa de Gijón, con Ana González?

-Cuando era consejera de Educación, muchas veces. Y con doña Ana la relación no era mala. Había discrepeancias, algunas muy palmarias y muy patentes, pero con ella la relación… Por eso yo decía antes de los asturianos. Sabes con quién estás y no hay trampa ni cartón. Como ella sabía también con quién hablaba cuando estaba conmigo. Yo, pelos, solamente en la barba, soy claro por respeto a quien tengo delante. Desde que es alcaldesa no he tenido la oportunidad de tener ningún encuentro.

–Obligado preguntar por el nuevo Gobierno del Estado, con Podemos en el Ejecutivo. ¿Le preocupa a la Iglesia la nueva situación?

–La ventaja que tiene pertenecer a una comunidad como la Iglesia Católica, que tiene dos mil años de historia, es que tenemos en nuestro álbum un montón de escenarios, donde hemos tenido que habérnoslas con verdaderas dictaduras, dictablandas, democracias, anarquías, comunismos, con cualquier sigla política y tantas formas de llevar la cosa pública. Empieza una singladura que no sabemos cuándo terminará y sobre la que no tenemos experiencia, por lo menos en democracia. Que el gobierno resultante sea un ‘mix’ entre el Partido Socialista Obrero Español –al menos eso dicen sus siglas–, y Unidas Podemos, pues no sabemos cómo van a hacer la gestión. Solo sabemos algunos ademanes, alguna amenazas, algún brindis no sé si al sol naciente o al sol que se pone, pero no cómo va a resultar. A algunos compañeros les han preguntado si teníamos miedo. Miedo ninguno. Respeto democrático al resultado.

–No le preguntaba por miedo, sino por preocupación. Su opinión en determinadas cuestiones no podría ser más diferente a la de la Iglesia.

–Una preocupación más que razonable la tenemos. Pero me preocupa más algo que es ‘prepolítico’. Lo que pido a un político, tenga la sigla que tenga, tenga el gobierno en la mano o que aspira a tenerlo, es que sea leal a la verdad y que no cifre su gobernanza en el engaño y la mentira. Hay algún gobernante que el principal enemigo que tiene y el que más le va a poner colorado son sus propias palabras, sus propios programas y lo que ha dicho en campañas electorales no tan lejanas. Pero que sean amantes de la verdad y que no tramepeen con las mentiras y las falacidas que son demagogias de muy corto recorrido.

–¿Tiene nombre ese político?

–No, no, estoy hablando de un político de Escandinavia, porque yo con los noruegos siempre he tenido buena relación, más que con los suecos (ríe). Lo que me preocupa, decía, no es que un político sea coherente con sus principios y, sabiendo cómo piensa, lo aplique. Me es mucho más difícil dialogar con alguien que no sé lo que piensa, porque lo que hoy es digo mañana es diego. Estamos ante alguien que no tiene conciencia ni firmeza. Eso me suscita enorme preocupación. Tenemos un panorama que habrá que ir descubriendo, con el noble deseo de que les salga bien. Pero que sean amantes de la verdad y que no trampeen con mentiras y falacias.

«Horrible pecado»

–¿Cree que se han contado mentiras sobre la Iglesia?

–Sí. Se cuentan en tantos aspectos… Por ejemplo, se falsea en el tema de los abusos, que es una herida que nos duele profundamente. Se falsea cuando se focaliza el tema del abuso sexual de un menor, crimen donde los haya, lo haga quien lo haga, como si este horrible pecado e imperdonable delito fuera un pecado y un delito cometido únicamente por cristianos en general y sacerdotes en particular, cuando representamos una cifra ridícula, pero que a mí me abre las carnes. Hay cifras que indican que en los últimos 60 años se han admitido a trámite 44.500 casos de abusos a menores. Perpetrados por sacerdotes, solamente 36. Creo que la cifra es más que elocuente. Solamente un caso que se hubiera dado me hubiera parecido demasiado. Se han dado 36. Habrá más, seguramente…

–Claro, porque usted habla de denuncias admitidas a trámite. Hay casos que fueron rechazados por haber prescrito, por ejemplo.

–Yo en Asturias he tenido que abordar un caso. Cuando tuve la denuncia, hablé con las víctimas, que eran menores, con sus madres, y no me dolió ninguna prenda en hacer un juicio y a día de hoy ese cura ya no lo es. Me costó el descrédito y la persecución de gente que decía ‘no puede ser’. Hablamos de un delito, este hombre ha abusado y ha roto una vida, de eso estamos hablando. Eso hay que verificarlo y si se verifica, a por todas. Luego ha habido otro caso que se ha demostrado falso. Decían que los obispos estábamos encubriendo. Yo no encubro nada. Es un caso de mercadeo mentiroso a la hora de dañar a la iglesia.

