Insultarás a tu prójimo

Todo empezó con la publicación del manual Educando en la diversidad: orientación sexual e identidad de género de las aulas, editado por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual de Chile (Movilh), distribuido en las escuelas de ese país como material de consulta para docentes y alumnos. La Iglesia católica puso el grito en el cielo y respondió con su propio libro: Homosexualidad juvenil: orientaciones educativo-pastorales, presentado en público con la presencia del presidente del Área de Educación de la Conferencia Episcopal de Chile, monseñor Carlos Pellegrin. La publicación dice que la homosexualidad es “un desequilibrio y una desviación” y la compara con el sadismo, el masoquismo, la pedofilia y la bestialidad. Dice también que “la actividad homosexual impide la propia realización y felicidad porque es contraria a la sabiduría creadora de Dios” y que “el acto homosexual es pobre y empobrece a quien lo realiza”, y acusa a los gays de narcisistas, pecadores y desviados, cuyos actos “desordenados” no pueden recibir aprobación alguna.

EL REPUDIO. “La Iglesia tiene todo el derecho de publicar un libro y educar a quienes estime conveniente, pero educación no es sinónimo de promoción del odio, de engaños y de acusaciones ofensivas y gratuitas, que es lo que contiene este libro”, le dijo a este diario Rolando Jiménez, presidente del Movilh, y agregó que las comparaciones realizadas por la publicación eclesiástica “son homofobia pura que sólo sirve para dañar y generar desarmonía social”. Por su parte, el reconocido escritor chileno Pablo Simonetti dijo a Crítica de la Argentina que “la oposición de la Iglesia a considerar la homosexualidad como una expresión más de la naturaleza humana suena a paranoia. Me recuerda a cuando condenaron a Galileo y a Darwin”.

–Después pidieron perdón…

–La Iglesia tuvo la desfachatez de vanagloriarse por haberles levantado la condena, como una muestra de modernidad, cuatro siglos más tarde en un caso, más de un siglo en el otro.

–¿Qué efectos produce la publicación de este tipo de discursos?

–Con esta actitud, y contando con el aborregamiento de las clases políticas, la Iglesia condena a millones de niños y jóvenes al sufrimiento de sentirse culpables, y priva a otros tantos millones del derecho de llevar adelante sus relaciones íntimas dentro de un marco legal que les permita vivir con dignidad y con el respeto de sus Estados. Si todos estos problemas fueran sólo una discusión al interior de los palacios vaticanos, no habría problema y ni me tomaría el trabajo de opinar. Pero mientras haya personas que sufran vergüenza, rechazo, miedo, desazón, persecución e incluso la muerte, por esta falta de honestidad intelectual, habrá que batallar contra ese temor clerical a la diferencia.

LA DEFENSA. Javier Díaz es miembro del Equipo de Evangelización y Catequesis de la Inspectoría Salesiana de Chile y uno de los responsables del libro. Consultado por este diario, defendió la publicación.

–¿Qué dice el libro con relación a la homosexualidad?

–Que la ciencia no ha llegado a una respuesta tajante sobre su origen, pero desde el punto de vista cristiano la homosexualidad no está en línea con el plan de Dios. Es una de las distorsiones que son consecuencia del pecado original.

–El libro dice que la Biblia condena la homosexualidad. ¿En qué pasajes?

–En varios, por ejemplo: en el Levítico, 18:22.

–Allí dice: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”, pero también dice que es abominación comer animales de mar o de río que no tengan aletas o escamas y que la mujer es inmunda luego de dar a luz y debe purificarse sacrificando un cordero. ¿Ustedes les dan el mismo valor a todos esos pasajes?

–No, porque la Iglesia recurre a principios de interpretación para saber cómo debe hacerse la hermenéutica de la Biblia. También en la carta a los Corintios dice que quienes cometan adulterio, los homosexuales y esas personas que cometen atrocidades no pueden entrar al cielo.

