Jabalíes y otros animales

Soy uno de esos jabalíes que dice Benedicto XVI .

Y a mucha honra. Prefiero ser un jabalí del laicismo que un cerdo pederasta. El jabalí es un animal noble, franco, valiente y esforzado, un héroe de nuestros bosques. Lo que no voy a ser nunca es el armiño muerto con el que él adorna su pío cuello, ni la hiena purpurada que blanquea dinero mafioso a través de la banca vaticana, ni el ave de presa que desde una parroquia sobrevuela niños y doncellas por el cielo de Internet eligiendo a su víctima con sagrada tranquilidad, ni la paloma de la infalibilidad que asiste a quienes ponen como ejemplo de vida a un Marcial Maciel , por citar un caso de acierto estruendoso.

Benedicto XVI no ha podido insultarnos a los millones de jabalíes laicos que somos en este país, aunque haya dicho textualmente que España es una "viña devastada por los jabalíes del laicismo". Una viña fue para ellos todo el orbe católico, según su nomenclatura imperialista, hasta no hace mucho, precisamente hasta que el laicismo alertó a la humanidad del engaño. Pero ellos siguen con esta mentalidad de que el mundo es la viña y ellos los vendimiadores y de que si no nos dejamos tocar y coger las uvas por sus sacrosantas manos, en realidad es porque nos hemos convertido en sacrílegos jabalíes. Pero lo que ha hecho el jabalí es alejar al zorro, ese animal cuya piel puede ir del blanco inmaculado hasta el rojo, pasando por el púrpura y el negro, no de la viña, sino del gallinero donde secularmente ha venido a cazar a tantos incautos e incautas. Gracias a los jabalíes el mundo lleva siglos luchando para liberarse de ciertos buitres, asnos, lobos y zorros consagrados. En muchos países se ha conseguido, gracias, entre otras cosas, a que la derecha ha entendido su papel, por ejemplo, en Francia, ejemplo de laicismo y país, sin embargo, al que la jerarquía católica no se atreve a insultar con expresiones como la comentada.

Como jabalí que soy del laicismo, propongo que se aplique de una vez la Constitución en España y libremos a los espacios públicos para siempre de la doctrina y la simbología de esos que tan caritativamente nos llaman jabalíes a los demás, y que se suprima la inmensa aportación de fondos que nuestro Estado les hace. Jabalí, sí, Benedicto, lo asumo, pero tonto, no.

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