Je suis… Pero… Laicismo no, gracias

No tengo duda de que la lucha final será entre todos esos monstruos y un frente imprescindible de tolerancia y defensa de lo laico,  a fin de conseguir que cada hombre y cada mujer de cualquier raza, religión o pensamiento, acepte libremente los valores de la república universal del respeto mutuo.

Pasada la doctrina de la cebada al rabo, comienzan ¡cómo no! los flujos y reflujos para que el río de emociones despertado por los asesinatos de París disuelva los remolinos y se calme. Ha abierto el fuego este Papa nuevo -alegre y populista, él- dándole un buen bofetón al nuevo testamento y no sé si a algún que otro evangelista  ¿Pero no habíamos quedado en lo de poner la otra mejilla? Pues parece que no. La madre no se le puede mentar ni al papa. No es de extrañar entonces que a gente mucho menos mansa se le suba la sangre a la cabeza y agarre un Kalhasnikov. ¡Si es que van provocando hombre! Y pasa lo que pasa… Con lo que les gustaba este Papa hasta a los de PODEMOS. Una pena

Chanzas aparte el tema es más que serio. Lo de menos es la demostración palpable de la enorme hipocresía social en torno a la muerte tan cara a la cultura mediterránea. No hay ciudadano privado o público que la palme y que no goce de sus 24 horas de periodo de gracia entre condolencias unánimes y panegíricos varios. Hasta lo más perverso de su conducta se llega a olvidar por un tiempo más o menos indeterminado aunque sin duda corto. En este caso la tropa clerical (cristiana, judía, musulmana o de cualquier otra teología) no parece que hayan perdido el tiempo o vayan a hacerlo. Condenar los atentados «de entrada» OUI… Pero que se incremente la oleada de Laicismo que se ha puesto en marcha… Ni de entrada ni de salida.

Rotundamente NO.

De manera que a los asesinados de París, después de estar un rato en el santoral «Je Suis» y pasear por el Panteón en olor de multitudes «Nous sommes tous», les espera más pronto que tarde una buena tunda desde todas las vertientes teológicas posibles y, sin duda, de alguna laica comprensiva con las reacciones ¿proporcionadas? al fenómeno de irrespetuosidad del mundo pagano de la sátira, siempre al servicio del maligno. Resumiendo: condolerse por el asesinato de unos periodistas y diseñadores irreverentes ¡sin duda!; pero que la herencia viva de esos mártires de la sátira (Su Charlie Hebdo) alcance hasta 7 millones de ejemplares de tirada e inicie un proceso universal que haga progresar el laicismo… Eso ya… Como que de ninguna manera.

Porque una cosa es predicar y otra su consecuencia. Tras la masacre, casi de inmediato, comenzaron las matizaciones sobre los límites de la sátira y toda expresión creativa que cuestione radicalmente las doctrinas teologicas del poder.  Eran alguno de los Je ne suis pas… que nos indicaban el camino de la prudencia imprescindible para la convivencia. Una actitud que no es otra cosa que la antesala del miedo. Sin duda que durante meses los límites necesarios de la información nos han protegido por fortuna del espectáculo macabro del degollamiento salvaje de cooperantes y periodistas ante las cámaras. Como al contrario y por desgracia,  la censura de siglos nos ha tratado de evitar el conocimiento critico de las salvajadas ejecutadas en nombre de Cristo o Ala por moros y cristianos. Han sido siempre un puñado de valientes quien en cada época ha roto esos «círculos virtuosos»  del control de la información por los poderosos. ¿Que hubiera sido de nosotros sin un Shakespeare, un Calderón o un Cervantes que nos diera a conocer la entraña profunda de la bestia que engendra el poder? Esa diferencia entre los límites de la información y la libertad de crítica de la sátira y la literatura es esencial para la democracia.

Ah, ya, que las guerra de civilizaciones viene desde cuando el Turco llego a las puertas de Viena. Y que a pesar que desde entonces todas las salvajadas «estan perdonadas», que nos dice Charlie Hebdo, la lucha continúa. De manera que la guerra de los mundos que parecía finalizada con la estrepitosa derrota del comunismo se ha «reseteado» Y como los anticristos de la segunda mitad del siglo XX (Marx, Lenin, Stalín y Mao Zhe Dong) ya no venden miedo ni camisetas no nos queda otra que reeditar a Solimán el Magnífico y poner al día la Guerra Santa en su versión Beta de Civilizaciones  para echar a temblar a la población, que por cierto desconoce el apoyo del Papado y del Rey francés Francisco I a la expansión otomana de aquella época por los enfrentamientos de poder en el mundo cristiano de entonces. Vamos, lo de siempre, para no variar.

Mas ahora, a nuestra escala Europea, ya han empezado los mamporros a diestro y siniestro. Doña Marine Le Pen, que no pierde ripio y está más que dispuesta a asumir el mando que Goebels dejo vacante por defunción forzosa,  ya reclama la suspensión inmediata de Shenguen entre otra estupendas medidas como la pena de muerte que es tanto como liquidar todo el proyecto europeo por la puesta de atrás de la seguridad. Esta buena señora, heredera política directa del Gobierno de Vichy (para los que flaqueen en memoria histórica: gobierno francés colaboracionista con los Nazis y  responsable directo, entre otras animaladas piadosas, de la deportación de niños judíos a Auswitchz ¡desde la edad de un año! para ser asesinados) alude a la «grandeur» y a los valores de la «Republique» para aromatizar su xenofobia y su racismo con un aire de pureza  cristiana y democrática como valores propios de su particular occidente con capital Paris. Vaya.

