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Una participante en la manifestación de este sábado en Barcelona en solidaridad con las mujeres de Irán. / Zowy Voeten

[Irán] Dos meses después, ¿hacia dónde van las protestas de Irán?

Con cerca de 300 muertos a causa de la represión de la república islámica, las manifestaciones continúan pero sin un destino claro

Por otro, el pasado viernes, en Teherán, decenas de miles en la calle, con hombres separados de mujeres —todas cubiertas con el hiyab reglamentario—, banderas iranís al aire y ambiente de oficialidad. ‘Abajo EEUU’, decían los letreros y carteles en la manifestación. Detrás de ellos, miembros del Gobierno iraní, simpatizantes. La República Islámica celebraba, a modo de muestra de fuerza ante las protestas, el cuadragésimo tercer aniversario de la toma de la embajada de los Estados Unidos en Teherán durante la Revolución Islámica de 1979.

Como hace 43 años, el país persa vive sumido en protestas que recorren todo su territorio. Esa ola, la del siglo XX, triunfó: de ella nació la República Islámica de los ayatolás, que instauraron su régimen de clérigos contra el que ahora luchan miles de jóvenes iranís. “Irán fue liberada hace 43 años y no quiere volver al yugo de EEUU. No seremos nunca más vacas a las que ordeñar”, dijo el presidente iraní, Ebrahim Raisí. El Gobierno de Irán culpa a EEUU -y a Israel- de las protestas actuales. Los paralelismos, sin embargo, entre 1979 y 2022 son pocos.

“Por supuesto, las protestas actuales podrían ser el principio del final de la República Islámica –escribe Cornelius Abebahr, experto miembro del think tank internacional Carnegie-. Pero para que esto pase, se necesitaría no solo que las manifestaciones sobreviviesen a la brutalidad en aumento, sino que se convirtiesen en un movimiento organizado en torno a un programa que vaya más allá del eslogan ‘muerte al dictador’ y que tenga estructuras de liderazgo”. 

“Mientras que los revolucionarios islámicos de 1979 podían apoyarse en su red de mezquitas y clérigos dentro del país, no hay nada parecido en la actualidad que pueda ayudar a canalizar y dirigir los protestantes“, considera Abebahr.

Una represión en aumento

Enfrente, además, los protestantes tienen a un Gobierno dispuesto a todo para sobrevivir. Y con experiencia en ello: en sus 43 años de historia, la República Islámica ya reprimió con éxito grandes olas de protesta en 1999, 2009, 2017 y 2019. La actual, sin embargo, es mucho más transversal y masiva que todas las anteriores.

Y las cifras desde la muerte a mediados de septiembre de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral aumentan exponencialmente. Desde entonces, según recuentos independientes -las autoridades no cifran las muertes-, cerca de 300 manifestantes han fallecido a manos de la brutalidad policial y de los basijs, el cuerpo paramilitar encargado de reprimir las protestas. De los muertos, un mínimo de 47 son menores de edad, según la agencia de noticias HRANA, creada por activistas favorables a las protestas. Habría más de 14.000 detenidos y cientos de desaparecidos.

Ni un paso atrás

“Con su aparente desdén por la vida humana, el régimen iraní ha dejado claro que no está dispuesto a llevar a cabo ningún tipo de reforma ni conceder ante las demandas de la gente“, explica Abebahr. “Es más, los responsables de la brutal represión policial tienen sus espaldas contra la pared porque saben que, mientras las muertes aumentan, su única forma de mantenerse en pie será derrotando a los protestantes”.

Esta es la lección que los regímenes autoritarios de todo el mundo -desde China hasta Siria, Venezuela y la propia Irán- sacaron de la caída de la Unión Soviética, que perdió las ganas de matar para sobrevivir con la liberalización y apertura de su último líder, Mijaíl Gorbachov. La URSS acabaría desmoronándose en 1991.

“Por alentadoras que puedan ser las imágenes de las protestas persistentes en Irán -considera Abebahr-, parece que el camino para llegar a la realización de los sueños democráticos y las esperanzas de la generación de jóvenes persas actual es aún muy largo”.

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