Israel exige lealtad al «Estado judío» a personas de otra fe

El proyecto de ley afecta sobre todo a los palestinos que optan a la nacionalidad israelí

El Gobierno israelí ha aprobado un proyecto de ley que exige un juramento de lealtad al país como "Estado judío" a cualquier no judío que solicite la nacionalidad israelí, una medida que se dirige principalmente contra los palestinos de los territorios ocupados que contraen matrimonio con árabes del interior de Israel.

El proyecto, que apoyaron 22 ministros y al que se opusieron ocho, contó con el respaldo del primer ministro Binyamin Netanyahu y del titular de Exteriores, Avigdor Lieberman, quien ya se había pronunciado en este sentido durante la última campaña electoral. No hay duda de que se convertirá en ley muy pronto, pues hay una amplia mayoría que respalda la iniciativa en el Parlamento, que debe ahora aprobar la enmienda.

El juramento se requerirá a cualquier extranjero no judío que quiera obtener la nacionalidad, a quien se le exigirá explícitamente lealtad al "Estado judío y democrático" de Israel. Netanyahu insistió en que Israel es un Estado democrático para todos sus habitantes, incluidos los no judíos, algo que cuestionan numerosas organizaciones de derechos humanos locales y extranjeras.

Artistas e intelectuales denuncian la conversión de Israel a un Estado "fascista"

"El Gobierno de Israel obedece a Israel Es Nuestra Casa y a su doctrina fascista", dijo el diputado árabe Ahmed Tibi en alusión al partido de Lieberman que muchos consideran racista. "Ningún otro Estado en el mundo forzaría a sus ciudadanos, o a aquellos que buscan la nacionalidad, a mostrar lealtad a una ideología", añadió.

Artistas, profesores e intelectuales judíos se manifestaron en Tel Aviv para protestar contra el proyecto de ley. El profesor Yaron Ezraji declaró que Israel se está convirtiendo en un Estado "fascista".

Por otra parte, el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que efectúa una gira por la región junto con su colega francés, Bernard Kouchner, manifestó que todas las partes en conflicto desean la paz. Moratinos se reunió con los dirigentes israelíes y mañana se reunirá con los palestinos.


Agencia Efe

 

El Gobierno israelí aprobó hoy someter a votación en el Parlamento una polémica enmienda por la que cualquier persona no judía que se nacionalice israelí deberá jurar lealtad al país como "estado judío y democrático".

La enmienda, promovida por el ministro de Exteriores, el ultraderechista Avigdor Lieberman, y apadrinada por el primer ministro, Benjamín Netanyahu, fue aprobada en la sesión semanal del Gobierno israelí por 22 votos a favor y 8 en contra.

Los únicos que se opusieron fueron los seis ministros del Partido Laborista, y los del Likud Dan Meridor y Beni Begin.

Netanyahu comenzó la reunión pidiendo el voto favorable de todos los ministros porque la enmienda, dijo, "es la esencia del sionismo".

"No hay otra democracia en Oriente Medio y no hay otro estado judío en todo el mundo. Esta es la base de nuestra existencia y todo aquel que quiera ser parte de nosotros debe reconocerlo", afirmó.

En su presentación de la llamada "Enmienda a la Ley de Nacionalización", el jefe del Ejecutivo consideró que "nadie puede darnos lecciones morales sobre democracia e ilustración" y remitió a los escritos de los padres fundadores del sionismo, Teodoro Herzl y David Ben Gurión, para justificar el carácter judío, pero democrático, del Estado de Israel.

El cambio a dicha ley consiste en que, de ser aprobada por el legislativo, toda persona que solicite en el futuro la ciudadanía israelí fuera de la Ley del Retorno (la que permite que cualquier persona en cualquier parte del mundo con al menos un abuelo judío pueda establecerse en Israel y obtener la ciudadanía israelí) deberá jurar lealtad a Israel "como Estado judío y democrático".

Debido a que sólo quienes tienen al menos un abuelo judío pueden acogerse al derecho de Retorno, que les otorga la ciudadanía de manera automática, la declaración es vista como discriminatoria.

La enmienda afectará en la práctica a varias decenas de miles de personas al año, la mitad de ellos palestinos de Cisjordania y Gaza que contraen matrimonio con los llamados árabes-israelíes, también palestinos pero que quedaron dentro de las fronteras reconocidas de Israel a partir de 1948 y tienen por tanto ciudadanía israelí.

Conocido por sus iniciativas para minimizar la presencia árabe en Israel, que presentó abiertamente ante la Asamblea de la ONU hace nueve días, Lieberman dijo antes de entrar en la reunión que esta ley "determinará si seremos o no un Estado judío" en el futuro.

El jefe de la diplomacia israelí también aseguró que "éste es sólo el comienzo" mientras que el líder del Partido Shas y ministro del Interior, Eli Yishai, reveló que ya tiene preparado otro proyecto de ley para despojar de la ciudadanía y de cualquier derecho a "traidores" que "colaboren con organizaciones terroristas como (la palestina) Hamás y (la libanesa) Hizbulá".

La enmienda, que ha desatado una grave polémica en la opinión pública, es vista por los principales comentaristas como un "caramelo" a Lieberman en momentos en que Netanyahu necesita su apoyo para una nueva moratoria en la construcción en las colonias judías en Cisjordania y frenar con ello el desplome del diálogo de paz con los palestinos que comenzó el 2 de septiembre.

Aún así, en el seno del Partido Laborista se ha abierto una nueva crisis entre el ala progresista y la conservadora, que sigue los pasos del ministro de Defensa, Ehud Barak.

Tras zigzaguear toda la semana sobre si daría su apoyo a la enmienda, Barak exigió hoy que se introdujera al polémico juramento una cláusula que explicara que la lealtad "al Estado judío y democrático" se demandaba "según el espíritu de la Declaración de Independencia" y que fue rechazada por la mayoría de los ministros.

El diputado Eitan Cabel, del ala renovadora, exhortó a los ministros Avishai Braverman e Isaac Herzog, en una carta personal de la que dan cuenta hoy los medios locales, a dimitir del gobierno y dejar de "esconderse detrás de Barak".

Herzog respondió que la "cuerda" que mantiene atado al Laborismo al Ejecutivo de Netanyahu son las negociaciones de paz con los palestinos y que mientras éstas tengan posibilidad de salir adelante conviene seguir en él. 

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