También el Primer Ministro francés Valls, con la portada del «Todo está perdonado» bajo el brazo se lo aplica al pie de la letra así mismo, anunciando la guerra contra el yihadismo como si de un nuevo Bush se tratase y mandando portaaviones de ultima generación a luchar «en las montañas y desiertos lejanos» que diría el inefable José María Aznar… Aquella foto del trío de la Azores que bendiciones nos trajo ¿Verdad? . Otro tanto nos anuncia en España el desgobierno de la nación y esta misma semana conoceremos el libro de recetas para limitar libertades previsto por nuestro iluminado Ministro del Interior como si lo que ya se lleva recortado hasta la fecha en derechos civiles no fuese suficiente. Y para animar más la fiesta va el Papa y suelta lo del «Schiaffo» que es como llaman al mamporro en italiano.  En resumen que en un par de días el «Je suis Charlie» ya está por las alcantarillas, y que el «Pero…» es tan enorme como el muro de las lamentaciones. Pasado el cortejo…Laicismo no, gracias

El terrorismo yihadista ha producido y producirá aun más dolor y mas muerte. Como todos los terrorismos,  incluidos los de estado que los ha habido y por desgracia aún los hay. Puestos a no olvidar, ahora hace 38 años que unos pistoleros fascistas asesinaron a los abogados de Atocha 55 con la misma saña y técnica criminal que los masacrados en el 10 del Boulevard Richard Lenoir.Y del 11-M aun queda tal recuerdo generacional que ahorra comentarios. Al fascismo, al fundamentalismo yihadista, y a todos los fanatismos, se les para con la palabra. Con la movilización pacífica de la sociedad y del estado democrático primero. Sin duda también con la acción represiva policial y militar. Porque el monopolio de la violencia la tiene el estado democrático, como nos recordaba Kelsen, y dispone de ellas legítimamente solo bajo la condición de serlo y de que sus decisiones emanen de la soberanía popular y no de ningún ente teológico. Del laicismo más absoluto.

No es agradable ver la perspectiva de un futuro de desolación y muerte para generaciones futuras. A la II República Española le negaron su defensa los que luego sufrieron sus consecuencias. Es bueno recordar que Francia e Inglaterra negaron las armas a la democracia española mientras que Alemania e Italia se las suministraban con cuerpos de ejército incluidos a los sublevados contra el régimen democrático. Tanto estropicio de la «vieja europa», tan supuestamente culta, moderna y democrática ella, en suelo español, para apenas un poco más tarde, enfrentarse en un conflicto que se llevo por delante a 46 millones de europeos. ¿Donde estaban entonces pues los protagonistas “buenos” de esta guerra de «civilizaciones» que eternamente reeditan algunos de este a oeste? ¿En que Ranking de salvajadas se situaba entonces nuestra «civilizacion judeo cristiana»? ¿Donde los unos y donde los otros «ismos» cuando el papa de Roma Pío XII bendecía los cañones nazis; las tropas mercenarias que engrosaban el ejército sublevado de Franco eran musulmanas, cruzando el estrecho, o la Iglesia española bendecía y participaba de un bando de una guerra civil por la que jamás ha pedido perdón? Y debería. En vez de hablar tanto y tan contradictoriamente sobre la vida humana.

Los espartanos no preguntaban cuantos eran los enemigos sino donde estaban, cuando marchaban hacia la batalla a fin de enfrentarse a ella con arrojó y valentía. Ahora es posible saber cuantos y quienes son nuestros adversarios: Los fundamentalismos, los fascismos, los nacionalismos, los racismos, las xenofobias, los fanatismos y los machismos son los siete jinetes del apocalipsis de nuestra época. Las autenticas pestes sociales modernas que es imprescindible erradicar si queremos tener un futuro para el género humano, aunque no es fácil conocer su posición exacta en nuestro «mapa mundi» social globalizado.

No, no se puede ser tolerante con ellos y las democracias no pueden permitírselos ni permitirlos. Pero combatiendo a todos. A todos y cada uno de ellos sin excepción. Y la primera condición para afrontar esa batalla por las libertades, recogida como derechos inalienables en la Declaración Universal de Los Derechos Humanos de 1948, es mantener una mayor democracia que es la base moral de nuestra ley y nuestro orden social. No tengo duda de que la lucha final será entre todos esos monstruos y un frente imprescindible de tolerancia y defensa de lo laico,  a fin de conseguir que cada hombre y cada mujer de cualquier raza, religión o pensamiento, acepte libremente los valores de la república universal del respeto mutuo. Y esa enormidad de tarea que ya lleva siglos; esas luchas, cívicas, sociales, educativas, políticas, policiales  y militares, no van a ser fáciles, seguro. Pero es por lo único que merecería la pena morir, o vivir…

Entre tanto, que la sátira y los creadores hagan su trabajo… Sin Peros.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...