Jerarquía

Vaya con la jerarquía católica. Sólo nos faltaba que ahora nos diera clases de democracia.

Así, de repente, se vuelve defensora de una Constitución que nunca le ha gustado y de una democracia de la que siempre ha renegado porque su autoridad, la de la Iglesia, no le viene de los votos, sino de su línea directa con el dios en el que dice creer.

Por eso a su jefe lo votan aquellos cardenales que ha elegido él mismo. Un sentido muy particular de la democracia. Y todo eso con misterio, con humo blanco y humo negro, como en un cuento de hadas que encandila los telediarios, y con cargo vitalicio. Todo muy razonable y muy democrático.
Una jerarquía que prohíbe tener pensamientos y deseos de cierto tipo, aunque ellos sí los tienen; que predica la pobreza pero no la practica; defiende la castidad pero no la cumple. Dicen que venimos a este mundo a sufrir, pero ellos no sufren. Se quejan de este Gobierno pero aceptan que sufrague sus dietas y ponen la mano pedigüeña para, a renglón seguido, subirse al púlpito y condenar cualquier progreso, cualquier grado de libertad.
Les da igual la propagación del sida o la prole excesiva, condenan el preservativo. Les da igual la educación de la ciudadanía, condenan la sociedad laica. Les da igual las diferentes situaciones familiares, condenan todo lo que nos sea María, José y el niño, familia, por otra parte, especialmente corta y digamos confusa.
Se creen propietarios de una ética que manejan a su gusto y siempre tienen palabras gruesas en la boca; sacrilegio, apostasía, infierno, blasfemia, acusación. Hay muchas religiones, pero pocas tan excluyentes empeñadas en controlar todo y condenar a los disidentes, incluso quemándolos cuando han podido.
Nos apuntan de pequeñitos y luego no hay manera de borrarse de sus archivos sumándonos cuando las encuestas lo requieren. Y qué me dicen de las mujeres, las quieren vírgenes y sumisas, y no las incluyen en ningún rango de poder, ni obispas ni cardenalas, y no digamos Mama, por lo de Papa. Solo pueden llegar a monjitas, algunas amables, otras sargentos, pero un cero a la izquierda.
Con todo ese pedigrí, no nos hablen de democracia, por favor; no sigan manipulando la vida civil con argumentos falsos. Rectifiquen, añadan sentido común al asunto y dedíquense a sus seguidores, que menguan a pasos agigantados, por cierto. Dejen para el César lo que es del César, y respecto a dios, que cada uno se arregle con el suyo, si es que tiene.
*Arquitecto

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