Islam de puertas abiertas

El Centre Islàmic Camí de la Pau celebra una semana de puertas abiertas. El acto inaugural contó ayer con la presencia del vicepresidente Carod-Rovira y el cónsul de Pakistán en Barcelona.

Se celebra en el Centre Islàmic Camí de la Pau la tercera semana anual de puertas abiertas. Sito en el corazón del Raval y orientado a la comunidad paquistaní, el centro, cuya cara visible y diríamos que mediática es la de Muhammad Iqbal, lleva una amplia y notable actividad de acercamiento religioso y vecinal.
Y puestos a hacerlo bien, inauguran la semana con invitados de postín. Junto al cónsul general del Pakistán, el señor Hussain Syed Ayad, tuvimos y escuchamos ayer a un vicepresidente de la Generalitat: Josep Lluís Carod-Rovira.
Antes de que llegase, calentaban el ambiente otras figuras políticas permanentemente ligadas al concepto financiación: Àngel Colom y Josep Maria Sala. El actual secretario de formación y ciudadanía del PSC, consolaba a un miembro del centro islámico sobre alguna petición administrativa: «Tranquilo, que estamos mirando los permisos en Madrid». Ay, el viejo fatalismo árabe y el centralismo imperial son el auténtico mestizaje hispánico. «Inshalla», ojalá, debía pensar resignado el hombre.
Buena asistencia. Catalanes de origen, catalanes del gobierno, un señor con una kipá judía, musulmanes piadosos y niños ecuménicamente traviesos. Llega la hora de la oración y suena por megafonía el almúedano: «Haiya‘ala as-Salâh» (venid de prisa a la oración). Cuando ya ha finalizado el rito nos llega la noticia de la llegada de Carod-Rovira. Le sacan dos ramos de flores y le ponen una alfombra roja que Carod pisa con nostalgia.
«Bismallah al rahman al rahim» en el nombre de Dios el clemente, el misericordioso. Así comenzó Muhammad Iqbal su parlamento en catalán quien, fiel a su estilo, coló con buena cintura, alguna reivindicación para su comunidad.
Y Carod se marca un párrafo en urdu: «Shukriya. Salam aleiukum» (Gracias. La paz sea con ustedes). El vicepresidente filólogo alabó la convivencia entre comunidades y religiones como algo propio del país y dijo una frase que, tal como anda revuelta la fiscalía estos días, uno no supo cómo interpretar: «En Catalunya somos enemigos de los juicios maniqueos».
Carod animó a los presentes a construir «un islam a la catalana: abierto y convivencial» Para concluir remató: «El islam no nos puede ser extraño». Y bien seguro que las puertas abiertas del Centre Islàmic Cami de la Pau le dan la razón. Otra cosa es que nuestro recelo y nuestra voluntaria ignorancia no nos lleven a traspasar ese umbral. y eso, más que un error sería una estupidez.

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