Italia: Política con sotana

De tal envergadura ha sido la injerencia de la Iglesia católica en el actual proceso electoral italiano, que en un reciente editorial el filósofo Eugenio Scalfari, fundador y exdirector del periódico La Repubblica, invitó al cardenal Camillo Ruini, expresidente de la Conferencia Episcopal de Italia (CEI) y para algunos el indiscutible “líder político” de los obispos italianos, a quitarse la sotana y lanzarse abiertamente a la arena de la política.

“Si el cardenal Ruini desea entrar en política, cosa que nadie le impediría, el camino es muy simple: deje sus encargos eclesiales y concurra a las elecciones con su propio partido o en algún otro. Esta solución tendría la ventaja de la transparencia, que sería preciosa tanto para un católico, como para un sacerdote”, escribió Scalfarí el pasado domingo 17 de febrero.

La provocadora invitación del exdirector de La Repubblica es sólo una de las múltiples críticas que comunistas, verdes, radicales e intelectuales de izquierda han lanzado contra la Santa Sede y la CEI debido a su frecuente injerencia política que, por cierto, no es nada nueva en este país.

La carta magna italiana es en parte responsable de ello debido a la ambigüedad con la que trata el tema de la laicidad del Estado. En su artículo 7 afirma que “el Estado y la Iglesia católica son, en su propio ámbito, independientes y soberanos”. Y agrega: “Las relaciones entre ellos serán regulados por los Pactos lateralenses (relativos a San Juan de Letrán)”.

El problema –hacen notar constitucionalistas– es que, al reconocer la existencia de dos Estados soberanos en un mismo territorio, la Constitución entra de inmediato en contradicción con el principio fundacional de la soberanía moderna que reconoce una sola e indivisible soberanía estatal.

Consciente de esta contradicción, la Corte Constitucional ha sancionado la laicidad del Estado italiano al declarar inconstitucionales los Pactos lateranenses o también conocido como Concordato.

La presencia del Estado vaticano en el corazón mismo de la capital italiana, así como la enorme influencia que tiene la Santa Sede y el universo católico en la política de este país, han terminado por hacer prácticamente imposible la aplicación de esta laicidad y otras sentencias de la Corte.

Política partidista

“No pueden recibir la absolución los católicos inscritos a partidos condenados por la Iglesia; el confesor puede absolver a un comunista si promete destruir su credencial de partido; éste no será absuelto si se obstina en profesar las ideas condenadas por la iglesia (…) el penitente que no es sincero con su confesor traiciona su conciencia y hace inválida, nula y sacrílega su confesión”, se lee en un desplegado de la Autoridad eclesiástica del 6 de junio de 1952.

El cardenal Camilo Ruini, en tiempos mucho más recientes, pidió a los legisladores católicos italianos votar en contra de la iniciativa de ley con la que el gobierno de centro izquierda intentaba reglamentar las relaciones de hecho y aquellas otras entre homosexuales.

La consigna del cardenal fue seguida a pie juntillas. El Parlamento ni siquiera discutió la iniciativa.

Este episodio es sólo un eslabón en la larga cadena de intromisiones políticas de la CEI y el Vaticano.

El divorcio y sobre todo el aborto –que, asegura la Iglesia, cuestiona la familia tradicional y la concepción misma de la vida– son desde hace años el blanco de sus ataques.

La CEI ha pedido a los médicos católicos que trabajan en hospitales públicos apelar a la objeción de conciencia para evitar la obligación de practicar el aborto.

Los métodos anticonceptivos, la práctica de la fecundación in vitro y la misma investigación científica en materia de células estaminales, son otros frentes abiertos por la Iglesia católica.

En el 2005, con motivo del referéndum abrogativo de la ley que impide la fecundación asistida y la investigación científica en materia de células estaminales, el cardenal Ruini invitó a los católicos italianos a no presentarse a las urnas para así hacer fracasar el referéndum, que requería de voto del 50% del electorado para ser válido. A las urnas, huelga decir, no se presentó más allá del 15% de los electores.

