Jesús no tenía partido

LOS NOSTÁLGICOS del viejo orden teocrático insisten en lamentar que la Unión Europea se declare laica en su Tratado y legisle sin atender a los principios de la moral cristiana. Tienen el retrovisor y el parabrisas empañados.

Hay que recordar a los olvidadizos debeladores del laicismo que fueron precisamente los apologetas cristianos los que propusieron la teoría de la separación de Estado y Religión, entonces una novedad rompedora. Podría haber sido una de las grandes aportaciones del Cristianismo a la civilización occidental, si no cayeran después en la tentación diabólica del poder aceptando que la suya fuera declarada religión única y oficial del Imperio Romano. Creían posible servir a dos señores.

Muy pronto empezaron a traicionar sus ideales liberadores: los perseguidos pasaron a perseguidores, y se desató una ola de intolerancia sin parangón en la Antigüedad; de sembradores de la paz que les había dejado el Maestro antes de inmolarse y objetores al servicio de las armas, no dudaron en aceptarlo y hasta elaboraron la doctrina de la guerra justa; defensores antes de la igualdad de la mujer con el varón, la redujeron otra vez al gineceo … Y van de inventores de los derechos humanos.

En el fondo, lo que pretenden es que la religión cristiana sea el cemento de la unidad política que aspira a construir la UE. Pero este deseo parece más bien ideológico, porque el Evangelio es otra cosa que un programa para el gobierno de las sociedades terrenas. El Reino de Dios no llegará por las urnas.

No es Europa la que ha de volver a las raíces cristianas, sino los cristianos a la pureza de las enseñanzas del Crucificado. Las mediaciones temporales ensucian.

Profesor titular de Latín

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