Intervención de Eugenio Piñero en la mesa redonda “El Estado Laico: un reto inaplazable”, celebrada en Valencia

Buenas tardes, lo primero dar las gracias a la Universitat de València, por organizar este acto y a Raquel Ortiz, coordinadora de Valencia Laica por invitarme a participar en esta mesa de debate.

        Mi intervención se ocupará de la laicidad en el ámbito educativo, como pilar fundamental para la construcción de un Estado laico, Estado del que todavía, creo que no descubro nada, estamos muy alejados. Intentaré, por un lado, clarificar el estado actual de la laicidad en la enseñanza preuniversitaria, para terminar mi intervención con las reivindicaciones de Europa Laica en este asunto.

        Pero antes quisiera tratar brevemente algunas cuestiones previas  con el fin de evitar confusiones y malos entendidos. La primera, y absolutamente fundamental para entender todo lo demás, “qué significa ser laicista”.

        Los que defendemos el laicismo apostamos por una sociedad en la que la ciudadanía viva en libertad, una ciudadanía que sea capaz de tomar decisiones y actuar de forma responsable; apostamos por una sociedad en la que cada persona pueda decidir de forma autónoma y racional cómo gestionar sus proyectos personales de vida. Y esto solo es posible si se presupone la libertad de conciencia y de pensamiento de esas mismas personas que han de tomar decisiones en el presente, pensando en su futuro. Y el laicismo es esto: la defensa de la libertad de conciencia y de pensamiento como requisito básico para la vida digna de las personas y el desarrollo de sus proyectos vitales. El laicismo contiene, por tanto, un ideal emancipador para los seres humanos.

        Como es de suponer,  la libertad de conciencia no es bien tolerada por grupos o sectores sociales que ven una seria amenaza en esa capacidad crítica derivada del librepensamiento; que la ven una amenaza contra los privilegios sociales (políticos y económicos) que disfrutan precisamente por su ideología o creencias. De ahí que defiendan el adoctrinamiento de las conciencias con las ideologías que más les convienen. Contra esto, las personas laicistas tenemos la obligación moral de reivindicar un marco legislativo que acabe con estos privilegios  ideológicos o religiosos, cuyas leyes impidan que estos grupos sociales puedan imponer sus ideas y creencias al resto de la sociedad. Por eso, defendemos el Estado laico, un Estado democrático, cuyas instituciones públicas tienen que ser neutrales ante la diversidad de opiniones  y creencias religiosas de la sociedad civil. El Estado tiene que ser neutral, neutral pero  vigilante (ojo, no todo vale, no defendemos el relativismo, ni actitudes o ideologías contrarias a los derechos básicos de las personas) El Estado laico es el único que puede garantizar el libre ejercicio del pensamiento y la conciencia.

        Y eso es el Estado laico y no otra cosa:  el conjunto de instituciones públicas que se mantienen al margen de las ideologías y creencias particulares, y que legislan para todos los ciudadanos y ciudadanas sin privilegiar ni discriminar ningún colectivo en particular, garantizando en todo momento el derecho fundamental a la libertad de conciencia. Lamentablemente no es nuestro Estado.

        Que el Estado español está muy lejos de ser laico (estrictamente aconfesional) puede observarse en multitud de ámbitos, algunos de los cuales serán abordados por los demás ponentes. Yo me voy a centrar en el educativo.

        El ejercicio libre de la conciencia y del pensamiento surge de manera natural y espontánea en el individuo, pero se puede reprimir o todo lo contrario, se puede cultivar desde edades tempranas.  Solo se  puede aprender a pensar de manera autónoma y responsable cuando el aprendizaje está libre de dogmas y adoctrinamientos. Las ciencias, la filosofía y otros saberes racionales son los únicos que pueden desarrollar la actitud crítica y racional de los niños y niñas y de los  adolescentes. Por el contrario, los dogmas de fe son propios de cada individuo, personales, particulares, y si se transmiten de generación en generación es solo gracias al adoctrinamiento religioso, al margen de la razón.