Ha sido una durísima derrota de la ciencia, afirmó el famoso neurofisiólogo Piergiorgio Strata, porque, dijo, “en favor del ‘sí’ se habían movilizado científicos de la talla de los Nobel Rita Levi Montalcini y Renato Dulbecco; del oncólogo Umberto Veronesi y muchos otros investigadores cuyas publicaciones pueden encontrarse en las revistas científicas internacionales de mayor impacto”.

Mensajes cifrados

Actualmente, debido no sólo a la disolución del Parlamento y al sucesivo llamado a elecciones anticipadas, sino sobre todo al nacimiento dos nuevas formaciones políticas –los partidos Demócrata (PD) y de la Libertad (PDL)– y las sustanciales modificaciones que esto ha comportado para la política italiana, el episcopado italiano ha vuelto a la carga.

“Es en el interés de los católicos, pero también de las fuerzas de centro derecha, que en esta coalición sea salvaguardada la presencia de un partido que se identifica totalmente con la doctrina social cristiana”, afirmó hace una semana por televisión Dino Boffo, director del periódico Avvenire, el medio de información oficial de la CEI.

Concertada seguramente con el alto mando de la Conferencia Episcopal, la afirmación de Boffo tenía dos destinatarios particularmente cercanos a la Iglesia católica: Pierferdinando Casini y Silvio Berlusconi, líderes respectivamente de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) y del nuevo Partido de la Libertad, que reagrupa a Forza Italia (FI), Alianza Nacional (AN), la Liga Norte y una serie de pequeños partidos de las más disímiles tendencias políticas.

A través de Boffo la CEI pidió a Casini, amigo íntimo de Ruini –“la primera persona que llamé al enterarme del nacimiento del PDL fue al cardenal Ruini”, declaró Casini–, no dejar la centro derecha y a Berlusconi aceptar al UDC, con su nombre, en la nueva organización: “si no abandonas tu sigla (nombre) quedas fuera del PDL”, fue el perentorio ultimátum de los “aliados” de Casini.

No pocos analistas interpretaron la petición y la presencia del director del Avvenire como un claro síntoma de la gran preocupación con la que la CEI y la Iglesia de Roma veían la perspectiva de perder a su principal representante dentro de la centro derecha, la coalición que, según la mayoría de las encuestas, se perfila como ganadora de las próximas elecciones.

“Esta bien que la Iglesia reivindique el derecho-deber de expresar su opinión sobre leyes o reglamentos éticamente sensibles (el aborto, el derecho a la vida, la familia). Dudo, sin embargo, que existan argumentos espirituales en favor de la salvaguarda de un partido cristiano dentro de la alianza de centro derecha”, comentó irónico el politólogo y conductor televisivo Gad Lerner.

Esta fue sólo una de las muchas críticas que recibió el polémico mensaje “cifrado” de Boffo, el cual no recogió los frutos que la CEI esperaba.

Berlusconi no aceptó que al UDC adhiriera al Partido de la Libertad con sus siglas. “Si FI y AN han abandonado su nombre, no vemos por qué el UDC no deba también hacerlo”, dijo el político-empresario al oficializar la ruptura con el partido católico.

Casini, por su parte, hizo saber a Berlusconi “que no todo en Italia está en venta” y que su partido, además de abandonar la centro derecha, correría solo en estas elecciones. Ese mismo día anunció que había aceptado ser el candidato del UDC a la Jefatura del Ejecutivo (a la Presidencia del Consejo de Ministros).

El cuarto polo

Las consecuencias de esta ruptura fueron traumáticas para los dos partidos. El UDC corre el peligro de no contar con un solo senador por el altísimo 8% de votos que exige el reglamento de esta Cámara.

