Instrucciones previas

Por fin lo he hecho. Ha sido doloroso pero necesario. No resulta agradable contestar ciertas preguntas pero no queda otro remedio que pasar por este amargo trago para evitar que unos talibanes en nombre de un respeto o unas ideas que no comparto hagan conmigo lo que jamás desearía. En su día escribí un artículo sobre el repugnante circo mediático en el que se convirtió la muerte de Terry Schiavo. Todavía permanece en nuestra memoria la lucha de Ramón Sampedro o los gritos que Lucas S., el pentapléjico vallisoletano, daba en su blog. Aquel «eutanasiarme cuanto antes» incapaz de ablandar el corazón de los iluminados. Insisto, por fin lo he hecho: he inscrito mi testamento vital. El documento de instrucciones previas se refiere al escrito por el que un ciudadano manifiesta anticipadamente su voluntad -con objeto de que esta se cumpla en el momento que no sea capaz de expresarse personalmente- sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de sus órganos. Es un primer paso en espera de que se regule de una vez por todas una ley para que nadie añada sufrimiento innecesario al ya insoportable sufrimiento de algunos enfermos. Un derecho que muchos exigimos. Un derecho, que no una obligación. Al igual que la vida.
Por cierto, coincide todo esto con la utilización bastarda del gol de Iniesta en el Mundial por parte de la Conferencia Episcopal en su campaña contra la eutanasia. En ella se ve a un anciano parapléjico que se emociona mientras escucha el gol. Lo han colgado en Internet y subtitulado en inglés para que llegue a todo el mundo bajo el eslogan 'Tu vida es tuya pero no te pertenece'. Por cierto, a pesar de la parafernalia de Internet y del subtitulado, supongo que el anuncio solo irá dedicado a los enfermos españoles. A un enfermo holandés, después de tres finales perdidas, no creo que le entren más ganas de alargar su terrible agonía viendo a Iniesta meter el jodido gol. En fin, no es lo de la anterior campaña del lince pero se acerca peligrosamente.
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