‘Jesús cura la homofobia’

Las críticas a políticos y líderes evangélicos marcan la festiva Parada Gay de Sao Paulo

Siempre a medio camino entre la reivindicación y la fiesta, la Parada Gay de Sao Paulo vivió este domingo su decimonovena edición marcada por la polémica con políticos evangélicos y algunos pastores a los que el colectivo LGBT no considera sensibles con sus reivindicaciones.

«Jesús cura la homofobia», fue una de las proclamas más leídas en los carteles. Una instantánea de la agencia Reuters muestra a una joven semidesnuda y simulando ser crucificada bajo un cartel, «basta de homofobia», que resumía el sentir del público asistente.

En los últimos días, el siempre polarizado debate sobre los derechos la comunidad LGBT en Brasil vivió un nuevo episodio de tensión después de que el pastor Silas Malafaia, uno de los más ricos y poderosos de la Iglesia Evangélica, pidiese a sus feligreses que no comprasen perfumes de la marca O Boticario porque en un anuncio muestran a una pareja gay besándose.

El pastor, así como el diputado (y tambíen pastor) Marcos Feliciano y el presidente de la Cámara de los Diputados Eduardo Cunha, del PMDB, evangélico que no considera familia a las parejas homoafectivas, fueron los principales blancos de las críticas.

Los sectores más tolerantes de la iglesia evangélica también participaron de la marcha. Es el caso del padre que dijo «Jesús ama a todo el mundo, independientemente de la orientación sexual, el credo o la raza», dijo a EL MUNDO el pastor José Rounique, de la Comunidad Evangélica Familia Apostólica do Senhor.

La unión civil entre parejas del mismo sexo es legal en Brasil, pero los colectivos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) piden que lo sea también el matrimonio, punto que choca sobre todo con las fuerzas más conservadoras del Congreso, que en el caso de los evangélicos cuentan incluso con un lobby interno en el legislativo, formado por políticos de diversos partidos que se unen para defender la postura de su comunidad religiosa en los temas relacionados con la familia.

Los colectivos también apremiaron a la presidenta Dilma Rousseff para que sancione la ley que convierte la homofobia en crimen en un país con unas 300 víctimas mortales de la homofobia por año.

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