Investigado un sacerdote por el secuestro en 1983 de una ciudadana vaticana menor de edad

La fiscalía de Roma sospecha que colaboró en el rapto y la desaparición de Emanuela Orlandi

Monseñor Pietro Vergari, exrector de una iglesia de Roma, está siendo investigado. La fiscalía de la capital sospecha que el eclesiástico colaboró en el secuestro y desaparición de Emanuela Orlandi, una ciudadana vaticana, que se esfumó en pleno centro de Roma el 22 de junio de 1983, cuando era menor de edad.

Veintinueve años después del suceso y justo una semana después de que la fiscalía ordenase abrir la tumba de Enrico De Pedis, un bandido sepultado en la basílica de Sant'Apollinare, a pocos metros de Piazza Navona de Roma, se ha revelado la existencia de un primer investigado eclesiástico por el caso. “Se trata de un acto debido”, han explicado los magistrados que llevan el sumario, en referencia a que, frente a una sospecha, el interesado debe saber por ley, como máximo seis meses después de abrirle un sumario, que le investigan. Significa, pues, que las sospechas eran anteriores a la apertura de la tumba

Una tarde de junio de 1983 la joven, que estudiaba música en una sala adyacente a la basílica, fue invitada, por alguien supuestamente conocido, a subir a un coche y desde entonces se ignora su paradero. Se dijo que había sido la mafia, o los ultraderechistas turcos de los Lobos Grises o una organización de trata de blancas.

Escándalo del banco del Papa

En aquellos años, se había desvelado un escándalo mayúsculo sobre el Instituto para las Obras de Religión (IOR), corrientemente conocido como banco del Papa, razón por la que su director, monseñor Paul Marcinkus, fue buscado por la magistratura italiana, con una orden de arresto. Según filtraciones oficiosas, alguna mafia italiana reclamaba al monseñor, a través del Banco Ambrosiano, del que el Ior era ilegalmente el principal accionista, la devolución de unas inversiones. Pero poco tiempo antes del secuestro de la joven dicho banco había sido declarado en quiebra por el gobierno de Roma de la época. Se explicó, pero no ha sido nunca probado, que el secuestro de la chica habría constituido una forma de presión sobre el Vaticano para que devolviera la inversión.

Desde entonces, se han producido varias supuestas revelaciones sobre el paradero de la chica. Una de ellas fue realizada durante un programa de televisión llamado Chi l'ha visto (Quien le ha visto), cuyo marca fue comprada sucesivamente en España y dirigida por Paco Lobatón. En el 2005, durante una de las transmisiones, un anónimo telespectador dijo por teléfono que “respecto al caso, ir a ver quien está sepultado en la cripta de la basílica de Sant'Apollinare y del favor que Renatino hizo en la época al cardenal Poletti.

Renatino era Renato De Pedis, un miembro de una banda criminal que en aquellos años “controlaba” la mala vida de Roma. Ugo Poletti era el cardenal vicario del Papa en Roma, actualmente difunto. De Pedis fue asesinado (1990) en una callejuela poco distante de la basílica e inexplicablemente sepultado en ella. El rector del templo hasta 1991, monseñor Pietro Vergari, explica en su portal de Internet que “algún tiempo después de su muerte y para encontrar un poco de serenidad, visto el clamor que la prensa había dado al caso y visto que (De Pedis) había expresado el deseo de ser enterrado en una de las antiguas cámaras mortuorias abandonadas”. Con la autorización del cardenal Poletti, el bandido fue sepultado, pues, en una de las tumbas de la cripta. El entonces párroco explica que De Pedis le “había ayudado mucho a preparar los comedores que yo organizaba para los pobres”. O sea, era un benefactor de la iglesia.

La tumba del bandido-benefactor

Durante estos años, la familia de la joven, cuyo padre fallecido era un bedel del Vaticano, ha solicitado con insistencia la colaboración de la Santa Sede en las investigaciones sobre el paradero de la chica. Poco antes de que el pasado lunes se abriera la tumba del bandido-benefactor, con el visto bueno del Vaticano, el portavoz del papa, el padre Federico Lombardi, había dicho que “el Vaticano no tiene nada que ocultar sobre este caso”.

Se ignora cual ha sido el éxito de la apertura de la tumba, a excepción del hecho que en la misma había solo el cadáver del bandido “en bastante buen estado de conservación”, según dijeron los investigadores, y ningún indicio sobre Emanuela Orlandi, como algunos esperaban. Al menos eso se dijo oficiosamente esta semana, a pesar de que en el acta judicial levantada consta que en la zona de la tumba había "numerosos otros" restos humanos. Pero se trataría, según fuentes oficiosas, de personas muertas en el siglo XVII.

En los primeros tiempos del secuestro, las investigaciones se enmarañaron ya que Mehmed Ali Agca, el joven turco que disparó a Juan Pablo II en 1981, dijo conocer el paradero de Orlandi, aunque la pista no llevó a ninguna parte. Por aquel secuestro hasta hoy resultaban investigadas tres personas, todas ellas pertenecientes a la banda criminal de la que formaba parte De Pedis. Hasta que en la noche del viernes se ha sabido que el entonces rector de la iglesia, también está siendo investigado, por “supuesto secuestro de persona, con el agravante de ser una menor y la muerte de la misma”.

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