–¿Ha tardado mucho la Iglesia en reaccionar?

–Creo que no. Tenemos un protocolo, una oficina para poder atender y acompañar cualquier situación de esa índole. Quisiera que esa misma seriedad y contundencia se viera en cualquier otro colectivo que también tiene entre sus filas estadísticas terribles.

–¿Ha sido ese uno de sus momentos más complicados?

–No me fue fácil. Y conté con la ayuda inestimable de un querido amigo que falleció el año pasado de un infarto, que fue mi obispo auxiliar y luego obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez. Me tocó presidir su funeral y dije que lo que le paró el corazón fue el acoso y derribo de quienes fueron implacables con él, no sus presuntos encubrimientos.

–¿Ha habido acoso y derribo contra los obispos?

–Contra Juan Antonio Menéndez, sí. Y los obispos, en general, somos en algún momento objetivo y diana. Y depende de las espaldas que tiene cada uno, la fortaleza con la que cuentas, porque no somos de piedra. Asumes cuando tienes que dar la cara y responder antes cosas que no puedes mirar para otro lado. Donde tengo responsabilidad, actúo. Y si tienes que pagar un precio, lo pagas, y es justo pagarlo.

–Debe ser complicado pedir perdón a esa madre que viene a explicarle lo que le han hecho a su hija.

–Sí. Lo que ocurre es que esto se da en la vida. Paso la mañana del 24 de diciembre en Villabona y me conmueve estar con esos presos y presas donde hay delitos de sangre, violaciones, extorsiones, robos… Y tienes todo el abanico de la delincuencia. En la vida, desde que el hombre es hombre, esto se ha dado. No voy a ponerme puritano, se da. Hay que procurar que no se de, educar y prevenir prara que no se siga dando. Pero sí se da. Aplíquese la ley, que sean leyes justas, que puedan penalizar y prevenir. Pero que las cosas se dan, se dan. Ni siquiera porque haya leyes que previenen y penalizan… Un tema que me duele enormemente es el acoso a la mujer, hasta machacar con el asesinato impune de tanta mujer víctima. Ponemos leyes, campañas, pero algo estamos haciendo mal cuando la cifra sigue subiendo. Habrá que tener un momento de calma y preguntarse si lo estamos haciendo bien cuando son estos los resultados.

–Uno de los temas recurrentes en el debate político es la educación concertada. ¿Teme que pueda haber algún cambio?

–Es posible, porque se ha repetido hasta la saciedad esa especie de mantra de la esucela laica, pública y única. Si retirásemos del escenario educativo la presencia de la Iglesia el país se vendría abajo. No podría asumir el Estado esa educación laica, única y pública. Evidentemente, no lo vamos a hacer, por eso estamos luchando. No pedimos un privilegio, pedimos libertad, en aras de una sociedad plural y tolerante, que hace del diálogo una de sus banderas. Enseñamos con enorme profesionalidad, no estamos haciendo una educación reaccionaria, parelela o contradictoria. Lo que ocurre es que nosotros queremos volcar también una manera de ver la realidad y de auscultar la historia, que es el modo de visión de los cristianos. Y somos capaces de convivir con otras historias y otros modos de enseñar. ¿Y quién debería tener la libertad para elegir uno u otro modelo? Quienes son los depositarios de sus hijos. Que no sea el Estado el que esté manipulando, totalitariamente, dictatorialmente, la educación de tus hijos, imponiéndoles lo que tú para los tuyos no quieres.

–La ministra Isabel Celáa dijo que no existía ese derecho de elección.

–Estaba haciendo una interpretación de un artículo de la Constitución, que podía ser más preciso, pero que no da pie a eso. Nos extrañó que hiciera una lectura tan sectaria, tan sesgada ideológicamente.

–¿Qué va a pasar con los profesores de Religión?

–Seguiremos ofreciendo Religión para quien la quiera. No hemos pedido jamás que sea obligatoria. Pero que junto con la gimnasia y la formación del espíritu nacional no vayamos hacia las nuevas tres ‘marías’. Porque hay otras formas de hacer formación del espíritu nacional. Aquella era la que era y ahora hay cierta educación para la ciudadanía que no tiene nada que envidiarle.

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-Las cifras dejan claro que cada vez hay menos bautizos, comuniones, matrimonios por la Iglesia… ¿Por qué?