El PDL, sin los católicos de la UDC y teniendo como pilares al partido-empresa Forza Iitalia, a los post fascistas de AN, a los fascistas de Alessandra Mussolini y al partido xenófobo y racista de la Liga Norte, ha terminado por convertirse en una organización fuertemente cargada hacia la derecha.

La nueva composición del Partido de la Libertad ha hecho que el Vaticano y la CEI comiencen a observar con particular interés los esfuerzos que hace Casini para constituir, con los también centristas de la Rosa Blanca y la Unión Demócratas pro Europa (UDEUR), el cuarto gran polo político italiano. PDL (derecha), PD (centro izquierda) y la Lista Arcoiris (izquierda radical) son los otros tres.

Hasta ahora ningún miembro del Episcopado ha expresado su apoyo a este gran proyecto, pero de completarse (el fuerte desprestigio del líder del UDEUR, sujeto a un proceso penal, dificulta la empresa) la CEI seguramente sostendrá este cuarto polo, de manera abierta o velada, no sólo porque estaría encabezado por Casini, el gran amigo de Ruini, sino porque la gran mayoría de sus miembros provienen del desaparecido partido demócrata cristiano.

Igualmente cercana a la iglesia católica está la lista “¿Aborto? No gracias”, creada por Giuliano Ferrara, director del periódico Il Foglio y una de las personas más cercanas al Vaticano. Ferrara organizó una manifestación en contra de los profesores y estudiantes que se opusieron a la visita del Papa a la Universidad de Roma. Esta lista tiene como único objetivo dar vida a una “moratoria” de la ley del aborto en Italia, esto es, pretende suspender su aplicación para así, afirman sus miembros, evaluar la conveniencia o no de mantenerla en vigor.

No obstante encontrar su inspiración en uno de los valores que Benedicto XVI ha definido como “no negociables” –la defensa de la vida, la lucha contra el aborto, la eutanasia, y la familia formada por un hombre y una mujer– la iniciativa no ha sido acogida con simpatía por todo el universo católico italiano.

“Es absurdo que la defensa de la vida sea colocada en el centro del debate político (…) Naturalmente nos oponemos al aborto, pero no nos convence el método usado por Ferrara. La política no es sólo el aborto, sino también la atención a la familia, al trabajo, a la inmigración y a la escuela”, afirmó Andrea Olivero, presidente de Acción Católica de Trabajadores Italianos (ACLI).

Berlusconi, que en un principio pareció apoyar al director del Il Foglio, muy pronto echó marcha atrás para evitar una indeseable colisión con las mujeres del ala liberal de su partido.

“A Giuliano Ferrara, que está envenenando el clima electoral, le digo que el próximo gobierno Berlusconi no tocará la actual ley del aborto”, sentenció Stefania Prestigiacomo, una de las mujeres más cercanas al líder de Forza Italia.

La negativa de Berlusconi, por cuanto políticamente razonable, planteó sin embargo una nueva ruptura por demás peligrosa no sólo por los vínculos de Ferrara con la Santa Sede y la CEI, sino porque a través de este personaje el líder del PDL pensaba recuperar al menos una parte del electorado católico que Casini se había llevado al dejar la coalición de centro derecha.

Berlusconi trató de evitarla ofreciendo a Ferrara no sólo llevar el tema del aborto a la ONU, sino la candidatura de su partido a la alcaldía de Roma.

El director de Il Foglio aceptó la propuesta a condición que su lista pudiera adherir al PDL de manera autónoma, esto es, en las condiciones que negadas al UDC. Su contrapropuesta no fue aceptada.

“En vista de que han decidido no colaborar con mi lista, pido tomar nota de mi indisponiblidad para aceptar la candidatura a alcalde de Roma”, escribió Ferrara en una misiva dirigida Gianfranco Fini, líder de AN y seguramente el principal responsable de esta negativa.

Vista la fallida alianza con el Parido de la Libertad, la pregunta obligada es ¿Ferrara se unirá al cuarto polo que está creando Casini? Para no pocos, la CEI tiene la última palabra.

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