–¿Dice “los homosexuales”? Esa palabra no existía cuando se escribió la Biblia…

–No está la palabra, pero en las distintas versiones de la Biblia se gira en torno a la homosexualidad tal como la conocemos.

–¿Qué dice, concretamente?

–Aquí no tengo una Biblia a mano. Pero hay un plan de Dios propuesto desde el Génesis: varón y mujer. El sufrimiento del hombre y la muerte son consecuencia del pecado.

–¿Qué orientación le da a un adolescente que le dice que es gay?

–Primero, no poner etiquetas. Hay que ver qué situaciones está viviendo, qué relación tiene con la figura paterna o materna y si su identificación homosexual no es una moda para ser aceptado en el grupo. Pero si alguien es homosexual, no hay que menospreciarlo.

–¿Usted piensa que los adolescentes son más aceptados en su grupo si son homosexuales?

–En Chile hay grupos que promueven que se sea bisexual, y el muchacho que no lo es, es un tonto.

–El libro dice que la homosexualidad es un “desequilibrio” y la compara con la pedofilia y el bestialismo. ¿Cómo puede decir que usted no menosprecia a los homosexuales?

–Ese párrafo está, pero en el contexto de lo que dice la Sagrada Escritura. En la naturaleza existe un desorden que explica desde la muerte hasta la enfermedad. Son cosas que no deberíamos vivir, como las guerras, la enfermedad, el ateísmo…

–¿Qué relación hay entre la guerra y la homosexualidad?

–La relación es que hay un orden establecido por Dios, pero el hombre, en su egoísmo, vive como si ese orden no existiera. Las guerras surgen porque se olvida la fraternidad, así como olvidamos que el sentido de la sexualidad está ordenado de forma heterosexual.

–¿Qué sentiría usted si fuera homosexual y leyera su libro?

–Me sentiría contento, porque por fin soy valorado como persona y no por mi sexualidad, y el libro me dice que soy hijo de Dios y que las dificultades que estoy sintiendo, así como uso lentes, si tienen una relación con los crímenes, los asesinatos o la pornografía es porque como seres humanos estamos dañados.

–No entiendo lo que dice. En principio, explíqueme lo de los lentes…

–Yo soy miope y eso es algo que no debería vivir; está presente porque el plan de Dios se ha desvirtuado, así como otras personas están enfermas o han muerto.

–¿Ser homosexual es como usar lentes, estar enfermo o morirse?

–La cuestión de fondo es que hay algo que no debería existir. Hay personas a las que se les ha tergiversado el desarrollo normal hacia la heterosexualidad, así como mi vista está dañada y así como todos morimos.

CAUSA Y CONSECUENCIA. El final del diálogo es sobre causas y consecuencias. El cronista dice que hay chicos que se suicidan por este tipo de discursos, que hay familias que rechazan a sus hijos por las enseñanzas de la Iglesia y personas que ejercen violencia contra los gays por considerarlos desviados o pecadores, como los califica su libro. Díaz sostiene que no se puede responsabilizar a la Iglesia por eso, ya que ellos no comulgan con la violencia ni promueven la discriminación. El cronista le repite lo que dice su libro y le pregunta si eso no es discriminación. El diálogo se repite varias veces, con distintas palabras. Díaz dice que no. Son dos idiomas que no se entienden.

La periodista chilena Pilar Pezoa lo explica mejor: “Monseñor Pellegrin jamás se ensuciaría las manos pegándole a una ‘loca’ en la calle. Responderían que cómo se me ocurre que ellos harían o apoyarían vulgaridades o crímenes como esos. Pero la próxima vez que un brutal e indignado heterosexual decida insultar, golpear o hasta matar a un gay, ya no sólo podrá decir que lo hace porque él no soporta a los anormales y a los desviados, sino que hay autoridades religiosas y seculares, gente con cargos y poder, que piensan más o menos lo mismo que él”.

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