Italia veta el aula islámica

El Gobierno prohíbe a un instituto atender el ultimátum de un grupo de musulmanes: sus hijos no irán al centro si no tienen una clase para ellos solos

Rodeado de una gran polémica, el Ministerio de Educación italiano ha prohibido el experimento de un instituto de Milán, que pensaba crear el próximo curso una clase integrada únicamente por alumnos musulmanes, aunque dentro del programa oficial, en la lengua nacional y con profesores del centro. Esta iniciativa había surgido como respuesta a las peticiones de varios padres egipcios, de ideas extremistas, que habían solicitado un aula separada para sus hijos, un grupo de 17 chicas y 3 chicos. De lo contrario, advirtieron, les sacarían del centro.

   «Constituir clases sólo con alumnos de la misma lengua, religión o cultura chocaría con los valores constitucionales de superación de las discriminaciones», ha replicado la nota del responsable escolar de la zona, espoleado por la ministra de Educación, Letizia Moratti, a la vista del revuelo organizado desde el pasado domingo.

   La dirección del instituto Gaetana Agnesi, que había defendido la propuesta como una vía alternativa para intentar la integración de estos alumnos, ha acogido la decisión con pesar. «¿Qué será de ellos?», se preguntaba ayer su director, Giovanni Gaglio. «Nuestra objetivo era asegurar a estos menores su derecho a la instrucción», alega. Diez profesores se habían presentado voluntarios para participar en la experiencia, al parecer con bastante ilusión.

Intervención de Magris

No obstante, eran muchos, variados e indignados los sectores que habían reclamado esta respuesta enérgica del Gobierno en los últimos días. Desde los comunistas, que denuncian un ?apartheid?, a la Liga Norte, de claras posturas xenófobas, pasando por la Iglesia. «Nada de clases-gueto en la escuela», clamó el diario de la Conferencia Episcopal italiana, mientras numerosos representantes eclesiásticos indicaban que el camino a seguir es el de «construir puentes, no islas». Algunos partidos reconocieron la buena intención del proyecto, pero el rechazo ha sido general.

   La intervención intelectual más contundente ha sido la del reciente premio Príncipe de Asturias de las Letras, el escritor Claudio Magris. «El pluralismo no consiste en una serie de mini-mundos cerrados en sí mismos e ignorantes el uno del otro, sino en encuentro y diálogo», ha escrito en un artículo. En su opinión, la idea es «una ofensa a todos, en primer lugar al Islam», que tendría que haber ido directamente a la papelera.

   El debate se ha enriquecido con el testimonio de los profesores de otro centro de Sicilia, un colegio fundado sólo para niños tunecinos en Mazara en 1981. Más de veinte años después, creen que ha sido un fracaso. «Ha creado un gueto terrible», aseguran. Ahora la tendencia es la integración, con 6 ó 7 niños extranjeros por aula, algo que en Sicilia se conoce muy bien, pues junto a Andalucía es el territorio más árabe de Europa. El cus-cus es un sabroso plato regional.

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