        La Escuela (en un sentido amplio) de las sociedades modernas es la institución social encargada de formar a los futuros ciudadanos, tanto en lo relativo a la adquisición de conocimientos relacionados con el conjunto de saberes como en lo relativo a los valores que deberán poner en juego en la convivencia ciudadana. Una sociedad democrática debe aspirar a formar personas libres y capaces de usar su razón de manera autónoma, para aceptar o rechazar críticamente las ideas que les ofrece su entorno cultural. El  filósofo Kant llamaba a esa capacidad “la mayoría de edad de la razón”; y aplicada al ámbito de los saberes y de la convivencia conduce al progreso científico y moral de la sociedad. La Escuela de las sociedades democráticas debe favorecer el pensamiento racional y crítico, y debe desterrar de todas sus instancias y niveles educativos el adoctrinamiento religioso, tenga este el barniz que tenga (católico, musulmán, evangélico, judío, etc.). Por lo tanto, la Escuela Laica, libre de dogmas religiosos, es la única Escuela que puede garantizar una formación integral de las personas, de los futuros ciudadanos de una sociedad democrática, racional y crítica. Y en ella no tiene cabida la Religión.

        Sin embargo, en nuestro sistema educativo la Religión católica está presente en todas las etapas educativas preuniversitarias disfrutando además de un estatus privilegiado frente a las materias científicas o o de corte racional y/o filosófico (y hay intentos firmes por parte de las autoridades autonómicas para que la religión musulmana y otras también ocupen su espacio dentro de la Escuela, como el intento de fallido de Almassora, Segorbe y Altura, o en Crevillent)

        El marco legal general que permite esta situación se asienta sobre la Constitución española de 1978, en su artículo 27 que reconoce el derecho a la creación de colegios privados (art, 27, apdo 6) y el derecho de los padres a elegir la formación religiosa para sus hijos (art. 27, apdo3); el acuerdo entre el Estado español y la Sente sede de 1979 en materia educativa que obliga a que la enseñanza de la Religión católica se dé en condiciones similares a las demás materias fundamentales; la Ley de Libertad Religiosa de 1980, que otorga el derecho a recibir adoctrinamiento religioso en el sistema educativo; los acuerdos de cooperación del Estado con las comunidades musulmanas, israelitas y evangélicas de 1992, que otorgan a estas religiones los mismo privilegios que ya tenía la Religión católica; la LOE, que equipara a los catequistas que imparten Religión en el sistema educativo con el profesorado interino; y, por último, la LOMCE, de 2013, que amplia la Religión a todos los niveles educativos preuniversitarios, y obliga a que cuente en la media para entrar en la universidad y permite conciertos con centros educativos que segregan al alumnado por sexo (en su inmensa mayoría ultracatólicos) .

        Para radiografiar el grado de penetración actual de la Religión en el sistema educativo conviene recordar algunos datos e informaciones:

– Alrededor del 30% de los colegios e institutos del Estado español son concertados y de ellos el 60% está en manos de la Iglesia Católica.

– Más del 62% del alumnado preuniversitario  está recibiendo adoctrinamiento católico en la escuela (fuente conferencia episcopal), más del 80% según Europa Laica

– La factura de los colegios religiosos concertados, los sueldos de catequistas en la escuela y seminarios menores asciende a 5.800 millones anuales (Europa Laica). Dinero que sale de las arcas públicas y representa la mitad del dinero que recibe la Iglesia Católica por todos los conceptos (Restauración patrimonio, capellanes en hospitales, IRPF, etc.): 12000 millones de euros. Así se entiende por qué la I. Católica  libra una batalla sin cuartel para seguir anclada al ámbito educativo.

– La Iglesia Católica es propietaria de numerosas universidades (Deusto, Navara, CEU, Univ. Católica, etc.) y Facultades de Teología, Escuelas y Colegios universitarias, cuyo coste es muy difícil de calcular por una falta total de transparencia en todo lo relativo a la Iglesia católica (Europa Laica, 2017).