-Analizar el por qué se da este desgaste es enormemente complicado. No es únicamente por la incoherencia que podemos tener los cristianos, por nuestros pecados, sino también porque hay otras fuerzas muy activas que están en contra y trabajando. No estamos en igualdad de fuerzas, donde la gente espontaneamente es creyente o deja de serlo. No únicamente es la Iglesia la que da catequesis anunciando el Evangelio, aquí también hay otros catequetas, que propungan y subvencionan sus particulares proclamas, contrarias a la Iglesia. Algunas son fuerzas políticas con siglas conocidas, otros son movimientos laicistas que siguen trabajando. Esa especie de ataque paralelo que recibe el pueblo cristiano, cuando ese pueblo no está suficientemente formado, la otra catequesis te hace mella y ni te enteras. A través de serie de televisión o de los portales tipo Netflix o HBO o Prime Amazon, series que están mentalizándote, corrientes culturales que te están influyendo.

–¿Qué le pareció la exhumación de Franco?

–Él no había decidido ir al Valle de los Caídos. No lo dejó en su testamento ni en ningún dictamen. Fue una decisión improvisada del jefe del Estado, que llevaba dos día siéndolo. Estoy leyendo una tesis doctoral sobre el Valle de los Caídos, me está sorpendiendo. Si hablamos de ‘new fake’, de esto se han dicho tantas mentiras, que no por repetidas terminan siendo verdad. El valle se construye como un espacio de reconciliación. Tuve un tío maestro cantero que trabajó en el valle como profesional de la cantería. Que hubo presos políticos también, sí señor. Pero estoy descubriendo en esta tesis que no eran personas, como hemos escuchado desde alguna tribuna, obligadas con trabajos forzosos, de una manera inhumana e indigna. Por tener, tenían hasta nómina y sus familias iban en vacaciones a disfrutar en las casas que había para los presos. ¿Qué es lo que a mi me ha parecido mal? Que se haya hecho conculcando el derecho de una familia, invadiendo el espacio exento de una basílica y censurando los debidos derechos que tenía una comunidad. Que Franco se puede cambiar, evidentemente,. Que se le podía exhumar, sin ningún problema, pero que lo decida la familia. No hagamos de Franco un arma arrojadiza, no pretendamos reescribir la historia ganando la guerra a un muerto. De Franco yo apenas me acordaba, por edad, y si preguntas a generaciones posteriores, no sabían quién era este señor. Había otro interés, era otra moneda la que se estaba cambiando, con unas elecciones que vinieron enseguida y luego parece que no salió tan bien.Por lo menos, no pudieron no comprar lo que creo que se quería comprar. Y cuando organizas decisiones judiciales para que eso salga así, estamos en el límite de perder el Estado de Derecho, y eso sí que me parece enormemente peligroso.

–¿Cree que se diseñó una decisión judicial?

–A las cuentas me remito. Dijimos, como Conferencia Episcopal, que nos atendremos a los que el Supremo dictamine. Y ahí estuvimos. Punto. Pero, ¿por qué el Supremo dijo aquello? ¿por qué la Abogacía del Estado dijo aquello? No soy intérprete de eso.

–¿Qué le parece que algún partido político quiera apropiarse de Covadonga?

–Si hay alguien que se reconoce en lo que significa y se quiere inspirar, allá ellos. Es una cuestión tan personal que casi termina siendo privada. A lo que no presto Covadonga es a un acto político. Que hables de la Santina, Covadonga y Pelayo y cifres ahí tu reconquista, allá tú. Que fuera Abascal –yo no estaba allí– y quisiera dejar un ramo de flores, otros lo han hecho también, como cuando va el Sporting o el Real Oviedo. No hacen socia a la Santina, pero quieren pedir una ayuda, si es que cabe pedirla en el campo del deporte. Que alguien quiera inspirarse en Covadonga para su propio rearme, está en su derecho.

-Hemos hablado de los malos momentos. ¿Y los mejores recuerdos de estos diez años?

-Hay muchísimos buenos momentos. Cuando hago la visita pastoral te encuentras con el pueblo real. Es un pueblo enormemente cariñoso. El encuentro con el pueblo real para mi ha sido siempre una fuente de alegría. En esas visitas tiene una mención especial el encuentro con los niños, que siempre es una fiesta. Y con los jóvenes, les he llevado a la montaña, he esquiado con ellos, me han enseñado a bajar en piragua… Y escenas como la de Vesuvius. No son los únicos a los que he dado cobijo o he dedicado mis cartas semanales.

-Y bendijo a una princesa.

-Cuando estaban los Reyes y las dos niñas en la Santa Cueva, yo miraba especialmente a Leonor. Tengo su mirada grabada. Mi saludo al pie de la Basílica, cuando entraron nuevamente, tengo una foto ampliadísima en mi casa con Leonor. Me parece una niña inteligente, encantadora y con una sensibilidad religiosa que me llamó la atención. Apunta maneras.Su padre especialmente y la abuela yo creo que han tenido mucha influencia.

(…)

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