Israel recibe y tramita cada año un millar de cartas dirigidas a Dios

Las epístolas terminan entre las grietas del Muro de las Lamentaciones Hay remitentes que piden una esposa o una varita para ser como Harry Potter

Que se sepa, Dios no tiene residencia en la Tierra ni apartado de correos ni buzón electrónico para atender los ruegos de la legión de creyentes. Sin embargo, cerca de un millar de cartas procedentes de todo el mundo llegan cada año a Israel dirigidas al altísimo. Remitidas "a Dios", al "rey de reyes", al "rey de los cielos", al "padre de Abraham" o a "Jesús", las cartas acaban siendo depositadas en las grietas del Muro de las Lamentaciones. Mucha gente cree que los deseos incrustados entre sus losas acaban cumpliéndose.
"La mayoría de las cartas las envía gente que tiene problemas, que se siente desgraciada o angustiada y busca la ayuda de un poder superior para resolverlos", afirma Yoav Yaniv, jefe del departamento de Correos encargado de encontrar el destinatario de la correspondencia mal remitida. Desde hace 11 años, Yaniv recoge y guarda las cartas a Dios en dos casilleros. En una, las cartas para Dios y el Muro de las Lamentaciones. En otra, las misivas enviadas a Jesús y a Santa Claus.
"Nos llegan de todo el mundo, pero últimamente, sobre todo, de la antigua URSS. Parece que con la libertad, los rusos han vuelto a la religión", afirma. Los cristianos son los más prolíficos, porque, según Yaniv, los judíos prefieren colocarlas personalmente en el muro. De vez en cuando también llegan epístolas de países mayoritariamente musulmanes como Indonesia y Malasia, pero nunca de árabes. "Supongo que ellos las mandan a Meca", apostilla.

EPÍSTOLAS ENTERRADAS
Amparado por la ley israelí, Yaniv ha abierto cientos de cartas para comprobar si su destino final debe ser el Muro de las Lamentaciones, el único vestigio del antiguo templo de Salomón, donde la curia israelita guardaba el Arca de la Alianza. Una o dos veces al año, Correos entrega las cartas al rabino del muro, que las deposita en sus grietas. Las viejas se retiran y son enterradas en un lugar sagrado, como manda la tradición judía.
Por el contenido de las misivas, Yaniv las clasifica en tres categorías. Unas piden "perdón por pecados graves, como herir a otros o haber robado". Otras, cosas materiales, "como un marido o una esposa, un coche nuevo, un trabajo o una casa". Las últimas, intercesión divina para curar enfermedades. También hay gente que le pide a Dios cosas delirantes, como una varita mágica para ser como Harry Potter o ayuda para conseguir llevarse a la cama a las estrellas de Hollywood.
Otras cartas son más emocionantes, como la de una mujer rusa que le pedía a Dios desconsolada que le devolviera a su novio, después de que este la hubiera plantado a los pies del altar. En cuanto a los hispanohablantes, "por lo general, solicitan buena salud y ayuda para solucionar los problemas del matrimonio", cuenta Yaniv mientras muestra el encabezamiento de una carta enviada en castellano desde Costa Rica. "Por favor, depositad esta carta en el Muro de los Lamentos. Gracias. Jerusalén. Israel", reza el remite.
A la pequeña oficina de Yaniv en Jerusalén también llegan cartas extraviadas. Cartas al rey Hussein de Jordania, a Nicolás Sarkozy o al "rey Sadam Hussein". Para el encargado de Correos, las más entrañables son las que envía un remitente egipcio a Moshe Dayan, el legendario general israelí fallecido hace 29 años. La última llegó hace dos años. Era una felicitación de Navidad: "Los mejores deseos para usted y su familia y también para el pueblo judío por ser la raza preferida de Dios".

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