Jesús de Nazaret no fue jefe de Estado, Soraya

La derecha ha criticado, a través de Soraya Sáenz de Santamaría –portavoz del Grupo Parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados-, que José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, no fuera a despedir a Benedicto XVI en su calidad de Jefe de Estado. ¿De qué Estado? ¿El Vaticano? ¡Menudo Estado! ¡Menuda ficción! Fue creado el 29 de febrero de 1929. Ese día la Santa Sede y el reino de Italia firmaron los Pactos Lateralenses.

Lo hicieron, en representación de Italia, Benito Mussolini, y en representación de la Santa Sede, el secretario de Estado del Sumo Pontífice, Pío XI, el cardenal Pietro Gasbarri. Hubo un triple acuerdo: tratado político, acuerdo financiero y Concordato. El catolicismo pasaba así a ser la religión oficial de Italia. Por eso, entre otras cosas, la palabra laicismo, o relativismo les saca de quicio a los monseñores y a sus séquitos entusiastas.

El hombre de la Providencia
En marzo de 1929, cuando se celebraron en Italia elecciones, Pío XI se convirtió en un propagandista del Partido Fascista. Exhortó a los italianos a votar sin escrúpulos al fascismo. Mussolini era, según dijera públicamente el representante de Dios en la tierra, “el hombre enviado a nosotros por la Providencia”. Poco después, Pío XI bendijo a las tropas italianas que invadieron y conquistaron Abisinia. La guerra colonial para consolidar el ansiado – por Mussolini- Imperio Italiano se desarrolló entre 1935-36. Cuando llegó la victoria, en abril de 1936, Pío XI mostró su satisfacción por la eficacia del ejército italiano. Murieron en esa guerra miles y miles de seres humanos. El siguiente capítulo bélico de la Italia fascista fue el apoyo militar al bando franquista en la guerra civil española. La aviación italiana bombardeó entonces, con especial saña, a la ciudad de Barcelona.

Sepulcros blanqueados
El Vaticano, casi un siglo después de su creación como Estado, continúa siendo un Estado basado en la teocracia y no precisamente en la democracia. Un Estado de pitiminí -machista sin complejos- que regenta un clérigo de muy alto grado, elegido por sus colegas y que es considerado como el sucesor de Jesús de Nazaret. No deja de ser paradójico, sarcástico o cínico que Jesús fuera juzgado y crucificado ante el temor por parte de la clase dominante de la época a que en verdad aspirara a ser el rey de los judíos. Hubiera podido serlo y no quiso serlo. Lo condenaron a muerte porque plantaba cara a la casta de los poderosos, a los que lapidaban a las mujeres adúlteras, a los que predicaban una cosa y hacían la contraria, a los escribas, los sacerdotes y los fariseos. Eran hipócritas, eran sepulcros blanqueados.

Pacifista practicante
Fustigaba a los que, viviendo en la opulencia, se olvidaban de los pobres y de los más débiles. No dijo nunca a sus discípulos que no debían casarse, no estaba obsesionado por la maldad del sexo y no minimizaba a las mujeres. Hablaba de las bienaventuranzas y eludía ser el profeta de todas las desgracias Fue un pacifista convencido y practicante, lo que le costó la vida. Y no fue jefe de Estado. ¿Está clara la cuestión de fondo, Soraya Sáenz de Santamaría?

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

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