Investigadores denuncian que la UCAM trata de apropiarse del Instituto de Desarrollo Agrario y Alimentario

Las aguas bajan revueltas en el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA). El centro, que ahora dirige Juana Mulero, se quedará a final de año con poco más de la mitad del personal por la finalización de contratos, lo que tiene en pie de guerra a los investigadores y trabajadores, que también denuncian que la UCAM está tratando de apropiarse de este instituto. Los investigadores sienten que su trabajo está siendo paralizado por Mulero, exprofesora de la UCAM, y temen que la Universidad Católica de Murcia “fagocite”, a la larga, el IMIDA, un organismo público que atiende las necesidades de innovación tecnológica del sector agrícola y ganadero regional.

En diciembre de 2012, la UCAM y la Comunidad Autónoma, a través del IMIDA, firmaron un convenio marco de colaboración, en materia de investigación, y formación en grado, máster y doctorado. El acuerdo tiene como principal finalidad el intercambio científico y la asesoría entre ambas instituciones, de forma particular en las actividades relacionadas con la docencia, la investigación y la gestión y transferencia de resultados de la actividad investigadora. Entre los puntos concretos que recoge el convenio destaca la colaboración y desarrollo de proyectos de investigación científica y técnica, en los que pueden participar estudiantes de doctorando de la institución universitaria, a través del desarrollo de trabajos de investigación como parte de su tesis doctoral; el intercambio de investigadores, o el asesoramiento científico-técnico y académico.

El instituto perderá en dos meses a casi la mitad de sus investigadores, personal interino que cumple contrato, lo que ha sumido a los técnicos del centro en una gran inquietud porque ven en peligro no solo los proyectos, sino también la calidad del trabajo que realizan.

Hay otra circunstancia que agrava la situación del IMIDA, pues desde la última remodelación de la estructura de la Consejería de Agua, Agricultura y Medio Ambiente, este organismo autónomo no cuenta con un director presencial a tiempo completo, sino que depende de la dirección general de Innovación Agroalimentaria. La titular de este departamento, Juana Mulero Cánovas, doctora en Biología por la UMU y exprofesora de la UCAM “viene dos o tres veces por semana y desconoce la dinámica del IMIDA, lo que se traduce en la ralentización del trabajo que desarrollamos”, afirman empleados del centro. Estas mismas personas critican que la directora “nos dé cita a diez, quince, o dieciocho días para recibirnos, hay una lista para hablar con ella, algo que no es operativo”.

La Comunidad Autónoma rechaza que la nueva organización del IMIDA esté perjudicando su funcionamiento: “La gestión no ha sufrido ningún retraso respecto a los plazos establecidos para la solicitud de proyectos, presupuestos, convocatoria de órganos asesores y de dirección del centro, así como para la realización del contrato programa del mismo para el próximo años”, asegura un portavoz de la Consejería.

La Consejería admite que “el número de investigadores funcionarios del IMIDA no es elevado, frutos sobre todo de la situación económica actual, pero esto es un denominador común en muchas otras instituciones”.

Situación de la plantilla

La situación es la siguiente: de los 58 investigadores del grupo A1 (doctores y licenciados), 19 forman parte del grupo Funcionario Interino Temporal (FIT) – los que terminan el 31 de diciembre-, 9 tienen contrato temporal y los otros cuatro son becarios. Y de los 26 funcionarios, 4 de ellos se jubilarán entre lo que queda de este año y 2016. Investigadores del grupo A2 (ingenieros técnicos), personal de apoyo y mantenimiento y de administración completan una nómina de 176 empleados, 74 de ellos eventuales.

Para que el IMIDA no se quede en cuadro es importante conseguir más fondos europeos FEDER, que sustentan los proyectos que concluyen próximamente, pero esta fórmula no es la solución, se lamentan los investigadores de plantilla. Para ellos, “el único remedio es hacer más personal funcionario o laboral para alcanzar la masa crítica mínima de plantilla que permita formar equipos competitivos”.

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