– En la Comunidad Valenciana, hay contratados 1087 catequistas católicos entre primaria y secundaria y bachillerato con un coste mínimo de 30 millones de euros anuales.(Conselleria de Educación)

– La Religión católica está presente en todas las etapas preuniversitarias. En 1º de Bach, Religión cuenta con 3 horas semanales y en 2º de Bach se imparten 4 horas. Cuenta para la media de Bachillerato a todos los efectos (entrar en la universidad)

– Los Profesorado/catequistas de Religión son nombrados “a dedo” por la diócesis (certificado de idoneidad). Ni oposición, ni bolsa pública de empleo. A efectos económicos equiparados al profesorado funcionario.

        Podría dar más datos, pero con esto es suficiente para entender que estamos muy lejos de disfrutar de una Escuela laica. Y las últimas propuestas de nuestros gobiernos (autonómico y central) no nos inducen al optimismo. El laicismo mal entendido de la Conselleria de educación que quiere ampliar el privilegio de la presencia de la Iglesia católica en el sistema educativo a alguna confesión religiosa más, lejos de solucionar el problema de los privilegios, lo acrecienta. Ampliar el grupo de los privilegiados no elimina los privilegios, los hace más fuertes. Es obvio para todo el mundo, aunque parece que no para algunos políticos, que la Escuela multiconfesional no expulsa el adoctrinamiento de sus aulas; al contrario, lo refuerza.

        Por otro lado, las tímidas declaraciones de la Ministra de Educación sobre el posible nuevo estatus de la Religión en el sistema educativo suponen una versión muy descafeinada de las intenciones originales. El nuevo gobierno central ha pasado de defender la expulsión de la Religión del sistema educativo a considerarla una optativa no evaluable. Es decir, que la propuesta más reciente nos devolvería al estatus de la Religión anterior a la aparición de la LOMCE. Volvemos a la casilla de salida. En cualquier caso, la intención de derogar esta regresiva ley educativa, que es la LOMCE, que todos los grupos parlamentarios anunciaron en su momento, ha quedado en nada y parece que tendremos LOMCE y Religión para largo.

        La propuesta de Europa Laica para una Escuela Laica puede resumirse en una frase: Religión fuera de la Escuela. Tan sencillo como eso. El adoctrinamiento religioso debe quedar fuera del ámbito escolar; nada más… y nada menos. Queremos que se hagan las reformas legislativas necesarias para conseguir una igualdad efectiva entre las personas, independientemente de su ideología o actitud religiosa (monoteísmo, politeísmo, ateísmo, agnosticismo, etc.). Y esas reformas van desde cambios en la Constitución hasta la propuesta de una nueva Ley Educativa, pasando por la derogación de los Acuerdos con la Santa Sede y anulación de acuerdos con otras confesiones, la derogación de la Ley de libertad religiosa y propuesta de una Ley de libertad de conciencia, revertir la inmensa mayoría de los conciertos educativos, prioritario los conciertos con colegios segregadores, y la creación de una red educativa pública potente, laica y de calidad…

        La tarea no es sencilla, pero la sociedad, cada vez más secularizada, comienza a ser receptiva a estas propuestas y cada vez se oyen más opiniones a favor de la Escuela Laica. Quizás falte más pedagogía, explicar que el laicismo no está contra las religiones, sino contra los privilegios, que el laicismo no impone ninguna ideología en particular, solo pretende universalizar la libertad ideológica y de creencias.

        Hay quien dice que de todas estas propuestas, se puede hacer bien poco. Yo creo que se puede hacer mucho. La ciudadanía tiene en su mano una herramienta muy útil para cambiar la realidad política en favor de una sociedad más libre e igualitaria. Se llama participación democrática. De todos modos, aun cuando se siga pensando que lo que se puede hacer es muy poco, no caigamos por ello en el error de no hacer nada. Hagamos ese poco, y con eso posiblemente estemos dando ya unos cuantos pasos que nos acerquen a ese deseado Estado laico.

Eugenio Piñero Almendros

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