Islamismo contra laicismo, Turquía como ejemplo

La bomba ha sido Egipto, pero ya hace tiempo se podía prever, no la alianza de civilizaciones, pero si el choque de culturas, que iba a ocurrir en los países musulmanes ante el auge del islamismo religioso y su intervención en la política y la visceral antidemocracia, nacida de sus fundamentalistas creencias religiosas. Cierto es, que no es lo mismo para sunnies que para chiitas, pero en el fondo así tenía que terminar la primavera árabe, vigilada de cerca por los colosos Turquía  e Irán. Las ansias de democracia y de libertad juegan contra el apartheid de la mujer, la pertinacia del velo y de las costumbres ancestrales, casi medievales que perviven en esos países.
 
     Así escribía yo en 2011:   ¿Por qué todo el mundo y sus medios de comunicación hablan de la primavera árabe, con referencia a las revoluciones de plaza pública y manifestaciones de Egipto o Túnez, a las incipientes de Marruecos o Argel o a las matanzas de Siria o Yemen?.Excluyo voluntariamente a Libia, pues es un problema diferente. Todos piensan, que se trata de alcanzar una mayor democracia contra  los dictadores que han detentado el poder, durante cuarenta años algunos de ellos, cuando la realidad es que a todos  les ha cogido por sorpresa, entre otras cosas porque el pan, la gasolina, el maíz, los abonos etc es decir las "commodities" han más que doblado de precio, en el mercado internacional, ante la demanda de los países industrializados  emergentes, sobre todo los BRIC, Brasil, Rusia, China e India que tienen dinero para pagarlos y que comen por fin, tres veces al día, lógicamente los no emergentes no lo tienen, y han comenzado a pasar HAMBRE. Y es el hambre lo que empuja a las masas de la plaza Tahrir, además de que el régimen de Morsi se estaba volviendo progresivamente islamista, como disimuladamente lo ha hecho Erdogan en Turquía, donde los revolucionarios de la otra gran plaza , la Taksim han comenzado a poner en duda su islamismo moderado y comenzado a recordar al gran padre de la patria turca Kemal Ataturk, que a principios del S.XX hizo justo lo contrario, invadiendo de laicismo una sociedad otomana dormida, el despertar de ese gran país, solo recientemente, que  se ha revelado, industrioso y febril en los últimos veinte años.
 
     Soy testigo presencial, pues durante estos últimos veinte años, he residido una semana cada año en Estambul, la ciudad más maravillosa del mundo, sobre todo en invierno, cuando no hay turistas y puedo visitar a placer mi personal icono en el "Arkeoloji Muzeleri" normalmente olvidado por las masas, en el que en una sección especial reposan los túmulos de la necrópolis de Sidón, traídos por el director del museo, del que destaca la llamada tumba de Alejandro Magno, en realidad del rey Abdalonides, nombrado por este al oponerse a la entrada de sus generales con sus caballos en el jardín real, asombrado les preguntó ¿era el rey? Y la respuesta fue, no, era el jardinero, que no quería que destrozáramos algo cuidado con tanto amor y Alejandro le nombró Rey de Sidón y en su recuerdo un magnifico túmulo, encontrado  en 1887. El monumental sepulcro, realizado en mármol pentélico por un desconocido, aunque  gran escultor heleno del S. IV antes de Cristo, muestra en su perímetro escenas de la vida del gran rey: cazando, luchando contra los persas. Tiene cuatro paneles que muestran la escena de caza, macedonios y persas y animales salvajes juntos, con la ayuda de perros. Algunos macedonios se representan en  desnudez heroica, en los paneles restantes Sarcófago de Alejandro, los macedonios y persas están luchando entre sí. Los compañeros de caballería macedonia se visten a diferencia de los soldados de a pie, y en uno de los paneles, el escultor talló una magnifica figura del rey macedonio Alejandro Magno montado en su caballo Buchephales. Todo ello albergado en un inmenso templo griego clásico, sin columnas, pero con techo que es en realidad la tapa del sarcófago. Ese es mi icono personal, que me ha permitido disfrutar de la abigarrada multitud y el magnífico panorama de la Roma de Oriente, plagada de mezquitas de Sinán y destacando santa Sofía, el Cuerno de oro y el Bósforo, revelando algo del esplendor del Bizancio para siempre perdido para la religión ortodoxa.
 
        Ya me malicié yo hace años, que el Erdogán, que lucía en la enseña de su partido una bombilla eléctrica, venia con intenciones de islamizar un país que parecía haber pasado pagina, controlado por un  ejército laico de viejos generales. La democracia le facilitó el acceso, pero también lo ha hecho a otros regímenes que acaban mostrando su verdadera faz totalitaria. Encima, en las puertas de Europa, con millones de turcos viviendo en Alemania y con deseo de entrar en la UE, a la vez que es el flanco oriental de la OTAN. La plaza Taksim mil veces visitada, la zona europea de la avenida Istiqlal, todas ellas ardiendo en revolución, aparentemente por la urbanización de un parque público. No creo, hay algo más profundo en las protestas y es el terror a perder la libertad y al Hambre. Así, pues, escribe Nasama Ben Ali, periodista amiga: nos encontramos con el choque de ideas y de valores, que la clase media urbana, cultivada y europeísta, opone a los sectores de la Turquía profunda, marcada por la huella de la visión religiosa islamista. Turquía, además, es un país de más de setenta y dos millones de habitantes con una pirámide de población joven, de la que muchos sectores, se han enfrentado a la represión policial defendiendo una visión moderna del país y unos modos de vida a los que no parecen dispuestos a renunciar a causa de la islamización programada por Erdogan.
 
      Parecen oponerse el estilo de una vida urbana de vocación cosmopolita al carácter visiblemente autoritario de ejercer el poder por parte de Erdogan concretado en una serie de hechos como la detención de la disidencia política, las restricciones reaccionarias al consumo del alcohol, la edificación de grandes mezquitas como modo de presión ejercido contra la laicidad, el control de la prensa mediante el acoso a muchos periodistas y, finalmente, la represión violenta de las manifestaciones de las últimas semanas. En el fondo, bulle el miedo que las clases medias urbanas, profesionales, trabajadores y amplios sectores de la juventud tienen al cambio que la agenda de Erdogan contempla para convertir a la república laica en un Estado islamizado, donde las leyes civiles sean suplantadas por el imperio de la Sharia.  A pesar de los triunfos del primer ministro sobre el ejército de tradición kemalista, no hay que perder la perspectiva, porque las fuerzas armadas siguen siendo el bastión de carácter fuertemente nacionalista, autoritario y laicista en Turquía. No es probable, que se pueda plantear un golpe, teledirigido y controlado por la cúpula del ejército, pero tendríamos que preguntarnos qué podría ocurrir cuando, a la vuelta de las elecciones que tendrán lugar en 2015, Erdogan intente  revalidar su mandato presentándose al cargo de Presidente de la República con la clara intención de convertirse en el refundador del Estado turco. Una cosa está clara, los modos autoritarios no son privativos del primer ministro y, por otra parte, Turquía es un Estado democrático que hace aflorar  actitudes e ideas que no tienen por qué ser democráticas, es decir, inherentemente liberales. El país se encuentra bloqueado por una serie de contradicciones, confuso por determinadas paradojas relacionadas con la UE y lastrado por un islamismo que pueden dar al traste con el desarrollo de una cultura propia de una sociedad abierta. ¿Cuál será el desenlace?. Eso digo yo. Mal Asunto.

Bernardo Rabassa

Archivos de imagen relacionados

  • Bernardo Rabassa
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...