Italia: Polémica por el uso del santo rosario y símbolos cristianos en política

Matteo Salvini, discípulo de Stephen K. Bannon, ex jefe de campaña de Trump y estratega del populismo global, ha usado también la imagen de san Juan Pablo II en campaña, además de remarcar su contraposición al pontificado de papa Francisco: “Mi papa es Benedicto XVI”.

Llueven las polémicas en Italia por el uso del “rosario” en la propaganda política. El primer ministro, Giuseppe Conte, anunció su renuncia y denunció la “inconsciencia religiosa” por parte de Matteo Salvini y su partido de extrema derecha, la Liga Norte. Un episodio observado con atención incluso desde el Vaticano, como muestra el editorial de hoy del periódico, L’Osservatore Romano, escrito por su director, Andrea Monda. 

Quien tenga tareas de responsabilidad debe evitar llevar símbolos religiosos a consignas políticas. Son episodios de inconsciencia religiosa, que corren el riesgo de ofender los sentimientos de los creyentes y al mismo tiempo oscurecer el principio de laicidad, un rasgo fundamental del Estado moderno”. Este es el pasaje del discurso de ayer del presidente del Consejo, Giuseppe Conte que según, Monda, “toca un punto crucial” no solo del momento político actual, sino también de una tendencia mundial, donde se mezcla simbolismo religioso y nacionalismo. 

“Vale la pena detenerse y pensar”

En el editorial vaticano, se cita el Evangelio pues “vale la pena detenerse a pensar”: “Cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos por los hombres”. (Mateo 6, 5).

Monda indicó que en política cuenta la coherencia entre lo que se dice y lo que hace, porque: “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo”, (Mateo 7, 21-23). 

El editorial vaticano invita a “hacer una autocrítica profunda” por parte de la política y de los políticos católicos, en particular por esa falta de escucha” del pueblo y sus necesidades.

“El cristianismo en particular es la religión basada en el dogma de la Encarnación, es decir, de un Dios que se hace hombre renunciando a su poder y que ya no pide la sangre de los hombres como en la antigüedad, sino que él mismo se hace carne y sangre, pan de cada día, alimento, para la vida cotidiana de cada ser humano”, escribe Monda.

Juan Pablo II: sana laicidad

Por su parte, el director de la Civiltá Cattolica, Antonio Spadaro, se mostró también sorprendido gratamente por la expresión usada por el ex primer ministro Conte sobre la inconsciencia religiosa y argumentó que “san Juan Pablo II hablaba de sana laicidad”.

Spadaro criticó el uso instrumental de rosarios y crucifijos, “imágenes muy queridas por los fieles, que son arrancadas de su contexto para ser servidas a la propaganda” y aplaudió las declaraciones de Conte en su intento de proteger sea la “consciencia de los fieles, sea la laicidad del Estado, que no es confesional”.

“San Juan Pablo II ha recordado en 1993 como el cristianismo ha reconocido desde sus inicios una sana laicidad de las estructuras de la sociedad civil, favoreciendo las fundamentales distinciones entre el orden temporal y el orden espiritual”, dijo Spadaro al diario italiano La Reppublica.

Matteo Salvini, discípulo de Stephen K. Bannon, ex jefe de campaña de Trump y estratega del populismo global, ha usado también la imagen de san Juan Pablo II en campaña política, además de remarcar su contraposición al pontificado de papa Francisco: “Mi papa es Benedicto XVI”, se leía en una camiseta vestida por el líder de la Liga Norte en las pasadas elecciones.

Responsabilidad política del cristianismo

Fanatismo y fundamentalismo aparecen como la otra cara de la medalla del gesto religioso de la política populista global. En efecto, un grupo de estudiosos y teólogos en Estados Unidos también denuncia esta especie de sincretismo cristiano conservador nacionalista que atiza el odio contra las minorías en el país. 

Así lo denuncian en una carta publicada en la revista de opinión católica más antigua de los Estados Unidos, Commonweal Magazine, y firmada, entre otros, por profesores de teología en varias universidades estadounidenses como Princeton, el Boston College y San Diego. En la revista se señala que la carta no es un editorial, sino solo una forma de pedir que los creyentes estadounidenses reflexionen “sobre sus responsabilidades políticas en estos tiempos inciertos”.

Expertos denuncian “peligrosas tendencias nacionalistas”

El texto expresa “tristeza” por la difusión, entre algunos fieles, de orientaciones contrarias al mensaje evangélico de amor y solidaridad hacia los otros, reemplazados por peligrosas tendencias nacionalistas: “Somos ortodoxos, católicos y protestantes; republicanos, demócratas e independientes. A pesar de nuestras diferencias confesionales y políticas, estamos unidos por la convicción de que hay cierta solidaridad política que es anatema para nuestra fe cristiana compartida”.

Después de advertir sobre las graves consecuencias que pueden surgir “de la alianza con un nacionalismo iliberal como en Alemania en los años treinta”, el texto subraya la necesidad de poner fin a los actos de violencia e intolerancia para que no se repitan situaciones similares. “Una vez más, leemos, estamos viendo cómo algunos demagogos demonizan a las minorías vulnerables, representándolas como plagas que debilitan a la nación y, por lo tanto, deben ser eliminadas”.

Una vez más estamos observando a otros cristianos plantearse fusionar su fe con las políticas nacionalistas y etno-nacionalistas para fortalecer su base cultural. Una vez más, las mayorías étnicas confunden su bloque político con el cristianismo mismo”.

La critica del Papa al nacionalismo

Cabe destacar, que en una nueva entrevista publicada el 9 de agosto, esta vez al diario italiano La Stampa, el Papa criticó el soberanismo que, indicó, se reduce a “una actitud de aislamiento”. El Papa manifestó su preocupación porque “escuchamos discursos que se parecen a los de Hitler en 1934. ‘Primero nosotros. Nosotros … nosotros … ‘: estos son pensamientos aterradores”. Francisco consideró que el “soberanismo es una exageración que siempre termina mal: conduce a guerras”.

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